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Notas
Gansos y Pericotes: la novela que cuenta las luchas políticas de San Carlos a principios del siglo pasado
Manuela Mur escribió una novela costumbrista sobre las luchas políticas partidarias y abusos de una época. Aquí, un homenaje a esa obra imperecedera.
No es novedoso hablar de la calidad literaria de la novela “Gansos y Pericotes”* de Manuela Mur: expertos de todo el país le otorgaron entre otros, el Premio Nacional de Literatura. Que la obra no haya tenido gran difusión, sobre todo a nivel departamental, a pesar de haber sido reeditada, no le resta mérito literario, sólo pone al descubierto cierta pobreza intelectual y esa alienación con ideas nacidas hace siglos donde el paradigma es civilización – barbarie, siempre en desmedro de todo lo originado en el interior del país.
Más allá del análisis literario, esta obra de la Mur es sobre todo una semblanza del San Carlos de principios de siglo, un documento coloquial donde la autora desnuda las verdades de las luchas políticas, con fuertes críticas al modelo social y cultural de un país y una época.
Desde un título con las motes reales de partidos políticos reales la autora juega según el epígrafe del libro con “los fantasmas que ululan reminiscencias de acontecimientos…”; sin embargo, abordar el eje de la novela -las disputas de poder entre conservadores y lencinistas- con rigor histórico sería un error, porque aunque muchos de los personajes y hechos existieron, la Mur se carga de subjetividad en el juego político, y en todo momento se trasluce su inclinación nata hacia el partido conservador, poniendo al lector ante la disyuntiva de cuánta verdad hay detrás de las palabras.
No, lo histórico no está allí, el documento valioso hay que buscarlo en otro lugar, desde otra perspectiva, donde además de que se transmita el pasado, ese pasado sea casi inédito en otras obras que abordan la historia departamental, y así encontrar, tras el valor literario el documento relevante.
Cuando conversé con “Kety” Mur, cuñada de la escritora y pionera en valorar su obra, me dijo “es muy descriptiva”, con un tono entre lo valorativo y la extenuación por largas páginas de descripciones, páginas que al leerlas me fueron revelando uno de los fuertes del libro: la descripción de estampas y postales de las primeras décadas en San Carlos.
Paisajes pintados magistralmente con detalles de flora y fauna, costumbres familiares, la expansión demográfica, la inmigración, las tradiciones, las fiestas, los juegos de grandes y chicos, el lenguaje popular, leyendas y supersticiones, la expansión de las áreas de cultivo, las clases sociales y las ambiciones de cada una, la relación de la población con el ejército de Campo Los Andes, la educación, las escuelas, las faenas del campo, los valores, los sueños, las metas, los entuertos políticos, las comidas, los trabajos, las labores domésticas, todo, y tal vez un poco más lo describe Manuela Mur en “Gansos y Pericotes” y es un testimonio fidedigno para el acercamiento a la vida al comienzo del siglo pasado en el departamento. No buscamos estadísticas ni cifras aproximadas ni exactas, sí la película en blanco y negro, donde visualicemos una sociedad que precedió a la nuestra, y de la que sin duda heredamos no sólo la tierra. Otra recopilación histórica de este tipo, avalada por una pluma de renombre, prácticamente no se encuentra en todo el Valle de Uco.
Pero la Mur no navega solamente en la recopilación de esa historia poco contada como observadora y cuentista, más bien bucea en lo profundo de una generación y su contexto, y dueña de un ácido y crítico sentido del humor, embate discretamente pero no por eso menos certera, contra las causas y efectos de diferentes problemáticas sociales, políticas y culturales.
