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Notas
La rebelión de los cansados
El voto popular no sólo expresó el cansancio de la ciudadanía, sino también parece haber despertado la conciencia dormida de algunos funcionarios del propio gobierno que –en sintonía con los reclamos de la oposición y los intendentes del PJ- quieren la salida de Alejandro Cazabán. La interna de la interna y el dilema de Adaro.
El avasallador triunfo del Frente Cívico Federal parece haber puesto patas para arriba al gobierno de Celso Jaque. La abrumadora diferencia obtenida en favor de las huestes de Julio Cobos y la derrota emblemática de los intendentes más caracterizados del peronismo, no sólo ha significado un duro golpe para el oficialismo, sino que corporizó una clara señal de descontento hacia el gobierno provincial.
El resultado, es una contundente lección que cientos de miles de anónimos mendocinos decidieron dar a un gobierno negador y anodino, al que nunca se le perdonaron las promesas de campaña incumplidas y que a poco de andar rompió definitivamente sus lazos con la ciudadanía que mayoritariamente lo había elegido.
Estos cansados comprovincianos expresaron el hartazgo de la mentira como método proselitista y de la improvisación como modo de gobierno. Y además, dejaron constancia que todo aquel –de cualquier partido- que en el futuro intente llegar al poder por la misma vía, recibirá el mismo castigo.
Esta lectura, que resulta hasta obvia y evidente, no parece serlo para el propio gobernador, ya que más allá de remover su modorra, lo sumió en una especie de sopor introspectivo de una semana que ha exasperado hasta a la tropa propia. El silencio autoimpuesto como “período de reflexión” resulta peligroso si detrás de él se esconde el autismo o la preservación de intereses a todas luces contrapuestos con la decisión de las urnas.
El domingo por la noche el cansancio también se expresó como un cambio de proceder que debió ser interpretado de manera inmediata por el gobernador. Sin embargo, eso no sucedió. Por el contrario, Jaque se abroqueló en sus mismos esquemas y en su visión mínima de la realidad con lo que intentó deslindar sus culpas.
En la reunión que mantuvo con los intendentes el lunes, los acusó de haber conspirado en su contra y pese a los reclamos para modificar el gabinete, las políticas o los aliados, Jaque hizo lo que hace a menudo: escapó para adelante. Pidió más tiempo, aunque con esa muestra de inacción, no hizo más que caldear los ánimos de los jefes comunales, de algunos ministros, y también de la dirigencia del PJ que ya ve con preocupación cómo se está despilfarrando un gobierno al que le costó 8 años recuperar.
Frente a esta situación, comenzó a gestarse, lentamente, una nueva rebelión de cansados. Esta vez, dentro del seno del mismo gobierno. Se trata de funcionarios más o menos importantes, muchos de ellos con más o menos prestigio en sus respectivas actividades privadas, que están hartos de ser parte de un gobierno ciego, sordo y mudo, con serios problemas de gestión y en el que además, hay quienes acumulan las decisiones de peso y los privilegios.
Sin ir demasiado atrás en el tiempo, la situación de la Gripe A es representativa de todo lo antes dicho. A las medidas en cuentagotas y producidas más como reacción a la presión social, que como determinación de una línea de acción, se sumó la ausencia de dos funcionarios claves en este tema: el subsecretario de Planificación y Control del ministerio de Salud, Ricardo Landete y el director de la OSEP, Marcelo Costa. Sus ausencias de la provincia en un momento tan delicado, también habla de la actitud abandónica que a menudo el mendocino percibe de su gobierno.
En paralelo, sólo una emergencia como la que hoy plantea la Gripe A podría atenuar esta interna de la interna, que como particularidad adicional, no responde a líneas partidarias o concepciones doctrinarias. Sus protagonistas se han autodefinido como “los buenos” como intentando diferenciarse de “los malos”. Integrarían ese grupo de “bienintencionados”, Guillermo Carmona, Raúl Mercau, Javier Espina, José Rivas y el propio ministro de Gobierno Mario Adaro, entre otros. Todos, claramente en sintonía con un puñado de intendentes que reclaman cambios profundos e –indefectiblemente- la salida del secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán.
Sin ir más lejos, Adaro se ha puesto como límite el próximo miércoles para tomar una decisión sobre su futuro y se cree que otros ministros y funcionarios también podrían seguirlo, incluso algunos que además están cansados pero de estar siempre cuestionados o en las listas de prescindibles del gobierno. Evalúan que si no hay respuestas políticas para el mensaje político que dejaron los comicios, sus roles en el gabinete de Jaque no tienen más sentido.
En esta evaluación, Adaro y los que estén dispuestos a seguirlo, dudan entre ser funcionales a un gobierno en extremo discreto y atormentado por una coyuntura que lo supera (aunque ello no obste para el favorecimiento de intereses puntuales), o la segura rotulación de “desertores” que les colgarán aquellos que sigan vinculados al proyecto jaquista a cualquier costo.
Por otra parte, se especula que una decisión como esta puede tener un efecto para el oficialismo todavía más grave que el resultado electoral y –sinceramente- nadie desea profundizar el desgaste de una administración ya de por sí debilitada. Sin embargo, políticos al fin, saben que sus futuros personales inmediatos están indefectiblemente atados de a su grado de participación en este gobierno. Despegarse a tiempo o inmolarse en nombre de la causa es el dilema militante de los cansados del gabinete.
