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Notas

Ser sano, sentirse joven, junto al poder del vino...

El vino, además de ser una bebida inspiradora y un excelente alimento, posee características a favor de la salud humana. No es un secreto para los iniciados en los misterios de la milenaria bebida, que posee cualidades antioxidantes y que al mismo tiempo previene los infartos.

De las prácticas relacionados con los hábitos de la alimentación la ingesta de productos que favorecen a la  salud humana se ha vuelto la forma más buscada por miles y miles de habitantes del nuevo siglo.

En ese proceso el jugo de la uva transformado en vino ocupa un lugar preponderante, consolidado por las características que posee para transformar el colesterol malo en bueno, reducir los riesgos de enfermedades de miocardio y a la vez producir un tipo de placer considerado por los poetas.

Desde que el hombre asió un hueso por necesidades de supervivencia, paralelamente encontró en el mundo de los alimentos el producto de la tierra madura en forma de copa e inventó mil historias para no ser un solitario.

Hoy, no es casual observar en los manteles que visten las mesas de negocios al vino, tanto como una ostentación de cultura, que favorece la comunicación, o simplemente para propiciar la natural ingesta de los alimentos.

El proceso de corrección del colesterol humano se basa en la producción de un aumento de los niveles del HDL circulante (colesterol beneficioso) que mantiene la juventud de la células. Esto disminuye los mecanismos de coagulación y de la agregación plaquetaria, aportando un energético nutriente llamado etanol.

Por esta última cualidad Francia fue reconocida por la “paradoja francesa”, que destacaba la manifestación de uno de los índices más bajos de afecciones cardíacas del mundo, a pesar de que su población es una de las que más consumen grasas de origen animal.

Un estudio realizado hace años, entre 19 mil argentinos, por el doctor Luis Cichitti, demostró que casi el 35% de la población posee riesgos de afecciones cardíacas, producidas en gran medida por el padecimiento de hipercolesterolemia. Por este mal Argentina es uno de los primeros
países en muertes por enfermedades del corazón.

Según los especialistas de la salud, esta realidad se vería en gran medida controlada si la población aumentara el consumo de vinos, sustituyendo el alto porcentaje de bebidas alcohólicas como el wisky o la cerveza, cuyos alcoholes son verdaderamente riesgosos para el organismo.

Asimismo, las versiones más extremas indican que si no se corrigen los hábitos alimentarios de los argentinos a mediano plazo los índices aumentarán. Potenciados por el hábito de fumar y la creciente ingesta de otras bebidas como las gaseosas que incluyen en sus fórmulas químicos perjudiciales como el ácido fosfórico.

En laboratorio, hasta el momento, se han aislado más de 50 moléculas denominadas proantocianoides de la uva, de los cuales unos 10 pueden captar radicales libres.

Esto comprueba que el vino posee poder sobre la conservación de las células humanas (poder antioxidante), ya que el envejecimiento de ellas es retardado por los aniones superóxidos o radicales libres.

Afirman los expertos que ese efecto antioxidante no puede ser aportado por ninguna otra bebida, ya que está dado por los polifenoles y el tanino y no por el acohol. Claro, una exclusividad del vino.