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Turistas extranjeros disfrutan San Carlos

Regularmente contingentes de turistas extranjeros, en su mayoría alemanes, recorren circuitos turísticos del departamento, conociendo costumbres y realizando labores de campo. En esta nota te contamos la experiencia de un contingente en la finca El Melocotón y en la bodega artesanal Appón.
Con los canastos ¡a cosechar!
Con los canastos ¡a cosechar!

Cerca del mediodía un grupo de turistas llega a El Melocotón, un emprendimiento familiar en una finca plantada de frutales, que integra el circuito de turismo rural Caminos de Altamira, en La Consulta.

Oscar Miranda, junto a su esposa Elba y sus hijos, reciben a los visitantes que llegan a caballo, en sulky o en bicicleta. Los turistas, la mayoría alemanes, se preparan para una nueva experiencia en tareas de campo y en las costumbres de la zona.

Después de escuchar, traductor mediante, las tareas que se realizan en otras épocas del año, cada uno toma un canasto y se prepara para la cosecha de duraznos. Por entre las hileras, y mientras Oscar les muestra las diferentes variedades y da algunas indicaciones, los turistas llenan sus canastos y saborean las frutas recién cortadas.

Mientras recorren la finca, no deja de llamarles la atención los instrumentos agrícolas, incluso, un viejo tractor con el que se realizan las labores es una tentación para un alemán que prueba lo que es conducir esta vieja máquina. Todos festejan la ocurrencia.

Estas son algunas de las experiencias que los turistas viven en los circuitos de turismo rural en San Carlos. Las familias que formaron estos circuitos entendieron que muchos de los viajeros buscan conocer de cerca la vida diaria y el trabajo de la zona, por lo que decidieron que eso ofrecerían: una visita guiada pero compartiendo las experiencias cotidianas.

Después de El Melocotón, el grupo continúa caminando hasta la bodega artesanal de los hermanos Appón, una familia de inmigrantes que llegó en la primera década del siglo pasado a la Argentina y que después de muchos años de dedicarse solamente a la viticultura se sumaron a la experiencia del turismo.

Armando y Ricardo, dos septuagenarios activos y simpáticos, reciben al grupo y le muestran el sistema de riego y las labores que la vid requiere durante todo el año. Junto a las hileras de malbec, los turistas aprenden algo de la dura tarea de este trabajo. Bajo un tinglado, donde hay herramientas y maquinarias, el mismo alemán que probó el tractor de Miranda, se fascina con un viejo Torino.

Luego, ingresan a la bodeguita, donde varios toneles hacen de marco para una improvisada mesa con trocitos de queso y, obviamente, copas de vino. Se degusta, se brinda, se bebe y después, ríen mucho.

El contingente viene recorriendo otros lugares del país, incluso algunos empezaron el viaje en El Calafate. Pero la fatiga no les impide disfrutar cada momento, interesarse por cada detalle, que por supuesto, a los lugareños nos parecen tan obvios y triviales que nunca pensaríamos que podría ser un atractivo turístico.

“Les llama la atención la hospitalidad, la simpatía y la cordialidad de la gente del lugar” me comenta el guía – traductor, un forastero de Mar del Plata, quien agrega que, es la gran diferencia con sus lugares de origen.

Un matrimonio de Buenos Aires, que se lleva vinos para regalar a sus familiares y amigos, está encantado con la tranquilidad y la seguridad. “Parece otro país, no podíamos creer que las casas estén abiertas, las bicicletas en la calle, es maravilloso descubrir estos lugares” afirman entre risas y brindis.

A los europeos que no conocían la Argentina, les maravilla la variedad y la belleza de los paisajes, pero sobre todo, en el Valle de Uco, la tranquilidad con que se vive y lo amigable de sus pobladores. La mayoría afirma que volverá con más tiempo. “Siempre quise venir a la Argentina, y ahora quiero volver, con más tiempo. Este es el remedio perfecto para tanto stress y depresión que se vive en nuestros lugares de trabajo” afirma una turista suiza en un perfecto castellano. Y los anfitriones, responden que los van a esperar, para mostrar las bellezas del lugar y compartir algo de su vida cotidiana.