Por lo pronto, y en caso de tener que autoeyectarse del gobierno, Adaro ya habría tendido puentes con los intendentes del PJ, con la dirigencia partidaria e incluso, con la oposición a fin de garantizar no sólo gobernabilidad, sino también previsibilidad y el sentido común que hoy por hoy no es lo que más abunda en el Cuarto Piso de Casa de Gobierno.
El gobernador debería aprovechar este fin de semana para definir qué quiere hacer con su gestión, lo que implica decir qué quiere hacer con el rumbo de la provincia. Asimismo, debería tomar nota que no sólo los ciudadanos se cansaron de su estilo político, sino que muchos de sus colaboradores también están saturados. La semana que se inicia dará las claves del marco de alianzas y del poder real de decisión de un gobierno que a poco de nacer, ya era viejo; ya sea por sus limitaciones o por sus condicionantes. O mejor dicho, que decidió envejecer a la par de las ilusiones de los mendocinos.
En la reunión que mantuvo con los intendentes el lunes, los acusó de haber conspirado en su contra y pese a los reclamos para modificar el gabinete, las políticas o los aliados, Jaque hizo lo que hace a menudo: escapó para adelante. Pidió más tiempo, aunque con esa muestra de inacción, no hizo más que caldear los ánimos de los jefes comunales, de algunos ministros, y también de la dirigencia del PJ que ya ve con preocupación cómo se está despilfarrando un gobierno al que le costó 8 años recuperar.
Frente a esta situación, comenzó a gestarse, lentamente, una nueva rebelión de cansados. Esta vez, dentro del seno del mismo gobierno. Se trata de funcionarios más o menos importantes, muchos de ellos con más o menos prestigio en sus respectivas actividades privadas, que están hartos de ser parte de un gobierno ciego, sordo y mudo, con serios problemas de gestión y en el que además, hay quienes acumulan las decisiones de peso y los privilegios.
Sin ir demasiado atrás en el tiempo, la situación de la Gripe A es representativa de todo lo antes dicho. A las medidas en cuentagotas y producidas más como reacción a la presión social, que como determinación de una línea de acción, se sumó la ausencia de dos funcionarios claves en este tema: el subsecretario de Planificación y Control del ministerio de Salud, Ricardo Landete y el director de la OSEP, Marcelo Costa. Sus ausencias de la provincia en un momento tan delicado, también habla de la actitud abandónica que a menudo el mendocino percibe de su gobierno.
En paralelo, sólo una emergencia como la que hoy plantea la Gripe A podría atenuar esta interna de la interna, que como particularidad adicional, no responde a líneas partidarias o concepciones doctrinarias. Sus protagonistas se han autodefinido como “los buenos” como intentando diferenciarse de “los malos”. Integrarían ese grupo de “bienintencionados”, Guillermo Carmona, Raúl Mercau, Javier Espina, José Rivas y el propio ministro de Gobierno Mario Adaro, entre otros. Todos, claramente en sintonía con un puñado de intendentes que reclaman cambios profundos e –indefectiblemente- la salida del secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán.
Sin ir más lejos, Adaro se ha puesto como límite el próximo miércoles para tomar una decisión sobre su futuro y se cree que otros ministros y funcionarios también podrían seguirlo, incluso algunos que además están cansados pero de estar siempre cuestionados o en las listas de prescindibles del gobierno. Evalúan que si no hay respuestas políticas para el mensaje político que dejaron los comicios, sus roles en el gabinete de Jaque no tienen más sentido.
En esta evaluación, Adaro y los que estén dispuestos a seguirlo, dudan entre ser funcionales a un gobierno en extremo discreto y atormentado por una coyuntura que lo supera (aunque ello no obste para el favorecimiento de intereses puntuales), o la segura rotulación de “desertores” que les colgarán aquellos que sigan vinculados al proyecto jaquista a cualquier costo.
Por otra parte, se especula que una decisión como esta puede tener un efecto para el oficialismo todavía más grave que el resultado electoral y –sinceramente- nadie desea profundizar el desgaste de una administración ya de por sí debilitada. Sin embargo, políticos al fin, saben que sus futuros personales inmediatos están indefectiblemente atados de a su grado de participación en este gobierno. Despegarse a tiempo o inmolarse en nombre de la causa es el dilema militante de los cansados del gabinete.
Por lo pronto, y en caso de tener que autoeyectarse del gobierno, Adaro ya habría tendido puentes con los intendentes del PJ, con la dirigencia partidaria e incluso, con la oposición a fin de garantizar no sólo gobernabilidad, sino también previsibilidad y el sentido común que hoy por hoy no es lo que más abunda en el Cuarto Piso de Casa de Gobierno.
El gobernador debería aprovechar este fin de semana para definir qué quiere hacer con su gestión, lo que implica decir qué quiere hacer con el rumbo de la provincia. Asimismo, debería tomar nota que no sólo los ciudadanos se cansaron de su estilo político, sino que muchos de sus colaboradores también están saturados. La semana que se inicia dará las claves del marco de alianzas y del poder real de decisión de un gobierno que a poco de nacer, ya era viejo; ya sea por sus limitaciones o por sus condicionantes. O mejor dicho, que decidió envejecer a la par de las ilusiones de los mendocinos.