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Notas
Los argentinos sufren malos tratos pasando la Cordillera
De la misma forma que muchos viajeros chilenos se ven sorprendidos por algunos malos tratos que reciben en Mendoza, en Viña del Mar existen quejas de turistas argentinos. Promociones que sólo sirven para atraer incautos, contrataciones de estadías que no son las acordadas, hasta el cobro diferencial de estacionamientos, son los casos más comunes de servicios mal prestados.
A uno y otro lado de la Cordillera de Los Andes existen abusos de parte de quienes atienden a los turistas, tanto chilenos como argentinos. Son conocidas las malas experiencias que todos los años reciben algunos chilenos en Mendoza, por ejemplo, a la hora de adquirir algún artículo que para ellos muchas veces son más caros.
Del lado del Pacífico, la historia se repite, siempre de la mano de los ventajeros de siempre que pretenden sacar provecho, mayormente, de la desinformación que exhibe el viajero recién llegado. Al pasar los días, casi siempre el turista comienza a advertir la avivada y se arman verdaderas estrategias para no seguir siendo víctimas “de los chantas”, según definió Raúl Militello, un mendocino que con su familia lleva algunas semanas recorriendo Chile.
“Nosotros llegamos a Chile y nuestro primer punto de estadía fue en La Serena. El lugar es lindísimo, y en general los chilenos son muy, pero muy amables. Lástima que hayan algunos vivos que te ponen de mal humor”, comenzó contando Raúl, quien hoy se encuentra en el histórico Hotel O´Higgins de Viña del Mar. Un hotel que remonta al viajero al pasado, ya que su construcción de 1.934.
Según el testimonio de Militello, “la primera avivada que debimos soportar son las referidas a los pequeños comedores que existen en lugares típicos de la playa chilena, donde en pizarras ofrecen menús a precios muy convenientes que la verdad, te tientan. El asunto es que una vez que has sentado y ordenado la oferta, al rato se acerca quien te atiende y te informa que de eso no queda más. Entonces vos pedís algo similar y te salen que casi no queda nada barato y te apuran para que ordenes de mala gana y, claro, siempre la opción que ellos tienen es mucho, pero mucho más cara”, describió.
Algo similar es lo que también a la familia Militello le ha ocurrido al momento de conocer el sitio donde se iban a hospedar: “Es muy gracioso, porque en principio uno tiene la mejor predisposición del mundo y por otro lado uno viene de vacaciones pero la verdad es que no se quiere hacer mala sangre. Pero he tenido que ponerme casi a trabajar con el fin de tener el teléfono de Defensa del Consumidor, de acá, en Viña del Mar, por ejemplo. Esto ha sido luego de la mala experiencia que pasamos cuando fuimos a tomar la habitación que nos habían vendido como un anexo”, contó.
El caso es que la familia Militello, antes de llegar a Viña del Mar, debió ponerse firme porque lo que pretendían entregar era “una habitación oscura, sin una cuna para el nene y eso que ya lo habíamos aclarado de antemano en el contrato previo que celebramos desde Mendoza y que tenía muchos defectos. A mi no me molesta que haya una mancha de humedad o una baldoza floja, pero que me cobren según el servicio que te ofrecen”, aclaró.
“Fue entonces que le reclamamos al dueño del lugar que nos devolviera al dinero para ir a alojarnos a otro lugar que eligiéramos y pregunté por Defensa del Consumidor y en cinco minutos apareció la habitación que nosotros habíamos contratado”, confesó sonriente Norma Torreblanca, esposa de Raúl.
Una historia similar es la que han contado también dos abogadas, de Buenos Aires y de Neuquén. Dos amigas que decidieron pasar sus vacaciones en las playas de Reñaca.
“La atención no es buena. El mal trato además de muchos chilenos está a la orden del día. No te piden, te exigen que les pagues más. Son unos vivos. Por ejemplo, cuando te ven que el auto tiene patente argentina te cobran más. Al principio no te das cuenta porque no conocés cómo es el sistema. Con el correr de los días empezás a conversar con la gente y te das cuenta que se están abusando. Una locura”, se quejó Sabrina Vecchioni, proveniente de Buenos Aires.
El caso es que la familia Militello, antes de llegar a Viña del Mar, debió ponerse firme porque lo que pretendían entregar era “una habitación oscura, sin una cuna para el nene y eso que ya lo habíamos aclarado de antemano en el contrato previo que celebramos desde Mendoza y que tenía muchos defectos. A mi no me molesta que haya una mancha de humedad o una baldoza floja, pero que me cobren según el servicio que te ofrecen”, aclaró.
“Fue entonces que le reclamamos al dueño del lugar que nos devolviera al dinero para ir a alojarnos a otro lugar que eligiéramos y pregunté por Defensa del Consumidor y en cinco minutos apareció la habitación que nosotros habíamos contratado”, confesó sonriente Norma Torreblanca, esposa de Raúl.
Una historia similar es la que han contado también dos abogadas, de Buenos Aires y de Neuquén. Dos amigas que decidieron pasar sus vacaciones en las playas de Reñaca.
“La atención no es buena. El mal trato además de muchos chilenos está a la orden del día. No te piden, te exigen que les pagues más. Son unos vivos. Por ejemplo, cuando te ven que el auto tiene patente argentina te cobran más. Al principio no te das cuenta porque no conocés cómo es el sistema. Con el correr de los días empezás a conversar con la gente y te das cuenta que se están abusando. Una locura”, se quejó Sabrina Vecchioni, proveniente de Buenos Aires.