Notas
La democracia como simulacro
Gendarmes que pasean por el microcentro para dar “sensación” de seguridad y así combatir el delito; tarifazos “flojos de papeles” en los que el Gobierno hace suyos los argumentos de las empresas; candidaturas pensadas para ganar pero no para ejercer: algunos de los síntomas de un sistema en el que sus propios dirigentes se encargan de degradar el rol del Estado y la voluntad popular.
En los últimos días hemos visto azorados cómo en el plano local y también en el nacional lo que parece ser, no lo es: reina la apariencia, la vaguead de dar una imagen, una sensación que hace que un político sea bien visto ante los medios y pueda generar ese voto de confianza que lo mantenga a flote en las encuestas, único escenario donde parece definirse un proyecto o una gestión.
Si algo se espera de una democracia es el establecimiento de un vínculo sincero, que sea capaz de expresar las necesidades pero también los anhelos de una sociedad. Pero, de un tiempo a esta parte, nuestros dirigentes no han hecho más que degradar ese vínculo, y por ende, situarnos en una democracia de baja intensidad, que orilla la formalidad, pero que en escasos momentos alcanza el estadio de lo real.
Sin embargo, tal vez lo más peligroso no sean estas audaces iniciativas, sino el peligroso pensamiento que esconden: el de la subestimación de los ciudadanos quienes son los que en definitiva deberían ser los mandantes de nuestros políticos, a su vez, guardianes del bien común.
La simulación, el engaño, la mentira usados con desparpajo e impunidad terminan volviéndose un absurdo que no es ni más ni menos que la medida de nuestra inmadurez. Y como muestras, algunos ejemplos.
Gendarmes en la Peatonal. El gobierno provincial, en su afán por desenredar la madeja en la que se envolvió solo, al hacer de la seguridad el eje de su campaña electoral, no ha dado en todo este tiempo pie con bola. Reiterativo sería enumerar sus desaciertos, pero no analizar su última “invención”: la llegada de Gendarmería Nacional.
La idea, implementada también en el último tramo del gobierno de Julio Cobos, fue duramente criticada por el entonces candidato del PJ, Celso Jaque. Lo cierto es que mientras la misma órbita nacional (a través incluso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner), reconocía que la incidencia del delito en Mendoza se igualaba con la del Gran Buenos Aires, los gendarmes volvieron a escena.
Duros en apariencia, su andar se notó en el microcentro, pero recién tras la muerte del taxista Tomás Laporte, un incidente que volvió a sacudir los cimientos del gobierno provincial, desde el ministerio de Seguridad salieron a decir que iban a “saturar” con gendarmes los denominados barrios conflictivos. Casualmente, uno de ellos, el escenario del asesinato el chofer.
Pero hasta ese momento, la abundante difusión de la llegada de Gendarmería y su actuada distribución en la ciudad, parecía indicar que la idea no apuntaba tanto a la prevención del delito, sino y especialmente, a una teatralizada acción de marketing político subvencionada por la Nación como premio a la obediencia sin límites del gobernador a los designios de la Casa Rosada.
Tarifazo en varios actos. La gran simulación de la semana la constituyó la polémica por el aumento de la tarifa eléctrica que el gobernador concedió a Edemsa, incluso sin prestar demasiada atención a lo establecido por el órgano de control, el Epre.
El aumento, casi un acuerdo con los concesionarios efectivizado por decreto, supone además una aberración jurídica pues convierte en deudores a todos aquellos que ya han pagado sus anteriores facturas de luz, pues se trata de un aumento dañosamente retroactivo.
Además, los argumentos oficiales (que en realidad parecen los de los empresarios que la gestión de Jaque hace suyos) pretenden que cada uno de los usuarios se haga cargo del riesgo de la gestión y la operación cuando se les pretende cobrar, por ejemplo, el robo de cables. ¿No debería ser esto un costo que la empresa tendría que saber cómo cubrir –ya sea mediante seguros o de la forma que sea- antes de cobrárselas a sus clientes?
Para colmo de males, desde funcionarios del Ejecutivo con el ministro de Infraestructura Francisco Pérez a la cabeza, hasta legisladores del oficialismo y algunos de la oposición, han hecho lobby para imponer esta suba que tal vez sea necesaria en virtud de las tarifas de otras provincias; pero que de ninguna forma se puede imponer de una manera tan confusa, con porcentajes tan extraordinarios, procedimientos que aparecen como legales pero no como legítimos y argumentos tan rebatibles.
Afortunadamente, lo lanzado de la propuesta y la reacción de la sociedad civil (no de su clase dirigente) ha puesto un límite que probablemente implique una reconsideración del proceso a fin de evitar mayor malestar social en el tramo final pre-eleccionario. Sin embargo, la movida dejó en claro las intenciones del Gobierno al pretender –sin más- legitimar las aspiraciones de los concesionarios, sin pararse a pensar en las urgencias de los mendocinos.
