Notas
Llamado al consenso: virtudes y defectos de la "Gran Cobos"
La “Gran Cobos” es, antes que nada, una maniobra solitaria. Una acción inesperada para la política tradicional. A veces atinada, a veces no, pero siempre cargada de libertad.
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Como la “Gran Cobos” no es propiedad de la política tradicional, emplea sus propios actores. “Mi hija era quien me decía: papá, poné esto, esto no”, reconocía en aquellos días de junio el vicepresidente, en los albores de transformarse en el superstar de la política nacional gracias a una carta armada en la intimidad de su familia.
La “Gran Cobos” no se hizo extrañar demasiado tiempo y volvió esta semana, a modo de carta abierta en búsqueda del “gran consenso nacional”. Tan imperfecto como libre, el nuevo documento de Cobos lo expone en carne viva una vez más.
Alguien tiene que ceder. ¿Para qué Cobos decidió sacar una carta donde expone, superficialmente, su pensamiento sobre el presente de la política nacional? ¿Cuál es su estrategia política? Algunos indicios permiten responder, al menos en parte, estas preguntas.
Este diario pudo averiguar de fuentes cercanas al vicepresidente que Cobos "se puso a escribir" el documento en soledad, casi sin avisarle a nadie en su entorno de lo que estaba haciendo. La "Gran Cobos" es, como dijimos, una manifestación libre y solitaria.
“Decidió lo que iba a escribir en poco tiempo”, admitió un mendocino que justo estaba en el Congreso de la Nación cuando el vicepresidente sacaba la carta. O sea, mucho tiempo de reflexión no se tomó para escribir la convocatoria al “Gran consenso nacional”. La fuente que consultamos conoce a Cobos desde hace mucho tiempo y fue él quien coincidió en bautizarla, precisamente, como una muestra de la “Gran Cobos”.
Las formulaciones de Cobos en su escrito tampoco son muy novedosas. Los párrafos donde marca la necesidad de enfrentar la inseguridad y la pobreza, así como los que proponen un mejoramiento de la salud, son propuestas de manual para todo político con ambiciones.
El párrafo más largo es el que se ocupa de la educación, donde las reflexiones del vicepresidente tampoco son una novedad. Pero es allí donde Cobos alcanza su punto más alto, en el que aparecen sus ideas más auténticas y jugosas. “Habrá entonces que recuperar las horas perdidas en Lengua, Matemática, Historia, Geografía y Ciencias, entre otras. Hay cosas sencillas que producen grandes impactos, como asegurar a cada chico la tenencia de un libro”, sintetiza el ingeniero que impuso en los programas escolares de Mendoza más horas de dictado de materias duras y que difundió la importancia de la lectura en la formación de los chicos.
La conclusión después de leer su convocatoria es, quizás, inevitable: Cobos queda confirmado en este documento como un político “light”. No hay casi ningún elemento revelador en las líneas de esta carta.
Incluso el título no es original: “Alguien tiene que ceder” es el nombre de una película de Hollywood, protagonizada por Jack Nicholson y Diane Keaton. Un filme comercial y masivo que Cobos seguramente vio y que posiblemente lo inspiró a la hora de titular la carta.
No obstante, la “Gran Cobos” tiene un elemento hasta aquí no mencionado, pero vital para que surta efecto: credibilidad. Al vicepresidente “la gente le cree” y esa es una realidad irrefutable.
Por otro lado, no es posible obtener ningún indicio concreto de que haya objetivos políticos ocultos detrás de su carta abierta. Se nota implícitamente que Cobos habla como candidato presidencial. Pero el vicepresidente no llamó ni consultó a su tropa cobista antes de emitir el documento. Tampoco le avisó a Eduardo Duhalde que había llegado el momento de disparar el nuevo “Pacto de la Moncloa”, una idea con la que ambos políticos juegan desde hace tiempo y que aparece en el documento.
Incluso, el escrito de Cobos es una reacción esperable y lícita de un político al que el kirchnerismo acosó en las últimas semanas, con el objetivo de echarlo de su puesto, por sus actitudes "opositoras". Habló alguien a quien el Gobierno se empecina en "taparle la boca".
La acción espontánea le asegura siempre a la “Gran Cobos” esa bocanada de aire fresco a su favor. La transforma en una maniobra creíble y honesta para los grandes públicos. No son propuestas surgidas en los comités de los partidos, de los cuales la gente sigue desconfiando. No suenan a mentira o a mera especulación electoral.
Pero tampoco parece tener la carta en la que Cobos propone una vez más el consenso, al menos a primera vista, un objetivo realizable. Porque no ha sido fruto de ningún proyecto colectivo de construcción política. Porque no traduce las ideas que debate o impulsa un sector. Porque es una expresión personal.
