Notas
Cómo impacta la muerte de Alfonsín en las aspiraciones de Cobos
De manera simultánea al hombre que se iba apagando y al mito que empezaba a nacer, la muerte de Raúl Alfonsín se convertía otra vez en el motor político de sus últimos deseos en relación a su partido, la Unión Cívica Radical, pero también –y de manera indirecta- trasladaba aquella seducción del ’83 al escenario actual de la vida nacional.
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Con sorpresa ante la espontánea reacción popular, en la UCR comprendieron al instante que el viejo líder había obrado con su partida un nuevo milagro: reconciliar a amplios sectores sociales con la política; reivindicar su vida, obra y gobierno; y finalmente, abrir una nueva instancia de alta expectativa para el futuro del centenario partido con Julio Cobos en el centro de la escena. ¿Podrá la UCR renacer de las cenizas? ¿Ese efecto se trasladará de manera rápida y directa a alguien en particular? ¿Será Cobos el portador de esa responsabilidad?
Relación indirecta. Dos sociólogos relataron para MDZ sus impresiones y la proyección del fenómeno. Enrique Bolatti y Alberto Isuani piensan parecido aunque diferente sobre el tema. Ambos se muestran escépticos a creer que la impronta de Alfonsín se traslade directamente a sus seguidores. Bollati estima que eso es así porque en primer lugar, no hay un heredero claro, y en segundo “porque la gente no asocia al Alfonsín radical con el radicalismo actual…”.
Isuani, por su parte, cree que “el legado de Alfonsín le llega a las buenas personas, y no todos los dirigentes políticos son buenas personas… a la gran mayoría le falta calidad humana”; pero fundamentalmente, además estima que la UCR no tiene “capacidad de gobernabilidad si el peronismo está en la oposición”.
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Con estas ideas como disparadores, ambos analistas reconocen sin embargo, el fuerte impulso que puede significar la muerte del líder y la asociación que se hace de Alfonsín como el hombre que cimentó la consolidación democrática. Es el mismo Isuani el que acota que –sin embargo-, “el único laboratorio de los políticos es la historia”, y en relación a este tema, es bueno bucear en el pasado.
De la terapia a las urnas. El efecto Alfonsín no fue el primero en su historia. Ya había usado esa veta en su epopeya del ’83 cuando derrotó a un peronismo que parecía imbatible. Años más tarde, y cuando los ecos de la polémica de su salida del poder se habían aquietado, especialmente en torno de la nueva década infame que significó el menemismo, Alfonsín volvió a ilusionar y con ello, mover la balanza a su favor.
En 1999, cuando en plena campaña electoral transitaba junto al gobernador de Río Negro, Pablo Verani, la ruta 6 que une Bariloche con Ingeniero Jacobacci, Alfonsín sufrió un grave accidente que puso su vida en peligro. El vehículo en el que viajaba perdió el control dando violentos tumbos. Su cuerpo fue despedido y quedó al margen de la ruta, malherido.
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La sensible fibra que unía el favor popular con la figura de Alfonsín se mostraba todavía en tensión y capaz de reaccionar ante un episodio de tales características, que obviamente, concluyó como casi todo en política: usándose de manera electoral.
Ahora, la reconciliación. Esta vez, con el deceso consumado y los hechos todavía frescos, la muerte de Alfonsín también parece haber dado pistas de la concreción de un panorama con capacidad para modificar el actual. Nuevamente su figura por vía de la nostalgia o del reconocimiento parece estar advirtiendo al electorado sobre aspectos ocultos o dormidos en la sociedad.
Sobre esto, Isuani estima que es probable que este fenómeno tenga una traslación, básicamente “por la tarea de los medios –que son los verdaderos constructores de la opinión pública- y están reclamando un liderazgo más democrático, más calmado y concertador que el modo crispado que exhiben los Kirchner”.
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Justamente, el propio Alfonsín había dado tanto indicios como indicaciones concretas sobre cuál creía debía ser el futuro inmediato del país, y dentro de ese escenario, el de los propios radicales. En su discurso grabado para el acto del Luna Park el 30 de octubre del 2008 (foto arriba), fustigó con su elegante oratoria al gobierno kirchnerista que se creía “dueño de la construcción del futuro la Nación sólo porque había ganado una elección” y reclamó –como siempre- diálogo. Pero no sólo entre el oficialismo y la oposición, “sino y especialmente entre la oposición”, remarcó.
Tal apuesta fue en consonancia con otras acciones que más tarde fueron saliendo a la luz como la articulación de un armado político con eje en la UCR pero que también se amplió a la Coalición Cívica de una ex dirigente radical, Elisa Carrió y al Partido Socialista del santafesino Hermes Binner. La movida reconoce el sello de las acciones de Alfonsín en la articulación de una fuerza de orientación socialdemócrata, que sin embargo, había reservado en secreto la sumatoria de una nueva pieza clave: Julio Cobos.
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A catalizar. Así como Carrió reconoció en declaraciones periodísticas que “ahora estamos todos juntos, los que nos fuimos y los que se quedaron, como él quería…” en alusión a Alfonsín, Cobos reconoció que la muerte del ex presidente iba a tener un efecto “catalizador” para el radicalismo.
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Bollati no cree que esto sea necesariamente así. “Todo dependerá de cómo lo maneje Cobos, que además no será candidato en las próximas elecciones. En Mendoza, la división es dura, pues el CONFe tiene las figuras y la UCR el territorio. Además, el 60 % de los encuestados creen que esa alianza es ‘trucha’”, dispara el analista.