Candidaturas de papel. La habitualidad a la que nos ha confinado esta democracia de baja intensidad ha consagrado la lógica del trampolín. Allí, un cargo parece no ser para ejercerlo, sino para desde allí llegar a otro más apetitoso. Hasta a eso nos debimos acostumbrar en estos 25 años de democracia y en la próxima elección, seguramente aquellos que hace menos de dos años elegimos para una cosa, dejarán ahora su trabajo a medio hacer para tejer en otro lado.
Laura Montero puede dejar de ser diputada nacional para ser senadora nacional, Omar Félix y Adolfo Bermejo podrán dejar de ser intendentes para ser legisladores nacionales y otros tantos de casi todos los partidos saltarán de los concejos deliberantes hasta la Legislatura en alguno de los probables enroques. Incluso hasta el mismo vicegobernador Cristian Racconto aparece en la lista de su partido como primer senador nacional suplente… ¿Es que Jaque tiene miedo que Bermejo finalmente no asuma y por eso colocó allí a su segundo? Además, ¿tanto le molestó a Félix el manoseo en el tercer distrito como para amenazar con renunciar a su banca y a veinte minutos de la conferencia de prensa, dar marcha atrás?
Especulaciones al margen, se supone que una vez electos, los mendocinos renunciarán a sus actuales trabajos para pasar a ejercer en el que ahora postularon. Así lo hicieron miles antes, y lamentablemente, lo harán muchos más en el futuro.
Sin embargo, en una nueva picardía degradante de nuestra democracia, el oficialismo nacional ha inventado en la provincia de Buenos Aires (aunque parece querer extenderse a todo el país) otro tipo de candidaturas que se autoeliminarán en el mismo momento en el que termine el comicio. Son candidaturas de papel, efímeras, que tienen la única finalidad de atraer votos, pero no de postular para un nuevo cargo.
Es decir, y a diferencia de lo que se supone que harán Montero, Félix o Bermejo, estos kirchneristas gurkas prestarán su nombre para encabezar la lista del Frente para la Victoria bonaerense pero no piensan asumir, si el voto mayoritario decidiera elegirlos.
Este fraude por anticipado de la voluntad popular parece incluir al propio gobernador bonaerense, Daniel Scioli y a un grupo de intendentes que o no se animan a desafiar la decisión de Néstor Kirchner, o suponen que las instituciones son un rompecabezas fugaz que pueden armar y desarmar al antojo de sus juegos políticos.
Ellos mismos hablan de “candidaturas testimoniales”, un elemental eufemismo que muestra la desesperación que implica poner la cara para pedir el voto de un candidato que no es tal, sino sólo en las formas de la urgencia electoral.
Así, y mientras la dirigencia siga pensando en gobernar según la tapa de los medios (que en algunos casos ellos mismos pagan), haciendo suyos los argumentos de las corporaciones, o manipulando los representantes populares al inscribirlos no en listas de candidatos sino en patéticas listas de espera, la democracia seguirá enflaqueciendo.
O al menos siendo un pálido reflejo, un espectro, un simulacro que no porque se vote periódicamente será la expresión cabal de todos los que efectivamente en ella creen.
La idea, implementada también en el último tramo del gobierno de Julio Cobos, fue duramente criticada por el entonces candidato del PJ, Celso Jaque. Lo cierto es que mientras la misma órbita nacional (a través incluso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner), reconocía que la incidencia del delito en Mendoza se igualaba con la del Gran Buenos Aires, los gendarmes volvieron a escena.
Duros en apariencia, su andar se notó en el microcentro, pero recién tras la muerte del taxista Tomás Laporte, un incidente que volvió a sacudir los cimientos del gobierno provincial, desde el ministerio de Seguridad salieron a decir que iban a “saturar” con gendarmes los denominados barrios conflictivos. Casualmente, uno de ellos, el escenario del asesinato el chofer.
Pero hasta ese momento, la abundante difusión de la llegada de Gendarmería y su actuada distribución en la ciudad, parecía indicar que la idea no apuntaba tanto a la prevención del delito, sino y especialmente, a una teatralizada acción de marketing político subvencionada por la Nación como premio a la obediencia sin límites del gobernador a los designios de la Casa Rosada.
Tarifazo en varios actos. La gran simulación de la semana la constituyó la polémica por el aumento de la tarifa eléctrica que el gobernador concedió a Edemsa, incluso sin prestar demasiada atención a lo establecido por el órgano de control, el Epre.
