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Notas

El gobernador se salió del libreto

El oficialismo había destinado a Celso Jaque a un lugar casi protocolar en la campaña. Sin embargo, ha decidido jugar fuerte aunque ello tenga consecuencias. El jaquismo especula que si el PJ gana, la victoria no puede ser solo de sus candidatos. ¿La oposición habrá tomado nota?
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Una de las particularidades de la cuenta regresiva hasta el 28 de junio ha sido la estrategia del PJ que no sólo partió en punta a posicionar a sus candidatos, sino que además se encargó de intentar despegar rotundamente a la dupla Adolfo Bermejo-Omar Félix de la gestión provincial.
Hasta en el mismo peronismo están convencidos de que la figura de Celso Jaque resulta un poderoso freno a cualquier aspiración electoral, y conforme a esta mirada, se estableció un diseño de campaña en el que los intendentes de Maipú y San Rafael fueran presentados per se, y no como “los candidatos del gobernador”.

Esta concepción conformó a los aspirantes justicialistas al Parlamento nacional pero no llenó del todo las expectativas del propio Jaque y su entorno. El gobierno, y especialmente algunos de sus ministros emblemáticos, cree que en la actitud de Bermejo y Félix hay mucho de ingratitud hacia el gobernador; sin embargo, aceptó a regañadientes la idea de “esconder” a Jaque.

A poner la cara. El núcleo duro del jaquismo estima que si hoy el PJ es gobierno en la provincia es –básicamente- por la perseverancia y la entrega que Jaque puso en la campaña anterior, lo que hizo que fuera capaz de revertir, en su momento, una tendencia adversa en las preferencias del electorado.

Bajo esa idea, sustentada en tiempos mejores alejados de los inmensos problemas que posteriormente tuvo Jaque a la hora de la gestión, es que el jaquismo decidió, sin romper con sus candidatos, salir a mostrar lo que consideran es una administración maltratada por los medios.

La polémica campaña “lo dicho y lo hecho”, no sólo apunta a contrarrestar la instalada frase “Jaque miente”, sino también a dar una plataforma de sustentación a las chances del PJ. Aunque el razonamiento oficial (y cualquier lógica política) indique que no puede haber candidatos oficialistas que no defiendan la gestión que representan.

Por eso, esta semana, Jaque dio dos señales contundentes que a todas luces indican que no está conforme con el rol que se le asignó en la campaña. El gobernador no quiere ser el número uno del protocolo y que una vez pasado el acto oficial deba volver a su despacho a continuar con sus tareas. Por el contrario, decidió jugar fuerte en la campaña, aún a riesgo de ofrecer blancos fáciles para la oposición y hasta el enojo de la tropa propia.

Así, no solo se mostró con Bermejo en una inauguración, sino que además confrontó con la Legislatura que no se quiere prestar para avalar un acuerdo por la reforma constitucional y la modificación de algunos aspectos del funcionamiento del Poder Judicial, que la oposición ha tildado de oportunista y electoral.

Consecuencias de la audacia. En la avanzada del gobernador hay mucho de autoestima herida, pero también la necesidad de recuperar un rol protagónico que en escasísimas ocasiones durante su mandato Jaque ha tenido. Su ataque contra el Poder Legislativo incluso generó la incomodidad de sus primeras espadas, el titular de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús y del propio vicegobernador Cristian Racconto, quienes además vieron cómo esta polémica se producía casi en simultáneo con la aprobación en Diputados de más de cien millones de pesos para obras. Una vez más, la realidad se encargó de desmentir al gobernador que había acusado a los legisladores de no querer trabajar.

Sin embargo, esta salida del libreto del jaquismo también implica una fuerte señal hacia la interna partidaria, que creía haber encontrado un rol, un lugar y un tono para el gobernador, y se está dando cuenta que en política nadie está fuera de combate por más que los diarios compitan por dar sus obituarios.

En ese sentido, los propios candidatos peronistas se han mostrado ecuánimes y equilibrados frente a Jaque. En público, admiten que no les “consta” que el gobernador tenga mala imagen y que aquí lo que está en juego no es la gestión provincial sino la defensa de un modelo que se identifica en los modos discursivos del kirchnerismo.