Ya he dicho que el eje fundamental de la novela no debería ser considerado de valor histórico estricto, por la tendencia “gansa” de la autora; en cambio, sí tiene relevancia histórica, desde un punto de vista sociológico, todo el juego político utilizado por los dos partidos protagonistas, y en cuya trama se entremezclan la corrupción, los abusos, la burocracia y el fraude. Más allá de la verdadera historia aparecen los cimientos bastante endebles de una incipiente democracia, en una sociedad en general culturalmente pobre. Esto Manuela lo desnuda crudamente entre los “pericotes”, y lo devela sutilmente, a veces en forma irónica, entre los gansos.
Una lectura superficial de la obra podría indicar que la autora llegó casi al fanatismo en la defensa del partido conservador y el escarnio de los opositores; en realidad sospecho de una habilidad aprendida en su elite de intelectuales, y poco comprendida entre sus contemporáneos sancarlinos, con la cual la escritora ponía la brocha gorda castigando explícitamente a los pericotes, pero la pluma punzante la esgrimía sobre una clase política demagógica sin distinción de color. Algunos detalles en el libro, como las promesas infinitas pronunciadas en el discurso de un senador, o un puesto de “observador de langostas” (el “ñoqui” de las primeras décadas), ambas acciones enmarcadas en la acción de gobierno “gansa”, corroboran que la autora en la apariencia estaba casada con los conservadores, sin embargo en su obra disparaba críticamente sobre toda la clase política. Así ella misma reafirma lo que se sospecha en la lectura, en un reportaje que aparece en Diario Los Andes el 7 de Febrero de 1982: “En la literatura la política es una protagonista de primera magnitud siempre. (…) Se está despertando la conciencia de que el problema del desequilibrio administrativo del país, se ha producido siempre cuando en vez de construir se destruye por falta de capacidad de los que gobiernan, y este hecho está relacionado directamente con la cultura.”
Además de adentrar en el tema político, Manuela Mur profundiza en lo social, poniendo al descubierto muchas humillaciones, vejámenes y maltratos que padecían las clases más humildes de parte de “los dueños de todo” (terratenientes y patrones), clase poderosa a la que pertenecía la autora. En muchos párrafos transcribe los pensamientos de los pobres, cargados de resentimiento y amargura. Por ejemplo, uno de los personajes, que termina complotando en el asesinato de un candidato ganso, es hijo natural del patrón, y sufre durante su infancia y adolescencia no sólo la pobreza sino también la discriminación y la burla; en un pasaje el personaje comenta “Al patrón le pertenecíamos, como las siembras, las cosechas, los animales: pensaba en mi suerte, en mi pobreza, en mi vida metida entre borrachos”. Y la autora, completa la descripción del abuso: “Sin alarde, distinguían también el pelaje de los hijos legítimos de los naturales, distribuidos en las heredadas parcelas, en reconocimiento a las madres o al compadre". Ante estas situaciones problemáticas, no emite opinión, sólo describe los hechos de forma que transmiten la naturalidad con que eran vividos en la época, pero encuentra la manera de destapar la situación social y marcar el problema. Es como si mientras contara la historia, en algunos momentos bajara la mirada, y transmitiera el sentimiento que no dicen las palabras.
Más dura y más crítica es aún con el sistema educativo y la escuela. Con un sentido del humor desconocido por sus propios familiares y haciendo uso de la observación analítica, la autora pone al desnudo una educación muy pobre, con pocos contenidos sustentables, y una escuela cómplice en la subestimación de las clases humildes, donde el niño criollo mezcla de aborigen es, según el director “bruto, inculto, pedazo de leso”. Nada se escapa a la pluma ácida en este contexto, y la autora en forma de parodia no tiene piedad en el embate, descubriendo otra problemática y haciendo una dura crítica sin pronunciar la palabra en ningún momento.
Así es que, doña Manuela Mur deja en Gansos y Pericotes, una novela interesante, pero además pinta una postal sancarlina de las primeras décadas sin olvidar detalles ni colores, rescatando una historia informal poco conocida, y casi nunca contada. Al reconstruir ese pasado descubre las raíces de una política con mucha efervescencia y pocos límites, y secretos a voces de consensuados abusos que marcaron una época.