El aumento, casi un acuerdo con los concesionarios efectivizado por decreto, supone además una aberración jurídica pues convierte en deudores a todos aquellos que ya han pagado sus anteriores facturas de luz, pues se trata de un aumento dañosamente retroactivo.
Además, los argumentos oficiales (que en realidad parecen los de los empresarios que la gestión de Jaque hace suyos) pretenden que cada uno de los usuarios se haga cargo del riesgo de la gestión y la operación cuando se les pretende cobrar, por ejemplo, el robo de cables. ¿No debería ser esto un costo que la empresa tendría que saber cómo cubrir –ya sea mediante seguros o de la forma que sea- antes de cobrárselas a sus clientes?
Para colmo de males, desde funcionarios del Ejecutivo con el ministro de Infraestructura Francisco Pérez a la cabeza, hasta legisladores del oficialismo y algunos de la oposición, han hecho lobby para imponer esta suba que tal vez sea necesaria en virtud de las tarifas de otras provincias; pero que de ninguna forma se puede imponer de una manera tan confusa, con porcentajes tan extraordinarios, procedimientos que aparecen como legales pero no como legítimos y argumentos tan rebatibles.
Afortunadamente, lo lanzado de la propuesta y la reacción de la sociedad civil (no de su clase dirigente) ha puesto un límite que probablemente implique una reconsideración del proceso a fin de evitar mayor malestar social en el tramo final pre-eleccionario. Sin embargo, la movida dejó en claro las intenciones del Gobierno al pretender –sin más- legitimar las aspiraciones de los concesionarios, sin pararse a pensar en las urgencias de los mendocinos.
Candidaturas de papel. La habitualidad a la que nos ha confinado esta democracia de baja intensidad ha consagrado la lógica del trampolín. Allí, un cargo parece no ser para ejercerlo, sino para desde allí llegar a otro más apetitoso. Hasta a eso nos debimos acostumbrar en estos 25 años de democracia y en la próxima elección, seguramente aquellos que hace menos de dos años elegimos para una cosa, dejarán ahora su trabajo a medio hacer para tejer en otro lado.
Laura Montero puede dejar de ser diputada nacional para ser senadora nacional, Omar Félix y Adolfo Bermejo podrán dejar de ser intendentes para ser legisladores nacionales y otros tantos de casi todos los partidos saltarán de los concejos deliberantes hasta la Legislatura en alguno de los probables enroques. Incluso hasta el mismo vicegobernador Cristian Racconto aparece en la lista de su partido como primer senador nacional suplente… ¿Es que Jaque tiene miedo que Bermejo finalmente no asuma y por eso colocó allí a su segundo? Además, ¿tanto le molestó a Félix el manoseo en el tercer distrito como para amenazar con renunciar a su banca y a veinte minutos de la conferencia de prensa, dar marcha atrás?
Especulaciones al margen, se supone que una vez electos, los mendocinos renunciarán a sus actuales trabajos para pasar a ejercer en el que ahora postularon. Así lo hicieron miles antes, y lamentablemente, lo harán muchos más en el futuro.
Sin embargo, en una nueva picardía degradante de nuestra democracia, el oficialismo nacional ha inventado en la provincia de Buenos Aires (aunque parece querer extenderse a todo el país) otro tipo de candidaturas que se autoeliminarán en el mismo momento en el que termine el comicio. Son candidaturas de papel, efímeras, que tienen la única finalidad de atraer votos, pero no de postular para un nuevo cargo.
Es decir, y a diferencia de lo que se supone que harán Montero, Félix o Bermejo, estos kirchneristas gurkas prestarán su nombre para encabezar la lista del Frente para la Victoria bonaerense pero no piensan asumir, si el voto mayoritario decidiera elegirlos.
Este fraude por anticipado de la voluntad popular parece incluir al propio gobernador bonaerense, Daniel Scioli y a un grupo de intendentes que o no se animan a desafiar la decisión de Néstor Kirchner, o suponen que las instituciones son un rompecabezas fugaz que pueden armar y desarmar al antojo de sus juegos políticos.
Ellos mismos hablan de “candidaturas testimoniales”, un elemental eufemismo que muestra la desesperación que implica poner la cara para pedir el voto de un candidato que no es tal, sino sólo en las formas de la urgencia electoral.
Así, y mientras la dirigencia siga pensando en gobernar según la tapa de los medios (que en algunos casos ellos mismos pagan), haciendo suyos los argumentos de las corporaciones, o manipulando los representantes populares al inscribirlos no en listas de candidatos sino en patéticas listas de espera, la democracia seguirá enflaqueciendo.
O al menos siendo un pálido reflejo, un espectro, un simulacro que no porque se vote periódicamente será la expresión cabal de todos los que efectivamente en ella creen.