Notas
La democracia chilena supo sostener una policía confiable y querida por la gente
Sin promover comparaciones odiosas, evaluaremos aquí –desde el punto de vista de la sociedad de un país vecino, Chile- la percepción social de su policía.
No hablaremos de la inseguridad delictiva clásica, tal como la conocemos aquí, sino que evaluaremos una inseguridad que está mucho menos bajo la lupa y que representa, probablemente, una de las principales causas de la falta de resolución de la criminalidad: el funcionamiento propio de la policía.
Detrás de la cordillera, una democracia más joven que la nuestra supo cómo generar políticas de Estado perdurables a lo largo de los años en materia de seguridad pública.
Hoy, la percepción de corrupción dentro de la policía está en constante baja y, además, los sondeos registran algo que nos puede parecer increíble: la policía es una de las instituciones más confiables del país.
MDZ estuvo presente en la sede de la Policía de Investigaciones de Chile en ocasión de celebrarse la primera conferencia de Red Latinoamericana de Seguridad y Sociedad Civil.
Allí hablamos con sus directivos y con los responsables de las diferentes áreas. Pero nos quedamos con la palabra de un funcionario intermedio: Ian Badiola Heresmann, periodista, miembro del Centro de Investigación y Desarrollo Policial de la Policía de Investigaciones de Chile.
Fue Badiola quien recordó que desde año 2002 en que se fundó el Centro de Investigaciones, buscan reforzar las pesquisas dirigidas a la acción junto a grupos profesionales capaces de monitorear las metas e indicadores de funcionamiento de la institución a largo plazo.
Este sector está formado principalmente por profesionales y en el último año se han integrado algunos oficiales policiales.
¿Cuál es su tarea? Ayudan produciendo información y conocimiento para la toma de decisiones. Vale decir que, de esa manera, se evita el encriptamiento en lo que aquí, allá y en cualquier otro lugar se da en llamar “la familia policial”. De esta manera, se evita dar por sentadas las respuestas a muchas preguntas, tal como lo indica la tradición de las instituciones y organismos que sólo escuchan las voces interiores y, demasiadas veces, ni siquiera las voces actuales, sino las de otras épocas.
Junto con Badiola participan antropólogos, sociólogos, psicólogos, periodistas, cabe decir, básicamente profesionales provenientes de las ciencias sociales.
De esta manera, la función de estos grupos es variable. “Van desde la asesoría a la proposición de proyectos, pasando por la evaluación del desempeño institucional y de avance de los objetivos”, responde Badiola.
Los temas en los que se ha trabajado en este último tiempo son:
• Mejoramiento de la calidad del servicio de la policía, con la mirada puesta en los clientes, la ciudadanía;
• Un observatorio de buenas prácticas policiales en donde se genera un espacio institucional permanente en el que quedan asentadas las buenas ideas e iniciativas que se producen desde las distintas unidades del país. Esto se realiza mediante un concurso cuya primera versión se dio entre los años 2006 y 2007.
• Apoyo a la dirección de Policía en torno a las cuentas públicas, con la finalidad de ayudar a las jefaturas a rendir cuentas públicamente, señalando cuáles son los públicos estratégicos y cuáles son los tipos de rendiciones que deben formularse.
• La probidad en la tarea cotidiana es uno de los principales proyectos y por eso están trabajando en un proyecto de prevención y monitoreo de las conductas incorrectas de los policías. Es un mecanismo que funciona de manera complementaria de todos los órganos de control interno. El objetivo: prevenir las conductas indebidas antes de que ocurran.
La consulta que surgió en el diálogo con Badiola está cargada de los estereotipos que uno es capaz de cargar desde la experiencia propia: ¿los policías aceptan al grupo de civiles que usted integra?, le preguntamos. Y dijo: “hemos tenido que validar nuestro trabajo y cuando vieron que este trabajo resultaba y les servía a todos, obviamente que nos sienten como parte de la misma institución”.
Los resultados
MDZ accedió a documentos que dan cuenta de cómo perciben los chilenos y las chilenas el funcionamiento de la policía en su país.
Enumeraremos aquí una serie de conclusiones a la que llegaron centros muy diversos de evaluación y monitoreo.
• La tercera Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana, llevada a cabo por el Ministerio del Interior y el Instituto Nacional de estadísticas, indicó que del 0,5 por ciento de los encuestados que dijo haber sido objeto de algún pedido de coima, sólo el 0,9 por ciento declaró que provino de algún miembro de la policía Vale decir: 0,03 por ciento de los chilenos fue coimeado.
• La cuarta Encuesta de este tipo, realizada en 2007, le preguntó a la gente a qué organismo le atribuía como función principal la seguridad ciudadana. En este punto, se incrementó notablemente la cantidad de respuestas a favor de la policía: pasó del 1,3% en 2006 al 3,9%.
• La policía es la segunda institución en el índice de Probidad. Así lo indicó el estudio del Instituto Libertad y Desarrollo, que elabora el Índice de Corrupción de las Instituciones Públicas. Antes que la policía, está en la lista la Contraloría General de la República.
• La Fundación Paz Ciudadana reveló que entre 2004 y 2006, 0,75% de los encuestados había sido víctima o testigo de un acto en el cual un funcionario de la policía civil había hecho mal uso de su cargo en función de un beneficio personal.
• Esta misma fundación concluyó, al analizar la opinión de 12.290 personas, que un 52,8% de la población opina que la Policía de Investigaciones de Chile es más eficiente; un 52,2, estima que es más confiable; un 55,9% cree que es más profesional; un 42,2% afirma que es más cercana y un 48,6% opina que ofrece un mejor servicio. Todo, con respecto a un año atrás.
Estos son algunos de los resultados a los que pudimos acceder. En todos los casos, reveladores de una situación de liderazgo que es digna de análisis.
Un desafío para todas las democracias de Latinoamérica es, precisamente, lograr demostrar que la democracia es capaz de generar seguridad ciudadana, paz en los barrios y de manera seria y con recursos disponibles en las ciencias.
Tal como le contó a MDZ hace un tiempo el ex ministro del Interior del Perú, Gino Costa, “ya existe un bagaje de experiencias en América latina” en materia de funcionamiento policial y de buenas prácticas.
Lo que falta, es ponerlas a todas juntas sobre la mesa para superar la etapa de las improvisaciones y arrancar un nuevo tiempo en el que lo importante sea el servicio y no las excusas; en el que lo trascendente sea lograr que muchos hechos evitables no se produzcan, esclarecer efectivamente y con consecuencias judiciales los que se produjeron y generar iniciativas que apuesten a la sanidad interna y la excelencia de la tarea que se realiza. Está demostrado que es posible.