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Notas

Otro retroceso en la vuelta de Cobos a la UCR

El silencio del radicalismo orgánico ante la embestida del kirchnerismo apichonó al vicepresidente, quien otra vez duda sobre su regreso. Los que ganan y los que pierden en Mendoza por culpa del internismo de los radicales.

“Por ahora no voy a volver a la UCR”, les dijo Julio Cobos a la marea de periodistas que fue a buscarlo el viernes en la noche a la entrada del predio de Junín donde se realizó la Fiesta de la Vendimia departamental. La realidad había cambiado para él en apenas 15 días. El 30 de diciembre, en un brindis de fin de año realizado en el propio comité Provincia del radicalismo, el mismo vicepresidente había anticipado que retornaría al partido del que lo expulsaron en “cuestión de días”. No más de 30, precisó, poniéndole expectativa al congreso que realizará el partido opositor a principios de febrero.

La vuelta de Cobos a la UCR es a esta altura un culebrón. Los capítulos se escriben día a día, incluso hora por hora. No se sabe el final y la trama tiene demasiadas vueltas. Por caso, el capítulo de la última semana reflejó un Cobos jugando el papel de víctima de su propio partido.

Cristina lo sacudió como nunca, por el armado de una reunión de bloques del Senado para estudiar el decreto de remoción de Martín Redrado de su cargo de presidente del Banco Central. Lo trató de conspirador por ese gesto. Lo ligó a los "fondos buitres". (En la foto, una campaña callejera presuntamente oficialista donde Cobos es tratado de golpista).

El escudero de la Presidenta, el jefe de gabinete Aníbal Fernández, puso al mendocino en la piel de una galería de villanos y personajes viles. “Cobos Iscariote”, fue la analogía más dura que se le ocurrió lanzar.

Cleto está acostumbrado a sacar provecho de este tipo de ataques: en silencio, se victimiza, se muestra como un “hombre común” y gana puntos en las encuestas. Pero esta vez sintió algo más. El vicepresidente esperaba una reacción espontánea del partido que, dicen, lo quiere como candidato a presidente de la Nación. Y esa reacción en defensa del candidato no se produjo, al menos de manera inmediata y en la dimensión que el propio Cobos esperaba.

“Está dolido”, fue la frase que más repitieron en el cobismo en estos días. Jornadas en las que Cobos se recluyó en un inusual encierro en su casa (la de la Sexta Sección), sin ni siquiera salir a saludar el paso de los vehículos del Dakar.

El resultado de sus cavilaciones fue un retroceso en el viejo plan de retorno a la UCR. Otro periodo de dudas sobre las conveniencias del camino a seguir. Sombras, de nuevo, sobre las verdaderas chances que tiene de llegar a 2011 como candidato presidencial, al menos con el radicalismo encolumnado detrás suyo.

Cobos hoy sigue afuera de la UCR y eso es una realidad incontrastable. Aunque todo puede cambiar en el próximo capítulo, y eso también en una realidad.

Los que llamaron y los que no. Un Cobos particularmente sensible a los gestos de sus correligionarios contó esta semana los llamados radicales que recibió y los que no, después de que el kirchnerismo renovara una embestida que busca otra vez convertirlo en el peor de los demonios de la política nacional.

Oscar Aguad, el jefe del bloque de diputados nacionales de la UCR, lo respaldó rápidamente. Pablo Verani, vicepresidente segundo del radicalismo, también. Pero estos eran llamados previsibles: ambos son radicales claramente identificados con Cobos.

En cambio, ninguna declaración de apoyo pleno a su favor hubo por parte del emblemático Ricardo Alfonsín, por ejemplo. Y peor aún: a pesar de ser mendocino, tampoco se manifestó de manera contundente Ernesto Sanz, quien hoy ocupa el máximo cargo institucional del radicalismo. Además, el presidente de la UCR ya había salido a neutralizar de manera fuerte, antes de que explotara la crisis del Banco Central, una vaga expresión de deseos de Cobos acerca de la disputa electoral de 2011: competir con Néstor Kirchner en esos comicios.

“Sanz está muy tironeado”, dicen quienes no quieren criticarlo abiertamente en la UCR. Y los que tironean del lado contrario a Cobos son dirigentes como Gerardo Morales, jefe del bloque de senadores nacionales de la UCR y ex presidente del partido.

El jujeño Morales siempre ha estado muy lejos de Cobos y en estos días sacó a relucir un juego casi personal: le ofreció al kirchnerismo una suerte de pacto para facilitar la salida de Redrado desde el BCRA a cambio de que el oficialismo aceptara discutir el pago de la deuda pública en el Congreso.

La propuesta generó una nueva minicrisis en el seno del acuerdo cívico y social, ya que Elisa Carrió aclaró (como era de esperar) que no le cabe ningún pacto con el kirchnerismo. ¿Alguien le preguntó en el medio al presidente del Senado qué opinaba al respecto? No parece haber ocurrido esto.

A Cobos, este bando del radicalismo le aclara, cada vez que puede, que su candidatura presidencial en 2011 depende de muchas cosas. El último en decirlo fue el propio hijo de Raúl Alfonsín, quien en la agonía de esta semana admitió que él mismo no rechazaría tan digno desafío, si se lo ofrecen. No sin antes intentar aclarar su postura con una frase que oscurece todo. "Si hoy fueran las elecciones no tendría dudas" de impulsar la candidatura presidencial de Julio Cobos, pero aclaró que "todavía faltan dos años".

El internismo que mata o fortalece a los radicales de Mendoza. “No es contra Cobos, lo que pasa es que el radicalismo es así”, razonan aquellos cobistas que tratan de tomar un poco de distancia de la pelea para sacar algunas conclusiones.

¿Y cómo es el radicalismo? Internista, rosquero, revanchista; un partido generador de divisiones que a veces lo ponen cerca del colapso y en riesgo de perder oportunidades.

Pero los que ganan puntos y protagonismo cuando el radicalismo se crispa son, precisamente, los ex radicales, los que se fueron con Cobos cuando lo echaron y que siempre le ofrecen el humilde refugio del CONFE para recobrar fuerzas y avanzar en un proyecto político que, por otra parte, sigue siendo bastante híbrido e indefinido, por cierto.

“Nuestro partido es Cobos”, dice Juan Carlos Jaliff, presidente del CONFE, para dejar en claro quiénes son los dirigentes que van a responderle siempre, sin vacilaciones ni piedras en la rueda. Y para explicar, de paso, por qué esa estructura partidaria se mantiene con vida a pesar de la movida reunificadora de la UCR.

Estertores como el de esta semana le hacen ganar espacio a Jaliff, mientres retrocede unos cuantos casilleros, por ejemplo, el presidente del radicalismo provincial, César Biffi. El jefe radical de la provincia fue el único que pidió micrófono para apoyar a Cobos, pero es quien conduce un turbulento y difícil reencuentro, todavía sin grandes logros a la vista.

El futuro político es incierto para Cobos y puede más ser bravo mientras continúe en la vicepresidencia: campañas para desacreditarlo, amenazas del kirchnerismo de juicio político, afiches en su contra que empapelan Buenos Aires. “Cualquier cosa puede pasar”, pronostican los cobistas que avisoran este futuro hostil.

Y en ese panorama, el único dulce para Cleto parece ser un apoyo ajeno a toda rosca radical o política: el respaldo incondicional de las personas comunes, como los vecinos de Junín (foto), que el viernes le pidieron en medio de la Vendimia de su departamento, por motivos que seguramente exceden a la razón, que resista en el puesto de vicepresidente del país.