Notas
Diario de viaje de un montañés mendocino en el cruce de Los Andes
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A principios de febrero, junto a mis veteranos compañeros Ricardo, Eduardo, Arturo, Miguel y Juan Carlos, esta vez con dos damas invitadas, Marta y Mirta, y los eximios guías Horacio y Alejandro, emprendimos con entusiasmo de adolescentes, la travesía de Los Andes por el paso conocido como Portillo/Piuquenes.
Todo comienza en refugio Portinari, de Gendarmería Nacional, donde, nobleza obliga, debemos resaltar la predisposición y espíritu de servicio de nuestros nobles gendarmes argentinos, quienes invariablemente reciben gentilmente a los cientos de montañeses y turistas que en época veraniega se acercan a esta quebrada.
Comenzamos la marcha en la zona de Llaretas, teniendo a la vista el mítico paso de Portillo, y lentamente , fuimos ascendiendo por la senda y adaptándonos a la altura .
Al llegar al tajo rocoso del paso, el fortísimo viento no impidió que nos embargara la emoción al dejar como recuerdo nuestros pañuelos como lo han hecho los arrieros durante 200 años.
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La bajada hacia el valle del alto Tunuyán es larguísima y durísima, y creo que el énfasis en decirlo no está de más. Son horas y horas de caminar sobre roca difícil sintiendo el apunamiento, y la vista imponente del glacial del Mesón San Juan, sirve de poco consuelo.
Al caer la tarde, y después de pasar (previa quita de zapatos) un helado cauce de agua, divisamos el ansiado refugio Real de la Cruz, del Ejercito Argentino. Allí fuimos cálidamente recibidos por el cabo Páez, quien estaba enterado de nuestra llegada y tuvo el apreciado gesto de que dispusiésemos de agua caliente para darnos un no esperado pero muy reconfortante baño.
Real de la cruz
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El segundo día , y en esto hubo unanimidad del grupo, lo dedicamos a reponer fuerzas y a disfrutar de esta hermosa región, con el imponente Marmolejo hacia el sur oeste y el Tupungato y San Juan hacia el norte , los que se divisan caminando unos minutos hacia el rio desde el refugio.
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El tercer día, después de exquisito desayuno, partimos bordeando el rio Palomares, en dirección oeste hacia el paso Piuquenes. Luego del cruce (sobre caballos) del torrentoso Tunuyán, tomamos una senda amable y suave, con pastizales muy verdes, y la caminata se hizo alegre y distendida, solo interrumpida por el rito de descalzarnos para atravesar varias veces cursos de agua que descienden de los altos filos.
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Valle de palomares
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Después de unas siete horas de marcha llegamos al lugar de campamento, armamos carpas, y disfrutamos de una larga charla mateadora mientras nuestro guía preparaba un sustancioso guiso de lentejas.
Amanecer del cuarto día, y aquí vamos, a buscar el hito famoso, a coronar nuestros esfuerzos.
La ascensión por la marcada senda es larga y sostenida, pero en ningún momento es violenta. El día era espectacular, mucho sol, mínimo viento, un paraíso para la vista, para la mente, para el espíritu.
Hacia mediodía divisamos el filo cumbrero, aparece el viento, pero ya estamos cerca, y por fin, los abrazos y las sonrisas, estábamos en el límite y disfrutando del azulado cielo chileno.
Eduardo a pasos de piuquenes
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La bajada, Dios mío, que acarreo, es intimidante y sobrecogedora, son dos horas de pendiente ininterrumpida, y las sesentonas rodillas empiezan a hacerse oír, pero bueno, es cuestión de ponerse a pensar en el próximo pisquito que íbamos a disfrutar....
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Hito de los piuquenes
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Ya a la vista del vehículo que nos venía a buscar...aparece un río (el Plomo) con un cauce arrollador para nada amistoso...y bueno, fue la despedida gentil de la montaña, que nos hablaba en su lenguaje. Hasta aquí el relato personal.
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Un poco de historia
Me parece necesario transmitir al lector, mi impresión sobre la impronta histórica de esta ruta .Aspecto que debemos mantener vigente a través de los años.
Es por todos conocidos que por este paso, saliendo desde El Volcán (pueblito chileno que está en el Cajón del Maipo), cruzó ensimismado en sus pensamientos nuestro Gran Capitán, demoró 8 días en el cruce, y llego a lo que hoy conocemos como el Manzano Histórico un 3 de febrero de 1823? , aniversario de la batalla de San Lorenzo. Solo venía acompañado por dos asistentes y dos arrieros y con su salud quebrada.
Fue aquí, en su ínsula cuyana (Barriales) donde recuperó su salud y la tranquilidad de su espíritu.
Pero también es importante resaltar que este paso fue transitado por el famoso Charles Darwin, quien en el año 1836, con propósito científico realiza este cruce y en el capítulo 15 de su libro relata con mucho detalle lo que observa y aprecia.
Estos dos acontecimientos históricos, más el tremendo atractivo turístico de la zona y el desafío que significa para cualquier amante de la montaña (sea mendocino, europeo o asiático) el cruce del macizo de Los Andes , me hace creer que tenemos en Mendoza algo para mostrar al mundo que puede traer importantes beneficios turísticos , tal vez comparable con el atractivo del Aconcagua , pues no olvidemos que son miles los montañeses que aman a los cerros...pero que no están en condiciones de moverse a 6000 metros.
El refugio Real de la Cruz es estratégico en ese sentido, pero razono presencia es sinónimo de soberanía, y que mejor entonces que el desarrollo de esta ruta con fines turísticos y históricos?
Abogo porque esta idea fructifique y que puedan sentarse a analizarla las autoridades turísticas de la provincia, el Ejército y Gendarmería, y el pujante sector privado montañés.