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Notas
¿La Operación Retorno puede terminar en una nueva odisea radical?
Cuando todos cantaban victoria, el iglesismo se mostró dispuesto a quemar las naves, con toma de comité incluida. Si bien nadie cuestiona la reunificación partidaria, todos tienen distintas ideas de cómo llevarla a la práctica. Los miedos a una nueva “traición” de Cobos.
La maceración del acuerdo que permitiría a Julio Cobos y a sus seguidores regresar a la UCR volvió a poner la interna radical como en sus mejores épocas: al rojo vivo. Lo cierto es que el proceso reunificador, forzado y gestado desde la urgencia política más que desde el convencimiento, está dejando demasiados heridos en su corto camino.
El entendimiento entre el senador nacional Ernesto Sanz y el vicepresidente empezó a triunfar cuando logró el guiño del Comité Nacional. No son pocos los que ven en esta jugada un posicionamiento personal del sanrafaelino, quien además de asegurar su reelección, logró a través de su decisiva influencia en la cúpula partidaria, obtener el aval del presidente Gerardo Morales para continuar adelante con la Operación Retorno.
Para unir, algo debió romperse. Más allá y más acá de los que se hicieron los disimulados de uno y otro lado, los acuerdos básicos ya están trazados y ahora sólo falta poner nombres en los casilleros. Una tarea que nunca ha sido fácil en la UCR, pero que se puede terminar consensuando justamente porque la decisión de integrar una misma lista es demasiado fuerte como para lograr deponer algunas actitudes personales.
Desde el cobismo parecen haber perdido la batalla aquellos que propugnaban un acuerdo partido a partido, como es el caso de Juan Carlos Jaliff. Pese a eso, casi nadie cuestiona al vicepresidente pues la idea de fondo siempre fue la misma: regresar a la UCR. Como contrapartida, los que opinan que éste es el mejor camino de retorno a las fuentes (César Biffi), son los que más festejan, pues están a un paso de concretar su objetivo.
Sin embargo, en el camino desde la intervención del Comité Provincia previo a las elecciones del 2007 hasta estos días, algo se rompió entre los impulsores de esa medida extrema. Especialmente, entre Roberto Iglesias, Ernesto Sanz y el interventor Carlos Le Donne. Este último alcanzó ese sitial gracias al impulso del extinto José Genoud, pero con el expreso aval de los que en ese momento fueron tildados como “ortodoxos”.
El iglesismo, ante el avance de los gestos y la reunión definitiva que el miércoles por la noche sostuvieron Morales, Sanz y Cobos, decidió romper el silencio y mostrar su abierta disconformidad con el pacto en ciernes. Cree haber sido desplazado de las negociaciones y considera que las razones que llevaron a concretar la intervención hoy están siendo borradas con el codo ante la urgencia electoral de ir con Cobos para ganar.
A esta altura de la soirée, desconfían tanto de Le Donne como también (y obviamente) de Cobos. A Sanz le reconocen sus méritos pero creen que no necesita impulsar un acuerdo de cúpulas para retener su banca. Según los hombres de Iglesias, los primeros son “traidores”; el último, un “ingrato”.
Al abordaje. Al promediar la semana, algunas señales de disconformidad llegaron de boca de los principales dirigentes iglesistas que enumeraron un rosario de peros, aunque se cuidaron muy bien de no bombardear el acuerdo en sí. Adujeron razones metodológicas, pasos previos que implican la normalización partidaria como antesala para acordar listas y otros reparos, pero no cuestionaron la reunificación radical, ni las listas comunes, ni la labor legislativa a través de un interbloque.
Hasta allí, nada que no escape al juego político de la acción, la declaración y la reacción. Sin embargo, y en paralelo a la reunión cumbre en Buenos Aires, un grupo de militantes se hizo con la sede del Comité Provincia en repudio del acuerdo. Hay quienes creen que la toma se hizo con el aval y el impulso del mismo Roberto Iglesias, como una manera desesperada de embarrar la cancha, detener las negociaciones y evitar que se plasmara el acuerdo.
El asunto es que en realidad los iglesistas tienen motivos que no dicen públicamente para frenar el pacto o al menos tomar sus precauciones. Y por ello, intentan –al menos- generar cláusulas preventivas y procurar futuros reaseguros que eviten lo que consideran podría ser “una nueva traición” de Cobos.
¿Cleto candidato? Los seguidores del ex gobernador Iglesias están convencidos que la presión del kirchnerismo terminará sacando del gobierno nacional a Cobos. O al menos lo forzará a tomarse una licencia y a reformular sus planes políticos inmediatos, al punto de casi obligarlo a disputar personalmente una banca como senador nacional para permanecer en el candelero nacional, y eventualmente, en la vicepresidencia, como único vehículo del sostenimiento de su virtual candidatura presidencial para el 2011.
Imaginan, además que en el contexto de una elección nacional que se vislumbra como más que difícil para el kirchnerismo, el propio Cobos puede ser la garantía de gobernabilidad e institucionalidad si él mismo revalida su apoyo popular en la provincia: único freno –además- para las embestidas de Néstor, Cristina y la pléyade de funcionarios siempre listos para el ataque.
Si esto se produce con las listas ya armadas tras este acuerdo, habrá que “hacer lugar” para que Cobos entre, lo que además modificaría el mapa y resignaría las chances del resto de los candidatos. En especial, para el propio iglesismo que podría presentar una lista alternativa a la acordada entre la intervención y el cobismo con la idea de quedarse con la representación de la minoría.
