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Notas
La soledad del jaquismo: una decisión antes que una circunstancia
Muchos peronistas con responsabilidades dicen que el gobierno eligió quedarse solo. Frente a esa situación, el cambio de gabinete lejos de aliviar la crisis, la profundizó. Ante la quita de avales propios, hay un opositor que se ofrece para un diálogo incierto: Alfredo Cornejo.
Tras la derrota electoral, el gobierno de Celso Jaque volvió a perder una oportunidad inmejorable: la de oxigenar su gabinete y la de rearmar su contexto de alianzas internas y externas necesarias para solidificar el ejercicio del poder.
Lejos de eso, Jaque se recluyó en un inentendible mutismo, ratificó la continuidad del cuestionado secretario general de la Gobernación Alejandro Cazabán y produjo solo dos modificaciones “cantadas” en su gabinete: la de Iris Lima y Guillermo Migliozzi, responsables de gestiones más que módicas.
Sin ninguna capacidad de reacción y aprisionado por compromisos preexistentes, Jaque decidió profundizar aún más el encapsulamiento de su administración al proponer -sin ni siquiera el consenso de sus propios partidarios y aliados- los nombres de los reemplazantes: Raúl Mercau y Carlos López Puelles.
Vale como ratificación de lo dicho la manera en que se dieron a conocer los nombres de los nuevos ministros. Entre gallos y medianoche, eligiendo a los destinatarios del anuncio, a través de mensajes de textos que los propios intendentes peronistas recibieron con más indignación que asombro.
Con ese gesto, Jaque terminó dinamitando la escasa confianza que sus actos aún tenían en la tropa propia: los intendentes, los legisladores del PJ, la dirigencia partidaria, el frente sindical, sus ex socios del sector Azul y en particular, quienes responden al jefe comunal de San Rafael Omar Félix.
Los sureños se habrían reunido este fin de semana –asado de por medio- para analizar los alcances de la derrota del PJ y los pasos a seguir, tanto en relación al gobierno provincial como de los futuros posicionamientos. No se descarta que allí también se hubiera evaluado la postura a tomar en lo que hoy parece ser el frente más complejo (y de resultado incierto) para el jaquismo: la sesión secreta para aprobar el pliego del postulado para conducir la DGE.
Con la gente de Félix y el resto de la amplia gama de actores principales del peronismo mendocino, Jaque quedó mal. O mejor dicho, eligió quedar mal; pues recibió las suficientes señales, muchas de ellas públicas, que tras la debacle del 28 de junio, querían modificaciones de personas y rumbos para el gobierno provincial. Nada de eso sucedió, se ratificó lo hecho, sólo se corrigió aquello que desde hace más de un año tenía falencias, y se recurrió a funcionarios que no amplían el marco de alianzas políticas, sociales o económicas que se expresan en un gabinete, si no que se lo achicó.
En el entorno del gobernador hay quienes están mirando con preocupación estos movimientos que se atribuyen a “un estilo” del propio Jaque. Creen que es necesario, de alguna forma, demostrar amplitud y reestablecer alianzas que permitan liderar, incluso más allá de un “diálogo político” atado a las formalidades.
Pero la constatación de la soledad se puede percibir en el diálogo con la dirigencia del PJ. Incluso, por estos días, un encumbrado intendente peronista analizaría retirar del gobierno provincial a funcionarios que le responden directamente. Como muchos en el propio oficialismo, cree que la suerte de este gobierno está echada y que permanecer a su lado sólo es contraproducente.
Por otra parte, desde la CGT han emitido un duro y crítico documento y hasta hay quienes especulan que en sintonía con el pedido de Omar Félix, que Rubén Miranda debería renunciar a la presidencia partidaria que todavía no asume.
Así, un gobierno debilitado por sus propias ataduras, profundizadas por la contundente derrota electoral, y que además lejos de cerrar filas, se ha encerrado en sus reiterados errores, perdiendo por ello algunos aliados internos, necesita –imperiosamente- avales.