Cabe pensar que en este marco nada está puesto por azar, sino estudiado y analizado para ubicarlo en el pasaje exacto, donde el lector superfluo sólo recuerde los avatares de una historia, pero uno más profundo y reflexivo encuentre además de raíces históricas, cimientos buenos y malos de una sociedad en el interior del país, que por elección de la autora es la sancarlina.
Dentro de toda la ironía que refleja la obra misma, tal vez el mayor sarcasmo se encontraba en su propia vida: mientras sus coetáneos departamentales la consideraban una aristócrata rancia sin sentido del humor y ajena a las realidades de los necesitados, la mujer pensante y observadora dejó en “Gansos y Pericotes” un documento en el que contó mucho y, pegó con dureza sobre la realidad, mientras que, con la cara muy seria se reía de todo.
* En 1.981, la novela "Gansos y Pericotes" recibe el Premio Nacional de Literatura y es reeditada en 1.992. Las motes de "gansos" y "pericotes" corresponden a los seguidores del Partido Demócrata y del Partido Lencinista respectivamente.
Paisajes pintados magistralmente con detalles de flora y fauna, costumbres familiares, la expansión demográfica, la inmigración, las tradiciones, las fiestas, los juegos de grandes y chicos, el lenguaje popular, leyendas y supersticiones, la expansión de las áreas de cultivo, las clases sociales y las ambiciones de cada una, la relación de la población con el ejército de Campo Los Andes, la educación, las escuelas, las faenas del campo, los valores, los sueños, las metas, los entuertos políticos, las comidas, los trabajos, las labores domésticas, todo, y tal vez un poco más lo describe Manuela Mur en “Gansos y Pericotes” y es un testimonio fidedigno para el acercamiento a la vida al comienzo del siglo pasado en el departamento. No buscamos estadísticas ni cifras aproximadas ni exactas, sí la película en blanco y negro, donde visualicemos una sociedad que precedió a la nuestra, y de la que sin duda heredamos no sólo la tierra. Otra recopilación histórica de este tipo, avalada por una pluma de renombre, prácticamente no se encuentra en todo el Valle de Uco.
Pero la Mur no navega solamente en la recopilación de esa historia poco contada como observadora y cuentista, más bien bucea en lo profundo de una generación y su contexto, y dueña de un ácido y crítico sentido del humor, embate discretamente pero no por eso menos certera, contra las causas y efectos de diferentes problemáticas sociales, políticas y culturales.
Ya he dicho que el eje fundamental de la novela no debería ser considerado de valor histórico estricto, por la tendencia “gansa” de la autora; en cambio, sí tiene relevancia histórica, desde un punto de vista sociológico, todo el juego político utilizado por los dos partidos protagonistas, y en cuya trama se entremezclan la corrupción, los abusos, la burocracia y el fraude. Más allá de la verdadera historia aparecen los cimientos bastante endebles de una incipiente democracia, en una sociedad en general culturalmente pobre. Esto Manuela lo desnuda crudamente entre los “pericotes”, y lo devela sutilmente, a veces en forma irónica, entre los gansos.
Una lectura superficial de la obra podría indicar que la autora llegó casi al fanatismo en la defensa del partido conservador y el escarnio de los opositores; en realidad sospecho de una habilidad aprendida en su elite de intelectuales, y poco comprendida entre sus contemporáneos sancarlinos, con la cual la escritora ponía la brocha gorda castigando explícitamente a los pericotes, pero la pluma punzante la esgrimía sobre una clase política demagógica sin distinción de color. Algunos detalles en el libro, como las promesas infinitas pronunciadas en el discurso de un senador, o un puesto de “observador de langostas” (el “ñoqui” de las primeras décadas), ambas acciones enmarcadas en la acción de gobierno “gansa”, corroboran que la autora en la apariencia estaba casada con los conservadores, sin embargo en su obra disparaba críticamente sobre toda la clase política. Así ella misma reafirma lo que se sospecha en la lectura, en un reportaje que aparece en Diario Los Andes el 7 de Febrero de 1982: “En la literatura la política es una protagonista de primera magnitud siempre. (…) Se está despertando la conciencia de que el problema del desequilibrio administrativo del país, se ha producido siempre cuando en vez de construir se destruye por falta de capacidad de los que gobiernan, y este hecho está relacionado directamente con la cultura.”