El gran acuerdo o el gran conflicto. Ante ese miedo de haber “defendido el sello partidario” y ahora quedarse “sin nada”, el iglesismo levantó su voz de alerta. Desde el otro lado, los acusan de haber sido durante este tiempo “funcionales a Celso Jaque” y ahora pretender llevarse un premio “demasiado grande” para su posicionamiento. Sin embargo, Alfredo Cornejo lanzó el viernes la posibilidad de incluir a Iglesias en el acuerdo. Una elegante manera de dejar sin argumentos al hoy por hoy sector más crítico del partido que aún pena por una paz largamente esperada, que todos dicen desear, pero que poco ceden en su logro.
Hasta el momento, la especialidad de la casa, es decir la rosca permanente, ha encontrado algunos caminos que permiten imaginar una reunificación, que sin embargo, no es la única alternativa posible. Hay quienes hasta amenazan con terminar judicializando la interna, o poniendo en manos de la Convención Nacional la definición de un conflicto, que en demasiadas instancias en el último tiempo ha tenido que volver sobre el caso de Mendoza. Una tierra donde el radicalismo se ha tornado problemático y febril, casi una odisea permanente que nunca deja de sangrar.
El iglesismo, ante el avance de los gestos y la reunión definitiva que el miércoles por la noche sostuvieron Morales, Sanz y Cobos, decidió romper el silencio y mostrar su abierta disconformidad con el pacto en ciernes. Cree haber sido desplazado de las negociaciones y considera que las razones que llevaron a concretar la intervención hoy están siendo borradas con el codo ante la urgencia electoral de ir con Cobos para ganar.
A esta altura de la soirée, desconfían tanto de Le Donne como también (y obviamente) de Cobos. A Sanz le reconocen sus méritos pero creen que no necesita impulsar un acuerdo de cúpulas para retener su banca. Según los hombres de Iglesias, los primeros son “traidores”; el último, un “ingrato”.
Al abordaje. Al promediar la semana, algunas señales de disconformidad llegaron de boca de los principales dirigentes iglesistas que enumeraron un rosario de peros, aunque se cuidaron muy bien de no bombardear el acuerdo en sí. Adujeron razones metodológicas, pasos previos que implican la normalización partidaria como antesala para acordar listas y otros reparos, pero no cuestionaron la reunificación radical, ni las listas comunes, ni la labor legislativa a través de un interbloque.
Hasta allí, nada que no escape al juego político de la acción, la declaración y la reacción. Sin embargo, y en paralelo a la reunión cumbre en Buenos Aires, un grupo de militantes se hizo con la sede del Comité Provincia en repudio del acuerdo. Hay quienes creen que la toma se hizo con el aval y el impulso del mismo Roberto Iglesias, como una manera desesperada de embarrar la cancha, detener las negociaciones y evitar que se plasmara el acuerdo.
El asunto es que en realidad los iglesistas tienen motivos que no dicen públicamente para frenar el pacto o al menos tomar sus precauciones. Y por ello, intentan –al menos- generar cláusulas preventivas y procurar futuros reaseguros que eviten lo que consideran podría ser “una nueva traición” de Cobos.
¿Cleto candidato? Los seguidores del ex gobernador Iglesias están convencidos que la presión del kirchnerismo terminará sacando del gobierno nacional a Cobos. O al menos lo forzará a tomarse una licencia y a reformular sus planes políticos inmediatos, al punto de casi obligarlo a disputar personalmente una banca como senador nacional para permanecer en el candelero nacional, y eventualmente, en la vicepresidencia, como único vehículo del sostenimiento de su virtual candidatura presidencial para el 2011.
Imaginan, además que en el contexto de una elección nacional que se vislumbra como más que difícil para el kirchnerismo, el propio Cobos puede ser la garantía de gobernabilidad e institucionalidad si él mismo revalida su apoyo popular en la provincia: único freno –además- para las embestidas de Néstor, Cristina y la pléyade de funcionarios siempre listos para el ataque.
Si esto se produce con las listas ya armadas tras este acuerdo, habrá que “hacer lugar” para que Cobos entre, lo que además modificaría el mapa y resignaría las chances del resto de los candidatos. En especial, para el propio iglesismo que podría presentar una lista alternativa a la acordada entre la intervención y el cobismo con la idea de quedarse con la representación de la minoría.
El gran acuerdo o el gran conflicto. Ante ese miedo de haber “defendido el sello partidario” y ahora quedarse “sin nada”, el iglesismo levantó su voz de alerta. Desde el otro lado, los acusan de haber sido durante este tiempo “funcionales a Celso Jaque” y ahora pretender llevarse un premio “demasiado grande” para su posicionamiento. Sin embargo, Alfredo Cornejo lanzó el viernes la posibilidad de incluir a Iglesias en el acuerdo. Una elegante manera de dejar sin argumentos al hoy por hoy sector más crítico del partido que aún pena por una paz largamente esperada, que todos dicen desear, pero que poco ceden en su logro.
Hasta el momento, la especialidad de la casa, es decir la rosca permanente, ha encontrado algunos caminos que permiten imaginar una reunificación, que sin embargo, no es la única alternativa posible. Hay quienes hasta amenazan con terminar judicializando la interna, o poniendo en manos de la Convención Nacional la definición de un conflicto, que en demasiadas instancias en el último tiempo ha tenido que volver sobre el caso de Mendoza. Una tierra donde el radicalismo se ha tornado problemático y febril, casi una odisea permanente que nunca deja de sangrar.