La soledad de la que nace es, a la vez, su gran virtud y su gran defecto.
Ensalada rusa. Es que los pensamientos solitarios de Cobos se insertan en un momento más que desconcertante de la política nacional, a la cual Cobos y su carta no le aportan, de hecho, ninguna certeza.
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La ley de Medios consiguió esta semana media sanción en la Cámara de Diputados con votos de los legisladores del socialismo, a pesar de que esta fuerza minoritaria conforma el Acuerdo Cívico y Social, junto al radicalismo y el ARI. El frente opositor sufrió una grave herida cuando vio fluir los votos socialistas al proyecto del kirchnerismo. Fue una herida mayor al distanciamiento de Elisa Carrió. (En la foto, el socialista Rubén Giustiniani junto a Cobos).
En una semana, los santafesinos irán a las urnas para elegir legisladores y esas elecciones demostrarán el disloque de la política actual: los socialistas llegarán al comicio transformados en "oficialistas", por el apoyo a la causa K contra los medios, mientras que un justicialista, Carlos Reutemann, será el gran referente opositor.
Está la política patas para arriba y eso favorece al kirchnerismo, no a ninguno de los opositores que ganaron las últimas elecciones. “El único que gana con las confrontaciones es Kirchner, ya que esto afecta la construcción de una oposición seria que le ponga límite”, razonan en los espacios contrarios al Gobierno.
Al matrimonio presidencial y en especial a Néstor Kirchner, no se los puede dar por muertos nunca, porque siempre parecen tener una carta en la manga. Renacen de las cenizas. Siguen haciendo pesar el poder de la billetera, aseguran desde la oposición. Y hay incluso quienes creen que se las ingeniarán para que el “nuevo Congreso”, ese que asumirá en diciembre, siga respondiendo a sus designios.
Cierta sensación de batalla perdida, de triste resignación, recorre por estas horas los pasillos del Senado. Los propios opositores calculan que, tarde o temprano, el kirchnerismo llegará a la votación de la ley de Medios con un piso de 40 votos, que le asegurará la sanción definitiva de la norma.
Además de los votos propios, el oficialismo contaría con los legisladores que responden al gobernador de Chubut, Mario Das Neves, quien se ha cansado de criticar al kirchnerismo, pero insólitamente lo apoyó en la votación de la ley de Medios en Diputados. Los senadores del partido autónomo neuquino irían por el mismo camino. Los de Tierra del Fuego, también.
Cobos ni siquiera mencionó la ley de Medios en su carta abierta de esta semana y quizás esa sea la prueba más clara de que para él es inútil dar esa pelea.
Solo. En este marco confuso apareció esta semana el llamado de Cobos al consenso. ¿Qué destino puede tener esa convocatoria si la oposición ganadora está ingresando en una temprana crisis post electoral y el vicepresidente, el político mejor tratado por las encuestas, no da señales de aglutinar esas almas?
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La “Gran Cobos” no tiene respuesta para este interrogante. Porque nace de la intuición y el pensamiento libre de su creador, no responde a estrategia política alguna. Es, en su "modelo" 2009, un conjunto de buenas intenciones que insinúan lo que hará Cobos si es presidente en 2011, un año que está muy lejos para la vertiginosa política de nuestro país.
Cobos tal vez espera que se decida a acompañar su idea Eduardo Duhalde, un peronista del que algunos cobistas desconfían: más allá de sus amagues antikirchneristas, hay quienes no creen que tenga la vocación ni el poderío para volver a la actividad política y enfrentarlos.
A esta soledad cobista se le suma el interrogante de cuáles serían las bondades de un Cobos plenamente al frente de una gestión. En este caso, la del Gobierno Nacional.
Porque los mendocinos memoriosos también recuerdan que una “Gran Cobos” del pasado reciente fue la decisión de colocar como ministro de Seguridad de la provincia al abogado Osvaldo Tello, por la insólita razón de que “había dirigido equipos de rugby y tiene experiencia como conductor”, según confesó el entonces gobernador a la prensa, dejando a más de un periodista boquiabierto.
Vale decir que a Tello le fue mal como ministro, a pesar de su experiencia deportiva; y que la seguridad fue, por lejos, el peor rubro de la gestión de Cobos como gobernador.
La “Gran Cobos” es, en definitiva, una suma de virtudes y defectos.
Una apuesta solitaria que le ha rendido al vicepresidente, y que todavía tiene viento a favor, pero que hoy por hoy también genera incertidumbre a futuro.