Además de adentrar en el tema político, Manuela Mur profundiza en lo social, poniendo al descubierto muchas humillaciones, vejámenes y maltratos que padecían las clases más humildes de parte de “los dueños de todo” (terratenientes y patrones), clase poderosa a la que pertenecía la autora. En muchos párrafos transcribe los pensamientos de los pobres, cargados de resentimiento y amargura. Por ejemplo, uno de los personajes, que termina complotando en el asesinato de un candidato ganso, es hijo natural del patrón, y sufre durante su infancia y adolescencia no sólo la pobreza sino también la discriminación y la burla; en un pasaje el personaje comenta “Al patrón le pertenecíamos, como las siembras, las cosechas, los animales: pensaba en mi suerte, en mi pobreza, en mi vida metida entre borrachos”. Y la autora, completa la descripción del abuso: “Sin alarde, distinguían también el pelaje de los hijos legítimos de los naturales, distribuidos en las heredadas parcelas, en reconocimiento a las madres o al compadre". Ante estas situaciones problemáticas, no emite opinión, sólo describe los hechos de forma que transmiten la naturalidad con que eran vividos en la época, pero encuentra la manera de destapar la situación social y marcar el problema. Es como si mientras contara la historia, en algunos momentos bajara la mirada, y transmitiera el sentimiento que no dicen las palabras.
Más dura y más crítica es aún con el sistema educativo y la escuela. Con un sentido del humor desconocido por sus propios familiares y haciendo uso de la observación analítica, la autora pone al desnudo una educación muy pobre, con pocos contenidos sustentables, y una escuela cómplice en la subestimación de las clases humildes, donde el niño criollo mezcla de aborigen es, según el director “bruto, inculto, pedazo de leso”. Nada se escapa a la pluma ácida en este contexto, y la autora en forma de parodia no tiene piedad en el embate, descubriendo otra problemática y haciendo una dura crítica sin pronunciar la palabra en ningún momento.
Así es que, doña Manuela Mur deja en Gansos y Pericotes, una novela interesante, pero además pinta una postal sancarlina de las primeras décadas sin olvidar detalles ni colores, rescatando una historia informal poco conocida, y casi nunca contada. Al reconstruir ese pasado descubre las raíces de una política con mucha efervescencia y pocos límites, y secretos a voces de consensuados abusos que marcaron una época.
Cabe pensar que en este marco nada está puesto por azar, sino estudiado y analizado para ubicarlo en el pasaje exacto, donde el lector superfluo sólo recuerde los avatares de una historia, pero uno más profundo y reflexivo encuentre además de raíces históricas, cimientos buenos y malos de una sociedad en el interior del país, que por elección de la autora es la sancarlina.
Dentro de toda la ironía que refleja la obra misma, tal vez el mayor sarcasmo se encontraba en su propia vida: mientras sus coetáneos departamentales la consideraban una aristócrata rancia sin sentido del humor y ajena a las realidades de los necesitados, la mujer pensante y observadora dejó en “Gansos y Pericotes” un documento en el que contó mucho y, pegó con dureza sobre la realidad, mientras que, con la cara muy seria se reía de todo.
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* En 1.981, la novela "Gansos y Pericotes" recibe el Premio Nacional de Literatura y es reeditada en 1.992. Las motes de "gansos" y "pericotes" corresponden a los seguidores del Partido Demócrata y del Partido Lencinista respectivamente.