Notas
El gobierno desnudo
Los rumores corrieron en todos los sentidos, pero lo cierto es que el gobernador y su entorno percibieron –tal vez por primera vez- que las cosas se le habían ido de las manos. Enojos en y con el gabinete. Apuestas desesperadas para salvar la ropa.
El gobernador Celso Jaque atraviesa el peor momento desde que asumió. Desgastado y debilitado, su estructura política crujió feo esta semana, cuando a los planteos internos se le agregaron presiones externas que pusieron los pelos de punta en Casa de Gobierno.
A los pedidos de juicio político que desembarcaron en la Legislatura, se sumó un dato que ya la semana anterior había disparado las alertas en el propio oficialismo. En el contexto del tratamiento del aumento de la tarifa del agua en Senadores, el bloque del PJ se levantó y abandonó la sesión.
En consonancia, el presidente partidario Juan Marchena, declaró públicamente que todavía la derrota electoral no había sido suficientemente analizada, lo que en otros términos implica decir que sus responsables no se han hecho cargo de la debacle del 28 de junio. Algo que finalmente sucederá el próximo 22 en un gran encuentro catártico del PJ mendocino.
¿Crisis? ¿Cuál crisis? Este clima crítico del propio peronismo hacia el gobierno encontró socios ideales en la mayoría de los intendentes que ven cómo sus chances para el 2011 (tanto para los que quieren ir por la reelección como los que tienen mayores aspiraciones) se ven diluidas de continuar esta pasmosa e inexpresiva conducción política provincial.
En estos días de convulsión, muchos de esos jefes comunales (algunos verdaderamente emblemáticos) llamaron a cuanto periodista u operador de confianza tuvieran a mano para manifestarle su descontento, o dar señales de futuros movimientos para “analizar” la “preocupante” situación provincial. Incluso durante este mismo fin de semana largo, las reuniones se han sucedido en un claro reflejo del clima deliberativo que hoy impera en el PJ.
Algo similar circula entre el propio gabinete de Jaque que mostró en off sus constantes intenciones de fractura, todas alentadas por un común denominador: la cabeza del secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán. Entre los peticionantes se incluirían –básicamente- aquellos que se autodefinen como los ministros “políticos” (Mario Adaro, Carlos Ciruca, Francisco Pérez y el recientemente incorporado Raúl Mercau) quienes a toda costa buscan diferenciarse de los meros “técnicos” (Sergio Saracco, Adrián Cerroni, Ricardo Scollo, Beatriz Barbera).
Al parecer el Cadillacsgate ha pegado duro en el gobierno y por distintas razones. En primer lugar porque mostró el organigrama real del jaquismo, en cuanto a esquema de poder y proceso de obediencias; luego, porque ha golpeado seriamente (y limado aún más) su imagen pública: ya que una cosa es la ineficiencia y otra la sospecha de un delito con participación de funcionarios como el que investiga el fiscal Eduardo Martearena.
El entorno (y el núcleo) está dañado. Asimismo, en el plano político, la imputación de Luis Böhm y de Raúl Perruco Leiva parece haber tenido un efecto búmerang entre las primeras y segundas líneas del Ejecutivo. Mayoritariamente, creen que Böhm es una víctima y que Leiva resume la imprudencia con la que muchas veces el círculo íntimo del gobernador se manejó. Y nadie en el gabinete quiere ser el próximo Böhm.
El generalizado cuestionamiento de Leiva y el blanqueo de su labor política en el gobierno, sumado a los resquemores que la figura de Cazabán produce, ponen en serios aprietos al Gobierno de Jaque que de un día para otro, y tras desconocer las infinitas advertencias de propios y extraños, se ve desnudo frente al mundo.
Sus dos primeras espadas, el núcleo duro del jaquismo está mal herido. Cazabán y Leiva expresan junto a Jaque el triunvirato que toma las decisiones y que hoy tanto el oficialismo como la oposición están seriamente reprochando. De allí la tan mentada “debilidad del gobierno”, o las recurrentes apelaciones a la gobernabilidad que es tarea de todos, pero que principalmente debe encarnar aquel que tiene y resume el poder legítimamente constituido, es decir, Celso Jaque.