Pese a ello, la población que se volcó de manera espontánea a las calles para dar el último adiós, también parece haber enviado un mensaje político en sintonía con las ideas de Alfonsín. Así se leyó al resaltar el consenso, el diálogo, la humildad, la honestidad, las formas republicanas, el federalismo y tantos otros argumentos de su trayectoria que parecen ser la contracara de Néstor y Cristina Kirchner.
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“Es probable que la sociedad argentina esté reclamando a sus dirigentes abandonar el sectarismo, el dogmatismo y el asilamiento”, dice Isuani, que consideró que la Concertación podía ser ese camino aunque a la vuelta de la esquina, “Kirchner se haya recostado en el pejotismo”.
Sin embargo, fue el propio presidente del partido, el senador Gerardo Morales, quien ante el féretro de Alfonsín expresó que esas eran horas de “pesar, pero también de optimismo”, pues –aseguró- “en Argentina renació un sentimiento”. Para ser más explícito aún, agregó que “nuestro desafío está en cómo administrar ese capital social” que el desfile incesante de personas pareció simbolizar e igualar a la credibilidad recuperada en pos de un futuro éxito electoral.
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En tono de ofrenda hacia Alfonsín, Morales expresó que su partido estaba en condiciones de encarnar ese desafío ya que “como pueblo tenemos proyectos, el proyecto que él encarnó”.
A su término, el propio Cobos pareció responderle no sólo con la coincidencia en la figura del líder fallecido, “un gigante de la democracia, el presidente de todos”, sino también en su lapidaria frase que parece coronar cualquier especulación interna: “nos encontraremos cuando la República nos necesite”. ¿Habrá llegado ese momento?
Una foto. Si algo faltaba para expresar la síntesis del coqueteo de los hijos peleados que se reúnen frente a la tumba de su padre, fue la imagen de un núcleo importante de dirigentes del partido caminando del brazo y eslabonando una compacta hilera rumbo a la Recoleta. (ver video)
Aquellos afectos a los símbolos no podrán dejar de observar la ubicación de Cobos al centro de una formación que integraban, entre otros, Marcelo Stubrin, Facundo Suárez Lastra, Ernesto Sanz y el propio Víctor Fayad, que además tenía la particularidad de los hombres ubicados a los flancos del vice. A la derecha, el presidente partidario Gerardo Morales; a la izquierda, el influyente bonaerense Federico Storani. Fue corto el duelo: la unidad radical ya estaba en las calles y caminando.
Isuani analiza que “Cobos tiene buena imagen pero no una estructura política sólida que bance la gobernabilidad”. Tal vez la UCR, que se asienta en sectores medios y urbanos pueda ampliar su base de sustentación, pero ¿cómo actuará el PJ en el caso de que los radicales vuelvan al poder? “Moyano pedirá el 500 % de aumento en vez de atajar los paros y es muy probable que actúe de la misma manera que actuó con Alfonsín, con Illia y De la Rúa”, estima el analista.
Como ensayo o como mero preludio de lo que vendrá, el radicalismo pareció absorber rápidamente la insistencia del bienamado padre y devolvió –al menos en sus exequias- una imagen que ilusionó a quienes vieron la compacta formación sobre la avenida Callao. Los presentes arengaban a los dirigentes y aplaudían al Cobos que alguna vez fue díscolo, pero que ahora participaba de los ritos, la congoja y el desafío con la misma enjundia que sus correligionarios que se atrevían a mostrarse en su compañía sin miedo a ser tildados de traidores.
¿Y en Mendoza, qué? En Mendoza, el efecto Alfonsín también parece tener su claro correlato, donde las insistencias internas, que tanto desde el partido de Cobos como desde la misma UCR pugnaban por hacer cada vez más complejo el escenario de un probable acuerdo y parecieron ceder ante la recuperada retroalimentación que –ya muerto- el ex presidente volvía a generar con la gente.
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A última hora del miércoles, MDZ adelantó el borrador de un acuerdo que podría ser la llave capaz de destrabar casi todo, convirtiendo al reencuentro en una clara opción de poder frente al gobierno de Celso Jaque, que ha basado gran parte de su estrategia en procurar el desacuerdo radical.
Sin embargo, Bollati cree que la UCR local es eminentemente “cobista” y estima que si la unificación se produce “van a pagar la factura por los platos rotos en el pasado”. Insiste en que el efecto Alfonsín y su correlato hacia Cobos “no va a influir particularmente, pero de todas formas, en una o dos semanas te cuento…” dijo como abriendo el paraguas.
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Si finalmente se logra una lista consensuada, pero que respeta el liderazgo de Cobos, y que a su vez es capaz de evitar una interna furiosa y llegar al 28 de julio con una poderosa herramienta electoral, el radicalismo recuperará el centro de la escena mendocina. Por más que eso solo no alcance para ganar una elección que más contra la gestión de Jaque deberá apuntar a derrumbar el peso territorial de los intendentes del PJ.
Si así fuera, un nuevo milagro podrá adjudicársele a Raúl Alfonsín, quien no solo recuperó el fervor de un partido desperdigado, sino que también y como en la parábola bíblica, hizo hablar a los mudos, oír a los sordos y ver a los ciegos.
FOTOS: Nacho Gaffuri