Esa lectura parece haberla realizado el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, quien se muestra dispuesto a construir algún puente con el jaquismo, aún a pesar de algunas opiniones en contrario que tanto desde el CONFe como desde el radicalismo ha recibido.
Lo cierto es que durante las últimas semanas, Cornejo habría mantenido encuentros reservados con algunas primeras figuras del gobierno, en donde además se habría conversado la posibilidad del necesario acuerdo que el oficialismo necesita para sus futuros exámenes: la aprobación de los pliegos de López Puelles en la DGE y del próximo fiscal de Estado.
Sin apoyo interno, y jugado a mantener los modos y las formas que lo llevaron a la derrota, Jaque se encamina a recorrer la peligrosa senda de quedar a expensas de lo que negocie, acuerde o ceda a la oposición. Claramente, y de persistir en su elección, a la debilidad actual le sumará la del inexorable paso del tiempo, esa que día a día le juega en contra: especialmente cuando en breve traspase ya la mitad de su mandato.
Los sureños se habrían reunido este fin de semana –asado de por medio- para analizar los alcances de la derrota del PJ y los pasos a seguir, tanto en relación al gobierno provincial como de los futuros posicionamientos. No se descarta que allí también se hubiera evaluado la postura a tomar en lo que hoy parece ser el frente más complejo (y de resultado incierto) para el jaquismo: la sesión secreta para aprobar el pliego del postulado para conducir la DGE.
Con la gente de Félix y el resto de la amplia gama de actores principales del peronismo mendocino, Jaque quedó mal. O mejor dicho, eligió quedar mal; pues recibió las suficientes señales, muchas de ellas públicas, que tras la debacle del 28 de junio, querían modificaciones de personas y rumbos para el gobierno provincial. Nada de eso sucedió, se ratificó lo hecho, sólo se corrigió aquello que desde hace más de un año tenía falencias, y se recurrió a funcionarios que no amplían el marco de alianzas políticas, sociales o económicas que se expresan en un gabinete, si no que se lo achicó.
En el entorno del gobernador hay quienes están mirando con preocupación estos movimientos que se atribuyen a “un estilo” del propio Jaque. Creen que es necesario, de alguna forma, demostrar amplitud y reestablecer alianzas que permitan liderar, incluso más allá de un “diálogo político” atado a las formalidades.
Pero la constatación de la soledad se puede percibir en el diálogo con la dirigencia del PJ. Incluso, por estos días, un encumbrado intendente peronista analizaría retirar del gobierno provincial a funcionarios que le responden directamente. Como muchos en el propio oficialismo, cree que la suerte de este gobierno está echada y que permanecer a su lado sólo es contraproducente.
Por otra parte, desde la CGT han emitido un duro y crítico documento y hasta hay quienes especulan que en sintonía con el pedido de Omar Félix, que Rubén Miranda debería renunciar a la presidencia partidaria que todavía no asume.
Así, un gobierno debilitado por sus propias ataduras, profundizadas por la contundente derrota electoral, y que además lejos de cerrar filas, se ha encerrado en sus reiterados errores, perdiendo por ello algunos aliados internos, necesita –imperiosamente- avales.
Esa lectura parece haberla realizado el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, quien se muestra dispuesto a construir algún puente con el jaquismo, aún a pesar de algunas opiniones en contrario que tanto desde el CONFe como desde el radicalismo ha recibido.
Lo cierto es que durante las últimas semanas, Cornejo habría mantenido encuentros reservados con algunas primeras figuras del gobierno, en donde además se habría conversado la posibilidad del necesario acuerdo que el oficialismo necesita para sus futuros exámenes: la aprobación de los pliegos de López Puelles en la DGE y del próximo fiscal de Estado.
Sin apoyo interno, y jugado a mantener los modos y las formas que lo llevaron a la derrota, Jaque se encamina a recorrer la peligrosa senda de quedar a expensas de lo que negocie, acuerde o ceda a la oposición. Claramente, y de persistir en su elección, a la debilidad actual le sumará la del inexorable paso del tiempo, esa que día a día le juega en contra: especialmente cuando en breve traspase ya la mitad de su mandato.