Por ello, y conocedores de algunas metodologías perversas de esas que tiene la política, todos estos indicadores hicieron que el cuarto piso leyera que algunos sectores del propio peronismo estaban alentando y dando vida a intenciones destituyentes. Temieron, incluso, alguna revuelta inducida en coincidencia con la visita de monseñor Jorge Casaretto.
Halcones, palomas y “pelotudos”. Tal vez el mejor síntoma del estado de ánimo del gobernador por estos días fue el episodio reflejado por diario Uno en el que Jaque admite dos cosas muy fuertes: 1) que hay ministros que no trabajan todo lo que a Jaque le gustaría y 2) que tiene identificado que muchos de ellos conspiran a sus espaldas, cuando expresó que le dicen “pelotudeces” a los periodistas.
Un gobernador con autoridad no sólo no comenta esto a la prensa, si no que tras percibir una situación de estas características, les pide inmediatamente la renuncia a esos colaboradores. ¿Por qué Jaque no lo hace? Seguramente porque no quiere ampliar aún más la brecha con su partido, sus intendentes, sus legisladores y otros grupos que se referencian con este gobierno.
Mucho menos cuando todavía no termina de digerir el resultado electoral, los cruces con los demás poderes, ni los alcances del escándalo judicial que está haciendo desfilar a sus funcionarios ante la Justicia. Fiel a su estilo, Jaque cree (como siempre lo ha hecho) que con el tiempo las cargas se acomodarán, pero seguramente se equivoca si al natural amoldamiento de las cosas (para bien o para mal) no se agrega liderazgo y conducción.
Es por ello que prefiere que el polémico Cazabán se reúna con legisladores e intendentes para limar asperezas y asegurar que la sangre no llegue al río. Por ensayo o error, el gobierno empezó a hacer lo que hace meses debería haber hecho: dialogar, escuchar y abrir el juego a otros sectores del oficialismo que se han visto relegados durante este tiempo.
Sin embargo, con esto no alcanza. Especialmente porque todos los interlocutores hambrientos de cambios saben que el intento de diálogo esconde la real motivación de sus reclamos: que la forma como se ejerce el poder, se modifique. Y al parecer, y por el momento, ni Jaque, ni Leiva, ni Cazabán están dispuestos a dar un volantazo. Sólo quieren hablar.
Sobre llovido, endeudado. La situación financiera de la provincia es de máxima preocupación. La reunión de Jaque con la presidenta Cristina Fernández no dejó muchas expectativas al respecto. Los 300 millones reclamados para cubrir el déficit de este año no están de ninguna manera asegurados. Y por varias razones. La principal es financiera, porque en la Nación tampoco abundan los recursos, y la otra es política. A la Casa Rosada llegaron las versiones que desde el jaquismo vertieron culpando a la “ola nacional” de la derrota del 28 de junio. Y se conoce el énfasis y el rigor que el kirchnerismo hace sentir a aquellos que se despegan o abandonan el barco.
Lo cierto es que los especialistas en los números de la provincia avizoran un panorama más que complicado, en especial para el último trimestre, donde alternativas que hasta hace seis meses habían sido descartadas (como la emisión de bonos, o la caída de contratos de empleados públicos) ya no son miradas con tanto desprecio. Pese a todo, Jaque cree que “la Nación no va a dejar sola a Mendoza”. Una frase que bien puede leerse como un pedido de auxilio desesperado.
Ante este panorama de inestabilidad política e incertidumbre económica, el problema del gobierno parece haber sido asumido por el partido y sus actores principales, que se cansaron de hacer la vista gorda. En su ímpetu revalorizador se cuelgan los reclamos de los intendentes y legisladores que se sintetizan en reencauzar la gestión y transformar al PJ en el dueño de la orientación del gobierno.
Eso significa la pérdida de poder de Cazabán, que por estos días busca los consensos que antes se cansó de negarle a esos mismos con los que ahora se reúne de manera constante, en un tour pensado más para conformar que para compartir el poder. Pese a la ebullición y este repentino ataque de política, nadie deja de sacar la mirada en el 2011. Una parada que ya se avecina difícil para el PJ.
