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Notas

Valle de Uco: fuerte impacto de la crisis en el campo

Los representantes de la producción agrícola en el Valle de Uco se reunieron para analizar la situación por la que hoy atraviesa el campo. El impacto de la crisis mundial, sumado a la crisis nacional, el efecto de las medidas oficiales y la necesidad de avanzar hacia una solución que devuelva al sector la competitividad perdida.
Mario Leiva, Horacio Meli y Alejandro Fadel.
Mario Leiva, Horacio Meli y Alejandro Fadel.

El comienzo de la crisis financiera en los Estados Unidos produjo una inmediata reacción en el comercio internacional. Los grandes centros consumidores del mundo dejaron de comprar y las economías regionales agroexportadoras, como Mendoza, dejaron de vender. Pero el panorama no sólo es desalentador fronteras afuera. Antes de la crisis mundial, el campo mendocino se preparaba para encarar una temporada difícil: precios bajos (volúmenes récord de producción en casi todos los cultivos) y costos altos (atraso cambiario y efecto de la inflación no reconocida).

Como economía regional, el Valle de Uco es una muestra clara de lo que ocurre en toda la provincia, más allá de cuál sea el cultivo predominante. Los representantes del campo en la zona se reunieron para analizar la situación del sector agrícola y para dejar en claro que las expectativas de mejora no son las que predominan.

Alejandro Fadel, miembro de la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura de Tunuyán y vicepresidente de Producción de la Federación Económica de Mendoza; Mario Leiva, presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco; y Horacio Meli, presidente de la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio de Tupungato y presidente de la Federación de Cámaras Vitícolas de la República Argentina analizaron, discutieron e hicieron propuestas sobre la situación que hoy atraviesa un sector que representa más del 35% del empleo en la provincia.

La crisis

“Esta crisis es inédita. No sólo porque es una crisis de Argentina, en un año con sobreproducción en todos los rubros de la agricultura, sino porque está impactada con la crisis mundial. Este doble efecto no lo había visto nunca”, arrancó Fadel, y enumeró varios de los componentes que hoy tiene la crisis: retracción del consumo en el mundo, caída vertiginosa en el precio de los commodities, gran producción interna y colapso de un tipo de cambio que le ha hecho perder competitividad al sector. “La magnitud de esta crisis, que afecta a todos los productos, hace que los remedios para esta situación deban ser de cirugía mayor”, agregó.

Meli, por su parte, además de coincidir con el diagnóstico de Fadel, señaló que “lo que agudiza aún más el efecto de la crisis es que se produce justo en el momento en que empezamos las cosechas”.

“Esto no es una sorpresa. No es que la crisis explotó un día y entonces entramos en crisis. Es verdad que es inédita y es verdad que nos pega justo en la cosecha, pero nosotros dejamos de ser competitivos antes de la crisis”, apuntó Leiva, y añadió: “Tenemos un problema muy serio en el tipo de cambio”.

Al igual que en el resto del país, los productores del Valle de Uco también sufren los efectos de la retracción cambiaria. Mientras que varios de los países a los que Mendoza les vende han devaluado sus monedas –como medida para enfrentar la crisis- la Argentina aún mantiene un dólar bajo (peso fuerte) que quita competitividad a la hora de exportar.

Las medidas oficiales

Luego de que el Comité de Crisis del gobierno mendocino recorriera buena parte de la provincia y se reuniera con los dirigentes de cada sector –también con los tres dirigentes del agro en el Valle de Uco- el gobierno de Celso Jaque anunció la semana pasada una serie de medidas con el objetivo de mejorar la ecuación de los productores. La principal medida consiste en un crédito de tasa cero para todas aquellas industrias que compren frutas (durazno, pera y manzana) a un precio sostén que está por encima de lo que hoy se consigue en el mercado.

Fadel, que es un especialista en temas vinculados a la fruticultura, sostuvo que las medidas parecen razonables pero que van a depender de la cuenta que hagan los industriales. “Esa es la incógnita. Si la industria está con necesidades de fondo, va a entrar (en el crédito y pagar la fruta al precio sostén). Si entran, esa plata va al productor”, señaló.

Meli analizó las medidas de forma similar. “A nivel macro, me parecen buenas, pero hay que ver cómo es la letra chica. Tasa cero para la compra de fruta no es un tema menor pero hay que ver cómo le ve la industria”, explicó.

