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Notas

"Los hombres somos de madera húmeda"

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Don Luis amplió mi vocabulario.  Con él comprendí que los hombres somos de madera húmeda y palabras tan viriles como garlopa, serrucho, formón, encolar. Don Luis hizo toda la carpintería de mi humilde casa, incompleta. Don Luis era algo así como un anarquista de la carpintería: nunca nos entregó las puertas de los placares, los marcos se ajustaron solos, la banderola no tenía que cerrar y no cierra. Prefería, entiendo ahora, dejar que la naturaleza se manifestara en las cosas, entonces si un árbol no es recto porque debían serlo las patas de una silla,  si la madera es áspera a qué fingir lijando. 

Para que los muebles encargados a Don Luis fueran de a poco entrando en mi humilde casa empecé a mentirle a mi mujer que en un punto ya dudaba de mi hombría. Ella decía, por ejemplo, apuesto a que te pide plata y no te entrega nada. Yo iba, volvía sin plata y sin mueble, pero decía no lo encontré al tipo, te juro, negra. Justamente, cuando vi que ya no podía controlar mi relación con Don Luis comprendí que mi matrimonio no andaba. Si tu mujer no puede entender que entre nosotros los hombres la verdad no existe, si pretende que frente a otros hombres vos seas diferente, es porque no te entiende y es mejor dejarla en manos de la desilusión que aceptará sin reclamo de manos de cualquiera. 

El olor de la madera, en todo caso, me sigue fascinando y ahora sé que el amor produce la misma sensación que cientos de astillas de pinotea penetrando una vieja campera en invierno, mientras un tipo te sirve el peor de los mates de tu vida y vuelve a contarte la historia de la suya.