Un mar de lágrimas (de cocodrilo). En cualquier nuevo esquema queda pensar cuál será el rol de Jaque de cara al futuro, si ese proceso político será conducido desde el partido, o si en todo caso la crisis tiende a agravarse con renuncias, peleas y portazos como las que han amenazado algunos ministros y otros tantos líderes emblemáticos. Son esos mismos que no creen en las lágrimas de cocodrilo de Cazabán y dicen estar dispuestos a dar la batalla por cambios sustanciales y de fondo.
Nadie puede gobernar con un gabinete amotinado y en pie de guerra, pero no declarada, sino de guerrillas. Probablemente allí esté el germen de tanta convulsión que se manifiesta en desgobierno y falta de rumbo.
Tal vez el gobernador haya hecho bien en preocuparse por los embates de lo que se supone es su propia tropa. El desencanto no es para aquel que nunca creyó; sí para los que alguna vez estuvieron encantados.
Algo similar circula entre el propio gabinete de Jaque que mostró en off sus constantes intenciones de fractura, todas alentadas por un común denominador: la cabeza del secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán. Entre los peticionantes se incluirían –básicamente- aquellos que se autodefinen como los ministros “políticos” (Mario Adaro, Carlos Ciruca, Francisco Pérez y el recientemente incorporado Raúl Mercau) quienes a toda costa buscan diferenciarse de los meros “técnicos” (Sergio Saracco, Adrián Cerroni, Ricardo Scollo, Beatriz Barbera).
Al parecer el Cadillacsgate ha pegado duro en el gobierno y por distintas razones. En primer lugar porque mostró el organigrama real del jaquismo, en cuanto a esquema de poder y proceso de obediencias; luego, porque ha golpeado seriamente (y limado aún más) su imagen pública: ya que una cosa es la ineficiencia y otra la sospecha de un delito con participación de funcionarios como el que investiga el fiscal Eduardo Martearena.
El entorno (y el núcleo) está dañado. Asimismo, en el plano político, la imputación de Luis Böhm y de Raúl Perruco Leiva parece haber tenido un efecto búmerang entre las primeras y segundas líneas del Ejecutivo. Mayoritariamente, creen que Böhm es una víctima y que Leiva resume la imprudencia con la que muchas veces el círculo íntimo del gobernador se manejó. Y nadie en el gabinete quiere ser el próximo Böhm.
El generalizado cuestionamiento de Leiva y el blanqueo de su labor política en el gobierno, sumado a los resquemores que la figura de Cazabán produce, ponen en serios aprietos al Gobierno de Jaque que de un día para otro, y tras desconocer las infinitas advertencias de propios y extraños, se ve desnudo frente al mundo.
Sus dos primeras espadas, el núcleo duro del jaquismo está mal herido. Cazabán y Leiva expresan junto a Jaque el triunvirato que toma las decisiones y que hoy tanto el oficialismo como la oposición están seriamente reprochando. De allí la tan mentada “debilidad del gobierno”, o las recurrentes apelaciones a la gobernabilidad que es tarea de todos, pero que principalmente debe encarnar aquel que tiene y resume el poder legítimamente constituido, es decir, Celso Jaque.
Por ello, y conocedores de algunas metodologías perversas de esas que tiene la política, todos estos indicadores hicieron que el cuarto piso leyera que algunos sectores del propio peronismo estaban alentando y dando vida a intenciones destituyentes. Temieron, incluso, alguna revuelta inducida en coincidencia con la visita de monseñor Jorge Casaretto.
Halcones, palomas y “pelotudos”. Tal vez el mejor síntoma del estado de ánimo del gobernador por estos días fue el episodio reflejado por diario Uno en el que Jaque admite dos cosas muy fuertes: 1) que hay ministros que no trabajan todo lo que a Jaque le gustaría y 2) que tiene identificado que muchos de ellos conspiran a sus espaldas, cuando expresó que le dicen “pelotudeces” a los periodistas.