Leiva, por su parte, fue más categórico. “Pusieron el caballo detrás del carro. Esperábamos otra cosa. Por eso pedíamos una ayuda desacoplada, que sirva directamente al productor primario. ¿Por qué el industrial va a tomar un crédito que no le conviene?”, aseguró Leiva, y explicó que tal como están las cosas, este año la gran mayoría de los productores primarios van a tener pérdidas, con lo que en el futuro habrá menos productores. “Hasta ahora sólo se exportó el 15% del ajo que históricamente para esta fecha se exporta a Brasil. Así que el año que viene es posible que tengamos 60% menos de ajo y se pierda el mercado”, afirmó Leiva.

Tipo de cambio

Aunque el reclamo ya estaba presente, la irrupción de la crisis internacional lo aceleró. Todas las industrias exportadoras de la Argentina están pidiendo al gobierno nacional que devalúe el peso. La razón es simple: un dólar más alto reduce los costos internos y, por lo tanto, da mayor competitividad al país frente sus competidores externos. La contracara es la pérdida de poder adquisitivo en dólares que sufre toda la población. El equilibrio de esta ecuación está en manos del gobierno, quien controla al Banco Central, la entidad que opera para mantener un determinado tipo de cambio.

La cuestión más sensible es determinar cuál es ese punto de equilibrio.

“El cálculo es muy fácil”, dijo Fadel. “El mercado nuestro es Brasil. Brasil ha devaluado 40%. Para estar en el mismo nivel que el año pasado tenemos que ir a un dólar de $4,10 o 4,20. Más allá de si es un dólar de equilibrio o no”, explicó. Esta diferencia implica una devaluación de casi un 20% más que la cotización actual ($3,45 por dólar). Sin embargo, a diferencia de Brasil, el gobierno nacional está prácticamente imposibilitado de llevar adelante, en caso de así quisiera, una devaluación tan grande en una sola maniobra. Primero, porque la historia financiera del argentino común hace que éste esté pendiente de la cotización del dólar para definir sus acciones del día; segundo, porque para hacer una maniobra de esa magnitud el gobierno debiera contar con la confianza de la mayoría, cuestión que hoy parece no tener.

“Por eso están dejando que el mercado llegue solo”, explicó Leiva, en referencia a la opción elegida por el gobierno nacional que consiste, hasta ahora, en devaluar de a poco.

El objeto económico de Mendoza

En la última semana de 2008, el gobierno mendocino logró que la legislatura le aprobara el uso de los $185 millones del Fondo Anticíclico. La cuenta oficial fue sencilla: $25 millones para los municipios (un compromiso que había sido asumido en agosto pasado); $60 millones para la producción; y $100 millones de libre disponibilidad para el gobierno.

“Cuando el Comité de Crisis vino a Tunuyán y se reunió con nosotros”, contó Leiva, “el propio gobierno reconoció que el déficit del sector era de $400 millones. Y es claro que una cosa es el dinero que hace falta y otra, el dinero que tenemos. Pero no es solamente una cuestión de plata, sino también de gestión. Hoy el estado mendocino tiene $100 millones de libre disponibilidad. Definamos el objeto económico de esta provincia, para saber dónde priorizamos en la crisis. Mi propuesta es que pongan ese dinero en el agro”.

Los ministros que forman parte del Comité de Crisis enumeraron la forma en que pensaban llegar a esos fondos. Fadel, quien también estuvo presente en la reunión con el gobierno, lo recordó claramente: “La cuenta del gobierno se armaba así: $60 millones del Fondo Anticíclico de la provincia, $120 millones que estaban consiguiendo de la nación y el resto eran planes de trabajo para la mano de obra, con fondos nacionales, y así más o menos se llegaba a los $400 millones”.

- ¿El gobierno provincial desconoce la importancia de la producción primaria para toda la actividad económica de Mendoza?

- Fadel: Yo creo que la conoce, pero lamentablemente, tiene que apagar incendios en varias áreas… El gobierno funciona un poco por presión y va apagando los incendios más grandes. Por suerte, el mundo se ha dado cuenta de que el Estado liberal no funciona. El Estado tiene una función que cumplir y hace falta que intervenga en el sector privado. Ahora bien, nosotros como sector productivo también nos debemos organizar. No podemos esperar la crisis para ver el problema. Tenemos que armar nuestro propio fondo anticrisis. Yo lo vengo exigiendo hace rato, que en la época de las vacas gordas nosotros como sector tenemos que ahorrar. En esto la vitivinicultura nos lleva una ventaja. Con un poquito que aporta cada uno juntan fondos para financiar reformar estructurales. Y esto no se da ni en la horticultura ni en la fruticultura. Hemos tenido unos tres o cuatro años buenos, que no alcanzaron para capitalizar el impacto de la crisis anterior, pero en donde igual debiéramos habernos organizarnos para ahorrar. El sector de la producción se olvida de agruparse en la época de las vacas gordas y nos viene a golpear las puertas a las entidades cuando está en problemas.

