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Notas

Lo urgente, lo necesario y lo electoral

La campaña empieza a levantar temperatura y la política no logra diferenciar entre lo coyuntural y lo estructural. Mientras tanto, la realidad ni lerda ni perezosa, se cobra a cada paso tantas víctimas como las del Chacal.

La campaña empieza lentamente a tomar forma. Los afiches, las caminatas y el proselitismo in crescendo le van poniendo color a la meta del 28 de junio. Cada gesto y cada acto cuentan para que oficialistas y opositores busquen diferenciarse en todo momento. Aunque con ello no hagan más que reproducir conductas comunes, similares e intercambiables según de qué lado del mostrador se encuentren los protagonistas.

El oficialismo de hoy pide que no se haga campaña con los asuntos de la seguridad, aunque su eje de campaña para llegar a la Gobernación haya pasado justamente por allí. La oposición de hoy impide una reforma constitucional, cuando antes la había avalado sólo porque cambió el titular del sillón de San Martín.

Hay una evidente incapacidad dirigencial para generar un paraguas de temas que puedan ser excluidos de la coyuntura electoral: ese período de tiempo donde todo se reduce al posicionamiento y al cruce de opiniones cargadas de acusaciones. Esta agenda inconclusa, que debería ser imprescindible y necesaria, se transforma en la misma piedra con la que los mendocinos venimos tropezando desde hace muchos años.

Ya sea por falta de lucidez o por especulación política, la mayor responsabilidad siempre la tiene quien gobierna: a él se le exige ser estadista. Sobre él cae la tarea de despegar estos asuntos de la coyuntura, elevar la mirada, generar consensos y establecer pautas de trabajo de largo aliento. Aunque claro, el ABC de la política también indica que todo tiene su tiempo.

Y el manejo de las oportunidades no es tal vez el fuerte de un gobierno que acuciado por su falta de gestión y su pobre posicionamiento público, tuvo que recurrir –aún a su pesar- a los grandes temas en plena etapa preelectoral para intentar marcar alguna diferencia. El gran riesgo: producir demasiado esfuerzo político que la fiebre eleccionaria descarte para otros tiempos y genere así  nuevas frustraciones.

Chau reforma constitucional; que venga la reforma judicial. Así, esta semana, pareció diluirse la posibilidad de avanzar sobre una reforma constitucional ante la negativa del Partido Demócrata y el condicionamiento de la UCR-CONFe a brindar aval a las intenciones oficiales. Un nuevo fracaso que habíamos adelantado que sucedería, ya que hace un mes, en el anuncio de esta idea, se advertía como inadecuada e inoportuna.

No contento con el revés, el gobierno duplicó su apuesta tal como había anunciado el gobernador Celso Jaque en su discurso del 1 de mayo. Esta vez intentando arremeter contra los que se consideran algunos privilegios de la corporación judicial: entre ellos, el congelamiento de la antigüedad de los jueces, el establecimiento de condiciones para la feria judicial y la instrumentación de evaluaciones periódicas para funcionarios.

Temerosos que la embestida termine transformándose en una nueva guerra santa como las que debieron librar Roberto Iglesias y Julio Cobos contra los jueces, en el gobierno abren todos los paraguas. Dicen que se tomaron en cuenta aportes de la Corte Suprema, que lo que se busca es el consenso y que estos cambios son un necesario aggiornamiento para la Justicia.

Sin embargo, se descuenta que la corporación judicial pondrá algunos reparos a la iniciativa, cuando no una férrea oposición que no haría más que enrarecer aún más la relación entre ambos poderes: el Ejecutivo y el Judicial. Todo ello, además, con la mirada pendiente en lo que con este tema suceda en el otro poder involucrado.

La Legislatura deberá recibir y tratar este tema. Uno más de carácter trascendente que se mezcla con la previa electoral. El gobierno, que por una ventanilla le pega a la oposición, por la otra debe sentarse a pedir acuerdos legislativos, con lo cual la estrategia se torna algo más que confusa.

Estrategias diversas. Contra esta lógica de la desesperación y la paciente inercia deben pelear los candidatos del PJ. Ya se han advertido suficientes ejemplos de diferenciación electoral entre el tándem Omar Félix-Adolfo Bermejo y el gobierno provincial. La estrategia apunta a restringir el margen de acción de Jaque en la campaña, aunque el gobernador no habría aceptado con sumo agrado esa sugerencia.

Por más que se muestre enfrascado en la gestión, y le lluevan los mensajes de prescindencia, Jaque también entiende –acorde al espíritu kirchnerista- que esta es una elección plebiscitaria. Si bien a él no le han pedido ninguna participación de corte “testimonial”, sabe que los mendocinos al momento de emitir su voto tendrán un ojo en su gestión. Justamente lo que Félix y Bermejo no quieren, o al menos tratan de evitar.

La entente radical-cobista todavía está calentando motores. No se ha lanzado de lleno y ni siquiera parece inmutarse ante las posibles transgresiones de la ley electoral que el oficialismo habría incurrido al llenar la ciudad de afiches, gigantografías y spots radiales y televisivos.

Con un dejo de suficiencia, creen que no es necesario forzar la máquina para obtener un resultado favorable. Y que en el caso de ser necesario, harán valer en el tramo final, lo que consideran su carta ganadora: Julio Cobos. Por lo pronto, se concentran en sellar las bases de un acuerdo todavía muy fresco y en marcar las falencias de una gestión que les ha permitido tanto la reunificación como las críticas.

Entre tanto, en el entorno del vicepresidente se muestran en estos días más preocupados por la parodia de José María Listorti en el Gran Cuñado de Marcelo Tinelli, que de las dificultades que podrían hallar en el camino electoral. Eso sí, hay algo que les preocupa: la posibilidad que la disputa habilite más episodios de la denominada “campaña sucia”, que esta semana sumó la denuncia contra el senador cobista Alberto Gómez.

Frente a ese escenario admiten que las condiciones se modificarían sustancialmente, aunque confían en la palabra de los candidatos del PJ quienes les han expresado que la campaña circulará por los carriles normales. Eso quiere decir pelea, pero no agravios personales o daños al honor. Lo que se dice, “los códigos de la política”.

Si el violador viola, todos podemos violar. Mientras todo esto transcurre, una provincia entera se muestra conmovida por las andanzas de un padre violador, ahora con trascendencia nacional e internacional. Su caso, dicen algunos frecuentadores de los expedientes judiciales y de las condiciones de miserabilidad de la Mendoza oculta, no es tan excepcional como se podría suponer.

En aquellos lugares donde el hacinamiento y la promiscuidad son el necesario complemento de la pobreza, los vínculos enfermos, el incesto y las condiciones de semiesclavitud hacen germinar a otros tantos todavía anónimos chacales. En esa perversión social, más allá de la propia de este infeliz, es donde parece que los efectos de las campañas no llegan.

Muchas veces, ni siquiera las del propio Estado que ha visto cómo este caso ha puesto en crisis sus métodos y protocolos. Y junto con ellos, la red de prevención y contención de niños y adultos víctimas de un ser enfermo al que el propio ministro de Justicia y Seguridad, Carlos Ciurca, decidió exponer antes las cámaras de tevé sin ningún recaudo ya sea para garantizar tanto la identidad de los afectados como su propia integridad.

Frente a estos mazazos de realidad, la puja electoral parece un juego lejano y extraño que se conecta sólo cuando las promesas de lo estructural se abren paso entre la coyuntura. Mientras eso no suceda, poco importará quien gane una elección si a la vuelta de la esquina la inacción de la política se cobra tantas pérdidas que trastocan el sentido de lo urgente y lo necesario.