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Notas

La obsesiones de Néstor, las distracciones de Celso

Mientras Kirchner parece resurgir de sus cenizas, Jaque se hunde en el desconcierto. Pese a que el PJ local se apresta a ratificar el rumbo junto a los K, las cosas que pasan en la Nación y en Mendoza no parecen tener similitud.

El peronismo mendocino amagó con encaminarse a una profunda discusión de sus metodologías, pero no del sustento político que dicen tener sus decisiones. Así  quedó claro tras la postergación del frustrado congreso partidario que iba a realizarse en Uspallata, suspendido intempestivamente y sin fecha cierta de concreción. Aunque probablemente, el ansiado y reclamado examen de gestión, tal vez nunca se produzca.

Así se desprende de lo que intentaron dejar en claro algunos dirigentes estos días, pero en especial los intendentes justicialistas que la semana pasada peregrinaron en masa hacia Buenos Aires. Pese a las especulaciones y trascendidos, creen que hay que ratificar (al menos tímidamente y en off) el rumbo que el kirchnerismo le ha impuesto a este país.

Con Néstor y Cristina (y de yapa, Celso). Esta fue al menos la explicación profunda que algunos jefes comunales desgranaron ante las múltiples versiones que circularon sobre los verdaderos motivos de ese viaje a Buenos Aires, donde según algunas denuncias -que dan cuenta del grado de ebullición de la interna-, se habría analizado la situación político-institucional de la provincia, ante los rumores (incluso) de una intervención federal.

Es que verdaderamente el desempeño del gobierno de Celso Jaque ha preocupado a sus partidarios y son los intendentes peronistas los más perjudicados por la acción de una gestión con la que tienen un rosario de reparos, pero a la que no pueden salir a reclamar públicamente como lo hacían cuando eran oposición.

A ello se le suma un sinnúmero de dificultades financieras, muchas de ellas compromisos asumidos por la Nación que con la garantía de la Provincia –y crisis mediante- han dejado a las economías comunales girando en descubierto. Tal vez como un diferente síntoma del mismo mal que ha puesto en déficit a las cuentas públicas provinciales.

En ese panorama, y tras la estrepitosa caída electoral, especulan que la única tabla de salvación a mano es aquella que hoy impera en Casa Rosada: principal fuente de sustento político y financiamiento capaz de asegurar llegar en medianas condiciones de competencia al 2.011.

Así, los intendentes aprovecharon el viaje y se reunieron con sus contactos para intercambiar visiones y también para ratificar en Buenos Aires que pese a la sinuosidad de Jaque, ellos están con “el proyecto nacional y popular de Néstor y Cristina”.

Hoy acompañamos (mañana no sabemos). La movida resulta paradójica, justamente cuando desde algunos sectores críticos del propio PJ hay quienes reclaman a Jaque más kirchnerismo y menos favorecimiento de intereses particulares (como si acaso eso fuera incompatible), y cuando también hay quienes evalúan avanzar hacia construcciones políticas más representativas del postkirchnerismo.

Un abanico en el que entran desde Carlos Menem y los hermanos Rodríguez Sáa, la liga de gobernadores críticos como Juan Schiaretti o Jorge Busti, las siempre enigmáticas movidas del ex presidente Eduardo Duhalde y el PJ disidente que hoy encarnan Felipe Solá y Francisco De Narváez.

Ah, sin olvidar al impredecible Carlos Reutemann que encaminado a hacer pie en Mendoza tuvo un resbalón al perder su mano derecha en el Senado (Roxana Latorre) y quedar preso de una operación política que no sólo lo desdibujó sino que además parece haberlo corrido de su eje siempre mesurado y abúlico. Aún así, y sin darse por vencido, su gente ahora merodeó por San Rafael.

En Buenos Aires los intendentes mendocinos dicen haber sido recibidos con afecto y sin distinciones de las pequeñeces internas que hoy dividen el mapa de los jefes comunales, discriminados entre aquellos que responden al denominado Eje Peronista (Alejandro Abraham, Rubén Miranda y Omar Félix) y los Azules (Alejandro Bermejo, Jorge Giménez).

Aseguran, además –conforme a los gestos y acciones de los últimos días del propio Néstor Kirchner- que la cruzada del matrimonio presidencial será hasta las últimas consecuencias y que a nadie le pedirán que acompañe. Pero que aquel que se suba al barco deberá saber que, fiel a la manera fundamentalista de entender la política, no hay espacio para dubitativos ni para tibios. Y que eso incluye contribuir a la gobernabilidad de Celso Jaque. ¿Llegará a tanto la fidelidad de los intendentes en su búsqueda de sustentabilidad política?