Es por ello que superada la fase de la instalación, ahora evalúan reforzar las piezas publicitarias con frases que actúen en un doble sentido: esbozar lo que se quiere hacer en el Congreso, y proponer otros ejes sobre la base de ideas y propuestas que pongan la discusión en el futuro y no en el pasado.

Lo más atractivo del caso es que en el propio Poder Ejecutivo se han visto sorprendidos por el efecto causado y por ver al gobernador una vez más en el centro de la escena, tomando la iniciativa y marcando la agenda política. Un panorama que desde hace tiempo no sucedía, ya que su última (y cuestionada) aparición protagónica fue para el discurso ante la Asamblea Legislativa el 1 de mayo. Es decir, hace casi un mes.

Por ello es que en Casa de Gobierno se han sucedido algunos encuentros informales y no tanto, tratando de profundizar este nuevo modo que puede tener derivaciones insospechadas tanto hacia dentro como hacia fuera del oficialismo. Incluso hasta se evaluó la posibilidad de reforzar ese perfil con alguna entrevista periodística en la edición dominical de algún matutino que consagrara –definitivamente- que Jaque no sólo no se esconde, sino que además, quiere defender su gobierno aún en plena campaña electoral.

La jugada, de altísimo riesgo, supone enfrentar el miedo mayor de los candidatos del PJ: que pese a lo que indican algunos encuestadores, la imagen negativa de Jaque termine transfiriéndose y amalgamándose con la de Félix y Bermejo, pues de lo que se discuta sea de la gestión provincial. Y aunque esto no sea lo acordado inicialmente, está claro que una cosa es la previa y otra, muy distinta, la campaña en sí.

El mundo de las encuestas. Tal envalentonamiento oficial que incluye la decisión del gobernador de jugar fuerte tiene que ver con la lectura de algunas encuestas que número más, encuestador menos, están hablando al día de hoy de una elección pareja. Una fotografía a cuyo análisis hay que agregarle un porcentaje de indecisos –promedio- de casi el 20% en un proceso que ni siquiera aún está en su clímax.

En cualquiera de los casos, la premisa que impera en el jaquismo es la de la tarea colectiva. En Casa de Gobierno quieren que cualquiera sea el resultado de las elecciones, se gane o se pierda, la responsabilidad sea compartida. Así como se cree que si el oficialismo pierde será por Jaque, aquí en caso de ocurrir una victoria, tampoco puede haber ganadores sin Jaque, razonan.

La apuesta al protagonismo del gobernador en la campaña supone un desafío para aquellos oficialistas que habían apostado a algo así como una “construcción vergonzante”, el jaquismo sin Jaque; pero también para aquellos opositores que pese a creer que todo está a pedir de boca, no dejan de pensar en el fantasma del pasado, cuando –casi en soledad- la figura del malargüino se alzó con un triunfo inesperado.

Los radicales juran que no tienen tanto dinero para la campaña y que recién después del 27 de mayo tendrán una presencia masiva, especialmente en televisión. Aunque pese a esto haya quienes desde adentro critiquen cierto tono light que creen ver en el conjunto y que –dicen- no está acorde con la actitud de un opositor. Mucho menos de un retador que va por la revancha.

Los demócratas están más que entusiasmados por sus performances en elecciones legislativas anteriores y por el alto conocimiento que tiene su candidato a diputado nacional, Omar De Marchi (aunque lo mismo sucede con el senador radical Ernesto Sanz).

La confusión se agiganta, en términos generales, cuando el PJ tiene buena respuesta al confrontarse la intención de voto por partido; o cuando por ejemplo, en la comparativa de candidato a candidato, las mujeres radicales (Laura Montero y Mariana Juri) tienen más aceptación y conocimiento que sus pares justicialistas y demócratas. Aunque esto, en ninguno de los casos, solucione la incertidumbre que genera toda elección y el final abierto que constituyó el escenario del 2007.

Han pasado casi dos años de aquellos días. Y así como el gobernador quiere recuperar aquella mística para que cualquier consideración sobre su gestión no lo deje afuera de la toma de decisiones en su propio gobierno y en su partido, sólo los votantes saben cómo la realidad incidirá en un voto que no siempre se rige por tantos detalles y que a veces también se deja llevar por una frase mágica de campaña.