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Notas

La Penitenciaría, con bichos

Así describen al Zoológico algunas personas que conocen los manejos de los cargos políticos. La dirección del Zoo, como lo fuera la de la cárcel en otros tiempos, es un premio menor. Que queda en manos de figuras menores. La necesidad de que mejore la gestión en esos rincones olvidados del Estado mendocino.

El sistema político mendocino mostró la hilacha esta semana y no hizo falta para ello una gran investigación judicial o periodística. Fue un ciudadano cualquiera el que con una cámara de video recorrió los prados del Zoólogico provincial hasta encontrarse  sin demasiado esfuerzo con un cementerio de animales a cielo abierto. Un tétrico lugar casi de ficción, al alcance de  la mano de niños y familias. Un espectáculo de la decadencia.

Tan concluyentes son las imágenes que MDZ primero y luego un coro de medios difundió, que sus consecuencias en el mundo de los políticos son inevitables.

Luis Böhm, secretario de Turismo y responsable máximo del Zoo, parece desde entonces haber perdido el aura que lo diferenciaba de buena parte del Poder Ejecutivo.

El peronismo de la Capital está en crisis: el secretario de Turismo era una voz respetada allí, hasta que el video del zoo tomó repercusión pública y le comenzó a restar entidad.

Y los justicialistas capitalinos están desmoralizados, ya que creen que de este episodio no van a lograr salir y harán (en un territorio siempre hostil para el PJ) una de las peores elecciones de su historia.

¿Por qué de repente se vino el mundo abajo para toda esta gente? Vamos a tratar de explicarlo en las siguientes líneas.

Comparaciones odiosas. Los periodistas de MDZ estuvimos preguntando por qué pasó esto en el zoológico. Y algunas respuestas resultaron notablemente reveladoras. “Esto ocurrió porque el zoológico es como la Penitenciaría, pero con bichos”, nos dijo un hombre que conoce los tejes y manejes de las administraciones estatales.

¿Qué quiso decir con esta frase? Pues, ni más ni menos que el control del zoo es poco atractivo para la clase política, está desvalorizado, igual que la dirección de la cárcel. Y que por eso allí van a parar aquellos dirigentes a los que no se los puede ubicar en otros cargos más importantes.

Lo mismo ocurría con la vieja cárcel mendocina de Boulogne Sur Mer hasta hace poco tiempo. Por su administración pasaron en los últimos años montones de “directores políticos” que procuraron tener una estadía fugaz, para que el antecedente no los marcara de por vida. A muchos los empujaron a irse, en medio de escándalos y tragedias. Ninguno de ellos es una figura relevante de la política actual.

Para colmo, las muertes, en este caso humanas, y otros desastres recurrentes de ese penal, obligaron a entregar todo el sistema carcelario mendocino a una intervención federal. Un claro fracaso de los políticos mendocinos que estuvieron allí y de quienes estaban más arriba también. Eso ocurrió durante la gestión de Julio Cobos y continúa en la de Celso Jaque.

La cárcel con bichos. La “Penitenciaría con bichos” es muy parecida en muchos aspectos a la cárcel para humanos. Aunque hasta esta semana no había ofrecido un perfil tan escandaloso. Con sinceridad brutal, algunos peronistas capitalinos confesaron que el Zoo es de aquellos puestos del Estado que sólo sirven para pagar la lealtad o el trabajo político de los dirigentes que ayudaron en la última campaña. Son puestos que nadie pide a gritos, pero que al político de turno le sirve para mantener alimentada a la tropa.

En consecuencia, últimamente, como administradores del Zoológico han recalado figuras totalmente menores, no necesariamente mal intencionadas, pero con seguridad, faltos de experiencia o técnica para manejar el sitio del Estado que les han confiado.

Nunca nadie ha pensado en Mendoza en optimizar estas áreas, por ejemplo, con un llamado a concurso para el director del Zoológico. Los políticos se conforman con tener ese puestito de director a la mano para utilizarlo llegado el momento y dada la ocasión.

Por eso allí logró recalar Oscar Ramírez, un político barrial de larga experiencia en campañas, y hasta en una banca departamental. Funcional desde hace mucho tiempo a su jefe político, Luis Böhm. Pero (como muchos reconocen por lo bajo) poco preparado para la tarea que le iban a encargar.

Desidia y negocio. Quizás nadie tampoco piensa que estas desidias y mediocridades le pueden explotar en la cara, como ocurrió esta semana con el cementerio de animales que captó un simple ciudadano con su cámara de video.

Sin embargo, está bueno que ocurra: quizás la exposición del vientre abierto de la política, sus hilachas y miserias, sirvan para empezar a cambiar algunos métodos.

Los políticos en realidad son convidados de piedra en los lugares del Estado como la Penitenciaría y el Zoológico, donde, si hubiera mayor interés en hacer una buena gestión, habría que tener virtudes como la capacidad de administración y la moralidad, entre otras. Los que allí controlan todo son los empleados y agentes penitenciarios que llevan años lidiando con los problemas de estos sitios olvidados.

Por otro lado, tanto en la cárcel de personas como en la de los animales, hay muchas oportunidades de hacer negocios. Y gente que los hace desde hace mucho tiempo, sin que los administradores políticos hayan logrado cortar la cadena.

El negocio de la carne para alimentar presos (una vieja denuncia de un hombre honesto que pasó por la dirección de la cárcel); parece tener su correlato "animal" en los curiosos convenios de canje y cesión de animales caros que se realizan en el Zoológico Provincial, según también reveló este diario.

En resumen: al amparo de una clase política que no puede y en casos no quiere meterse en estos temas (incluso algunos animan el delito), todo sigue igual. Hasta que una simple camarita tira al abismo las especulaciones y amenaza a los políticos allí donde más les duele: las urnas.

Entonces la cosa se pone seria. Perder una elección (aunque sea en un concejo deliberante) por no disponer como corresponde los cadáveres de los animales que se mueren, es un precio muy alto. 

No podemos garantizarlo. Pero ojalá que el ejemplo del zoo sirva entonces para cambiar las cosas en las áreas del Estado olvidadas, que lo necesitan.

Aunque más no sea por el instinto de supervivencia que muchos políticos tienen.