Porqué Néstor es Néstor y Celso es Celso. Puestos a trazar diferencias, y sólo partiendo de un mismo punto de salida, la derrota electoral del 28 de junio, Néstor Kirchner y Celso Jaque se asemejan a un padre obsesivo y a un hijo con déficit atencional.

Mientras Kirchner se centró en retomar la iniciativa rápidamente, recargar sus cañones y distraer a la oposición; Jaque se martirizó con el resultado, se encerró en sí mismo y no dio señales de cómo podían seguir las cosas a futuro.

Néstor, a diferencia de Celso, movió algunas piezas, logró ratificar los superpoderes, le pegó al plexo de Clarín con la televisación del fútbol y el envío al Congreso de la ley de servicios audiovisuales. Celso, en cambio, profundizó su crisis y habilitó la discusión interna que se produce cuando quien tiene que liderar no lo hace.

Mientras Kirchner ratificó que pese a la derrota sigue siendo el dirigente actual con mayor capacidad política, Jaque aún no logra concentrarse ni en la gestión ni en la conducción política de su partido ni de su propio gobierno.

Néstor, a diferencia de Celso, se muestra ganador y seguro. El gobernador se esconde y entre su tropa cunde el desconcierto. Al extremo que los rumores sobre cambios en el gabinete se suceden sin parar. Aunque, incluso se haya hablado de una reestructuración más grande que –siempre en off- otros popes del Cuarto Piso se encargaran de desmentir. Por más que todos hicieran la misma salvedad: con Jaque nunca se sabe.

La danza del infortunio ministerial. Esta semana les tocó a Adrián Cerroni, el ministro de Hacienda que según aseguran algunos colaboradores cercanos, ha confesado que desde hace más de siete meses que se quiere ir. El cargo le habría sido ofrecido a un hombre del riñón de Adolfo Bermejo: Elián Japaz, quien habría declinado tal convocatoria. Por lo que luego se pensó en Rolando Galli Rey, secretario de Hacienda de la Municipalidad de Guaymallén.

Otra a la que alcanzó la ola de rumores fue a la ministra de Desarrollo Social, Familia y Comunidad, Silvia Ruggieri. Una pieza más del gabinete que parece no sentirse cómoda con el lugar (y la coyuntura) que le ha tocado en suerte.

Lo del ministro de Gobierno Mario Adaro ya es un clásico, al que justamente por reiterado e incumplido es mejor desestimar. Sin embargo, quien se salió del molde fue el vicegobernador Cristian Racconto.

Una figura a la que cada vez habrá que prestarle más atención en virtud de sus últimos deslices públicos contra Alejandro Cazabán y de lo que parecen ser sus aspiraciones políticas una vez terminadas sus obligaciones en el Senado provincial.

Nadie puede asegurar que más allá o más acá de lo que efectivamente suceda, estas idas y vueltas ministeriales tengan un corte. Por el contrario, la heterogeneidad que rodea a este gobierno, la cantidad de heridos que ha dejado en el camino y las presiones partidarias no garantizan además que la puja interna tenga un punto final.

Carrera contra el tiempo. La elección de continuidad en el barco kirchnerista por la que el PJ ha optado, y de la que Jaque nunca se movió, también pueden sellar un destino para el partido de gobierno.

En algunos círculos políticos porteños ya dan casi como un hecho que de cara al 2.011, será el propio Néstor el que encabece la lista presidencial que pretenda desde el oficialismo suceder a Cristina. Su férrea decisión, casi rayana con la obsesión así lo puede hacer posible, sustentado además en su capacidad de encolumnamiento y disciplinamiento.

El panorama, que hace dos meses parecía ser apocalíptico para el kirchnerismo ha abierto una luz de esperanza, fiel a su modo de construcción: a todo o nada. Y en ese sentido, los cien días previos al recambio del Congreso resultarán definitivos.

Así como se asegura que lo que un nuevo gobierno no hace en los primeros cien días no lo hace más, el kirchnerismo está convencido que lo que no haga de aquí al 10 de diciembre, tal vez no lo podrá hacer nunca más. Por ello, el apuro por impulsar todas las leyes para ser tratadas antes de esa fecha.

Un umbral que le permitirá ratificar ante su electorado duro lo que entienden como sus fortalezas en la lucha contra “los sectores concentrados de la economía” que en otros momentos el mismo kirchnerismo no tuvo reparos en favorecer.

Mientras esto sucede, y el kirchnerismo pueda hasta intentar resurgir de sus cenizas, hay al menos una convicción: Jaque no podrá contar con la misma suerte. Ni por personalidad ni por decisión. El gobernador parece posar su mirada en otros asuntos y no en aquellos que política marcan la diferencia entre un protagonista y un simple partenaire.