Notas
Mendoza, una batalla electoral a todo o nada
La carrera electoral está desatada y con todos sus actores más o menos lanzados según sus respectivas estrategias. La ebullición todavía es confusión, y las intenciones están lejos de cristalizarse en acuerdos; o peor aún, en candidaturas. Oficialismo y oposición tienen diferentes objetivos y diagnósticos, sin embargo, en algo coinciden: Mendoza será la batalla más difícil, pero también la prenda más deseada de cuyo resultado se podrá especular un nuevo escenario nacional que puede tener a la provincia (y a dirigentes mendocinos) en un lugar preponderante.
Desde el cobismo creen que en caso de extrema necesidad, y según el clima nacional imperante, Cobos puede –con la estructura o los aliados que tenga- ponerse al frente de la campaña asumiendo el primer lugar de la lista de senadores para lograr el objetivo y forzar así una tregua con los K. Se presume que una relegitimación en el contexto de una elección a priori adversa para el gobierno nacional, puede ser la punta de lanza de un futuro pacto de no agresión. O al menos, la modificación del esquema actual de poder donde el mendocino es directamente ninguneado.
El desafío de Jaque. En el gobierno provincial las cosas no parecen ser muy distintas. Entienden que en octubre se pone en juego no sólo el proyecto nacional, sino también el local. El particular encono del kirchnerismo contra Cobos tiene aquí una faceta más de entrecasa, pero no por ello, más agradable.
Celso Jaque y los suyos recibieron órdenes expresas de Néstor Kirchner para ganar como sea la provincia. De lograrlo no sólo le darían tal vez la gran alegría al matrimonio presidencial, sino que también sepultarían –tal vez para siempre- las aspiraciones del dirigente “opositor” de mayores chances: Julio Cobos.
Algunos operadores jaquistas creen que pese a la percepción popular y el malhumor que rodea a las decisiones de la gestión, el objetivo propuesto es posible. Estiman que la oposición no tiene (ni tendrá) capacidad de articularse de forma armónica y efectiva de aquí a octubre y que como sucedió hace dos años, las grietas entre unos y otros no harán más que favorecerlo.
Saben que de ganar en Mendoza, la figura de Jaque podrá alcanzar dimensión nacional, pues en virtud de lo simbólico y de la presencia real o virtual de Cobos en la elección, la trascendencia de esa victoria puede ser el gran trampolín que convierta al gobernador en el mejor antídoto contra el “virus” cobista, ya que no solo le arrebató en el 2007 la gobernación, sino que fue capaz de vencerlo nuevamente.
Pero y asimismo, también saben que para que esto suceda no sólo dependen de las condiciones externas, o de cómo se aglutine la oposición; sino y especialmente, de cómo el gobierno provincial sea capaz de dar respuesta a los problemas de la gente. Una puja en la que hasta el momento ha demostrado dificultades políticas y también problemas de comunicación, que han hecho de los silbidos y los abucheos, una parte más del paisaje mendocino.
¿Y el que pierde? He aquí la gran pregunta. Cobos –sea o no candidato- se juega gran parte de su futuro político, y con él, de muchas de las especulaciones que se tejen en torno a su figura en la oposición nacional.
Si su derrota se concretara, se podrá colegir, acertadamente, que el resultado del 2007 no fue una casualidad y que la incapacidad para (en su momento) retener Mendoza, y en esta ocasión, para meter una cuña al jaquismo, es fruto de análisis equivocados, pero también del deterioro electoral de las fuerzas del vicepresidente. Si eso finalmente se produjera, sus días en el cargo serán el más tremendo calvario, pues a su debilitada posición institucional, se sumaría una profunda pérdida de caudal político.
Jaque, por su parte, pone en riesgo sus próximos dos años de gobierno, lo que no es menor. Nadie podría imaginar lo que esa experiencia podría ser, sobre la base de lo que ha sido este tiempo de por sí ya difícil, si el gobernador pierde su elección legislativa. Especialmente si se estima que ello iría de la mano del achicamiento del poder de fuego del oficialismo en la Legislatura provincial. Un ámbito que desde el primer día le ha resultado más que adverso y que si se confirmara una derrota del jaquismo, podría directamente deshilachar la tarea de gobierno.
Como se ha dicho, una hipotética derrota de Jaque también traería aparejada (según el resultado en otros distritos) una profunda crisis en el kirchnerismo nacional, al cual el gobierno local ha apostado todas sus fichas en un intento desesperado de salvar a distancia lo que no ha podido consolidar desde la cercanía. Su hasta ahora tabla de salvación podría devenir en un salvavidas de plomo que hunda cualquier pretensión.
Sin embargo, estos son sólo escenarios posibles, tentativos y aproximados que de alguna manera explican el porqué de tan anticipada y encarnizada faena electoral que sí o sí dejará a un mendocino en la pole position nacional. ¿Será Cobos el que quede en el umbral que pueda potenciar aún más su figura? ¿O será Jaque quien –una vez más- sorprenda a propios y extraños con una victoria impensada?
Lo que queda claro es que el ganador tocará el cielo con las manos y entrará en el estrellato nacional (con todo lo que ello significa). Al perdedor no le quedará más tarea que empezar a contar los días que restan para concluir su mandato. Casi como un ciudadano común, con sus sueños derrumbados, vacío de poder y mascullando la bronca de un comicio adverso que no fue uno más.