ver más

Notas

Entre la plasticola y la play station: nuevo round de maestros, padres y alumnos

El autor del libro “Educación emocional”, Lucas Malaisi, habló con MDZ sobre la escuela y la educación en tiempos de Internet y de la play station. La violencia, los padres y docentes en el mundo cada vez más complejo en el que se ha transformado la escuela.

Comienza el ciclo lectivo y, con él, miles de niños y adolescentes se reencuentran en los patios y las aulas, llevando hasta allí lo que ven, absorben, escuhan y aprenden en sus hogares, barrios y en las pantallas y monitores al alcance de sus sentidos.

No tardaremos mucho tiempo en hablar de casos complicados: desencuentros entre padres, docentes y chicos; manotones entre alumnos; quejas y reproches entre cualquiera de las partes.

La escuela –lo sabemos- es la plaza pública: todos están allí con toda su carga personal y familiar.

Por eso hablamos con el psicólogo Lucas Malaisi, autor de un libro que cada vez es más consultado por directivos y docentes, pero también por los padres: “Educación emocional”, en donde sienta las bases de un cambio de paradigma que, según entiende, debe darse en las aulas pero con el apoyo de todos los involucrados en el proceso educativo.

Malaisi estuvo el año pasado en Mendoza. Presentó en el colegio ICEI –con el auspicio de MDZ- su trabajo que es producto de largos años de investigación. Ahora, recién llegado de Europa en donde presentó su libro y participó de numerosos encuentros con especialistas, lo abordamos para conocer qué se puede hacer en el arranque de las clases para evitar trastornos o para sentar las bases de una nueva forma de enseñar, de aprender y de acompañar a los que enseñan y aprenden.

- ¿Es oportuno el inicio de clases para arrancar en las aulas, digamos, con
otro paradigma, una nueva forma de enseñar y aprender que entusiasme a los chicos más que la computadora?

Esta pregunta se debe a un hecho evidente: la educación no puede seguirle los pasos a la tecnología. Mientras ésta última avanza según un tiempo medido por el segundero de un cronómetro, la educación avanza, cuando rápido, según los años del calendario. La tecnología cambia sensible al interés del niño-consumidor, y hasta por delante, generando una necesidad en él, de por ejemplo adquirir el último modelo de celular, computadora, play-station, etc. Haciendo por añadidura que el niño aprenda todas las funciones del aparato, y para ello en el camino, incorpore el inglés, conocimientos técnicos de electrónica, física, entre otros, y hasta les dé cátedra a sus padres de cómo manipular la tecnología. Pero al mismo tiempo la educación formal, en general, se guía por una imposición de contenidos curriculares, que poca utilidad –no importancia-  tienen ante las exigencias del mundo actual, que a menudo, hasta al
mismo docente le parecen obsoletos. Como pretendiendo que un niño, cuando niño, elija la sopa por sobre un chocolate…

- Por ello usted insiste en la necesidad de que, definitvamente, se produzca un cambio fuerte en las escuelas, para que vayan más allá de los papeles, del currículum escolar…

Sí, máxime en estos días, la educación ha de ser sensible al niño y sus necesidades, y esto ya implica un cambio de paradigma. Con el desafío de generar su interés en lo que se le enseña por sobre la tentadora y entretenida -o debiera decir adictiva- computadora, hemos de estimular su creatividad. La creatividad genera como ningún estímulo el interés del niño. En mi causa –de hacer Educación Emocional- insisto, la mirada de la educación, ha de centrarse no tan sólo en el mundo que existe de la piel del niño hacia afuera, sino en aquel de su piel hacia adentro. Es decir, ayudarlo a descubrir quién es y quién quiere ser. Así, es esencial que descubra sus
sentimientos y pensamientos. Sólo así el niño sabrá qué conocer, estudiar e investigar del mundo externo, pues lo hará a la luz de sus gustos e intereses; en fin, de sus emociones y no de manera impuesta. De este modo, como en una maniobra de aikido –donde se utiliza la fuerza del oponente en el propio beneficio- utilizará la computadora, no ya como un fin para entretenerse, sino como un medio al servicio de su creatividad.

De esta manera,  el problema no está en la computadora ni en sus atributos. Lejos de competir con ella, hemos de incorporarla estratégicamente -en quien le interese y posea-, como herramienta que es, para estimular la creatividad, la cual parte de sus emociones.

- ¿Cómo cree que los padres pueden ayudar a que sus hijos tengan un buen inicio de clases?

Dándoles afecto y contención, apoyando y acompañándoles, con tanta paciencia como con firmeza. Hablándoles bien de la escuela y sus docentes. Viviendo como propia la felicidad de ir a la escuela, jugar y sudar, pegotearse con plasticola, pintarrajearse, sacar punta, cuchichear con ese compañero amigo, reír, terminar la tarea, trabajar en grupo, el placer de un cuaderno prolijo y colorido, no se ya si figuritas, trompos y elásticos, pero sin dudas amigos, juegos, gritos, nervios y miedo a la lección y hasta el coqueteo con esa/e por quien nos  sonrojeábamos.

Recordar eso nos hará, sin dudas ni darnos cuenta, ayudarlos a que preparen los útiles con tanta expectativa y alegría como nosotros las valijas al ir de vacaciones.  En la escuela se tramaron todas esas cosas y se forjaron destinos, los nuestros. Hoy los de ellos, entonces los acompañemos con dedicación y amor.

- Últimamente hemos visto un choque muy fuerte entre padres y docentes. ¿Qué está reflejando esta situación?

Para entender que pasa en la escuela, hemos de mirar qué pasa fuera de ella. Toda la sociedad está atravesando una gran crisis, no solamente económica, sino cultural, espiritual, de valores, en fin, en todos los aspectos. De este modo, este choque entre padres y docentes es el reflejo de lo que nos pasa como sociedad, donde una de las características principales es el culpar, para evadir responsabilidades.

- ¿Se pueden determinar culpabilidades en esta situación que se repite año tras año?

El culpar –ya sea por parte de los padres a docentes o viceversa- es propio de una visión parcial del problema que no comprende ni  soluciona, sino que, más bien, ocasiona y mantiene aquello que denuncia y padece.  Si queremos ayudar es necesario comprender y cooperar. Así como necesitamos ver la imagen completa del “rompe cabezas” para armarla luego, debemos ver el problema en su totalidad, y no sólo nuestra molestia, para darle su solución.

Por otro lado, podría aventurar, que tal choque se ha visto favorecido por el hecho de que en los últimos tiempos los docentes han experimentado una desvalorización de su función, sea porque han perdido- o les hemos quitado- el prestigio profesional del que gozaban, también carecen de un apoyo institucional, con el desgaste y desamparo que ello implica. Sumado a ello, los padres arremeten contra ellos. En la otra esquina del ring, la situación económica no da respiro a padres y madres que trabajan a la par, la inseguridad social en la que vivimos, inequidad, corrupción, publicidad, impunidad de aquellos que sí obran mal y ex profeso, inflación, etc. –un etcétera muy largo-, arroja como resultado padres y madres estresados y
sensibilizados, que reaccionan ante la menor amenaza de lo que más quieren –quizá lo último que les queda-: sus hijos. En una tregua debiéramos organizarnos. Padres, docentes y demás que quieran ayudar a los niños, jugamos para el mismo equipo.

Empecemos las clases trabajando en equipo,  con una sonrisa y ofreciendo nuestros servicios y ayuda los unos a los otros, que los beneficiarios serán los niños.