- Leiva: Es verdad. Hay que fortalecer a las entidades agropecuarias porque es donde el productor va a quejarse. Yo creo que el gobierno no ha fortalecido a las entidades; por el contrario, las ha querido fracturar.

- Meli: No sé si fracturar, pero que no ha hecho nada, no ha hecho nada.

Integración

En este punto coinciden todos: los sectores mejor integrados son los que sacan mayor beneficio durante los ciclos positivos de la economía y los que mejor preparados están para enfrentar los ciclos negativos. Sin embargo, la integración es fácil de enunciar, pero difícil de llevar a cabo.

“Uno se integra cuando la rentabilidad es probable y hay un plan económico que lo sostiene”, afirmó Leiva.

Meli coincidió con el punto y señaló que “para que haya integración tiene que haber dinero. La Coviar (Corporación Vitivinícola Argentina) hoy tiene dinero, así que podemos hablar de integración. Por eso digo que para la fruticultura y la horticultura tiene que haber plata, porque si no, no va a haber integración”.

Para lograr la integración de una cadena productiva, analizaron los representantes de los productores en el Valle de Uco, tienen que darse varios factores. “La integración se hace con plata, pero también se hace con política”, añadió Leiva. “En Europa, la integración no fue una cosa de toma de conciencia súbita del productor. No, el productor se vio obligado a integrarse. El tipo que no hacía su capacitación y no estaba adherido a una entidad no recibía el subsidio. Para lograr la integración, Europa le dio la manija a las entidades que agrupan a los productores”, resaltó Leiva.

Dirigencia rural y legisladores

Tras el enfrentamiento entre el campo y el gobierno nacional, entre marzo y julio del año pasado, la dirigencia rural de todo el país comenzó a acercarse a los legisladores nacionales y provinciales para ganar un mayor espacio. Ese espacio no sólo comenzó a darse en la conformación de interbloques que tratan los temas que afectan a la producción agropecuaria, sino que varios dirigentes rurales comenzaron a pensar en la posibilidad de saltar a la política.

En Mendoza, sin embargo, el panorama es diferente. En parte, porque el conflicto con el campo fue tangencial. En parte, porque la dirigencia rural parece estar muy fragmentada.

“La mayor parte de los legisladores de la provincia tendrían que salir de las dirigencias gremiales empresarias, no sólo de la rural, sino también de la del comercio, la industria y la agroindustria”, afirmó Fadel, y agregó: “Sin embargo, hoy estamos representados por gente que no conoce los temas que afectan al sector. Y creo que en esto hemos fallado”.

Leiva coincidió en el enfoque, recordó que hace 15 años en Mendoza había, por lo menos, 15 legisladores que conocían el tema y hoy sólo hay cuatro o cinco y señaló que las entidades rurales enfrentan un problema generalizado que tiene que ver con la participación y la escases de nuevos dirigentes.

“Es verdad, tenemos que formar dirigentes”, respaldó Meli, pero agregó: “Pero también es verdad que las entidades no tienen dinero. Acá todo sale de nosotros, la luz la pagamos nosotros, el combustible lo pagamos nosotros. Esto es todo dinero nuestro y las ganas de hacer por la comunidad”.

La crisis ya está instalada y su efecto lo están viviendo las distintas producciones de la provincia. Comenzó con el ajo, ahora la está viviendo la fruta y en un par de meses también le llegará el turno a la vitivinicultura. Sin embargo, a pesar de que muchos pronósticos hablan de una crisis de larga duración, otros consideran que, específicamente, en lo que respecta a alimentos la recuperación puede ser más rápida.

“En el tema granario, la soja se va a seguir vendiendo, aunque sea como biocombustible, y va a haber más producción de maíz y trigo. Pero el tema está con nosotros, con las economías regionales. Hay una expectativa para nuestros productos. Los economistas especializados en este tema sostienen que la reserva de alimentos es para dos o tres meses y luego comenzará a acomodarse la demanda”, explicó Leiva. A lo que Fadel agregó: “Coincido con ese análisis. Hoy se están comiendo los stocks. A pesar de la crisis, la gente sigue comiendo. Hay que esperar tres o cuatro meses”.