Un gobernador con autoridad no sólo no comenta esto a la prensa, si no que tras percibir una situación de estas características, les pide inmediatamente la renuncia a esos colaboradores. ¿Por qué Jaque no lo hace? Seguramente porque no quiere ampliar aún más la brecha con su partido, sus intendentes, sus legisladores y otros grupos que se referencian con este gobierno.
Mucho menos cuando todavía no termina de digerir el resultado electoral, los cruces con los demás poderes, ni los alcances del escándalo judicial que está haciendo desfilar a sus funcionarios ante la Justicia. Fiel a su estilo, Jaque cree (como siempre lo ha hecho) que con el tiempo las cargas se acomodarán, pero seguramente se equivoca si al natural amoldamiento de las cosas (para bien o para mal) no se agrega liderazgo y conducción.
Es por ello que prefiere que el polémico Cazabán se reúna con legisladores e intendentes para limar asperezas y asegurar que la sangre no llegue al río. Por ensayo o error, el gobierno empezó a hacer lo que hace meses debería haber hecho: dialogar, escuchar y abrir el juego a otros sectores del oficialismo que se han visto relegados durante este tiempo.
Sin embargo, con esto no alcanza. Especialmente porque todos los interlocutores hambrientos de cambios saben que el intento de diálogo esconde la real motivación de sus reclamos: que la forma como se ejerce el poder, se modifique. Y al parecer, y por el momento, ni Jaque, ni Leiva, ni Cazabán están dispuestos a dar un volantazo. Sólo quieren hablar.
Sobre llovido, endeudado. La situación financiera de la provincia es de máxima preocupación. La reunión de Jaque con la presidenta Cristina Fernández no dejó muchas expectativas al respecto. Los 300 millones reclamados para cubrir el déficit de este año no están de ninguna manera asegurados. Y por varias razones. La principal es financiera, porque en la Nación tampoco abundan los recursos, y la otra es política. A la Casa Rosada llegaron las versiones que desde el jaquismo vertieron culpando a la “ola nacional” de la derrota del 28 de junio. Y se conoce el énfasis y el rigor que el kirchnerismo hace sentir a aquellos que se despegan o abandonan el barco.
Lo cierto es que los especialistas en los números de la provincia avizoran un panorama más que complicado, en especial para el último trimestre, donde alternativas que hasta hace seis meses habían sido descartadas (como la emisión de bonos, o la caída de contratos de empleados públicos) ya no son miradas con tanto desprecio. Pese a todo, Jaque cree que “la Nación no va a dejar sola a Mendoza”. Una frase que bien puede leerse como un pedido de auxilio desesperado.
Ante este panorama de inestabilidad política e incertidumbre económica, el problema del gobierno parece haber sido asumido por el partido y sus actores principales, que se cansaron de hacer la vista gorda. En su ímpetu revalorizador se cuelgan los reclamos de los intendentes y legisladores que se sintetizan en reencauzar la gestión y transformar al PJ en el dueño de la orientación del gobierno.
Eso significa la pérdida de poder de Cazabán, que por estos días busca los consensos que antes se cansó de negarle a esos mismos con los que ahora se reúne de manera constante, en un tour pensado más para conformar que para compartir el poder. Pese a la ebullición y este repentino ataque de política, nadie deja de sacar la mirada en el 2011. Una parada que ya se avecina difícil para el PJ.
Un mar de lágrimas (de cocodrilo). En cualquier nuevo esquema queda pensar cuál será el rol de Jaque de cara al futuro, si ese proceso político será conducido desde el partido, o si en todo caso la crisis tiende a agravarse con renuncias, peleas y portazos como las que han amenazado algunos ministros y otros tantos líderes emblemáticos. Son esos mismos que no creen en las lágrimas de cocodrilo de Cazabán y dicen estar dispuestos a dar la batalla por cambios sustanciales y de fondo.
Nadie puede gobernar con un gabinete amotinado y en pie de guerra, pero no declarada, sino de guerrillas. Probablemente allí esté el germen de tanta convulsión que se manifiesta en desgobierno y falta de rumbo.
Tal vez el gobernador haya hecho bien en preocuparse por los embates de lo que se supone es su propia tropa. El desencanto no es para aquel que nunca creyó; sí para los que alguna vez estuvieron encantados.