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Notas
Jaque mete otra vez las manos en el fuego con los índices de la seguridad
El Gobierno provincial lanzó días atrás una campaña publicitaria que hace foco en la reducción del delito en un barrio de Luján. Sostuvo que la inseguridad bajó allí el 60 por ciento. ¿A pesar de la crisis en esta área, usará otra vez la estrategia de los spots publicitarios para intentar ganar las elecciones de octubre?
Hace unos días, inesperadamente, el Gobierno provincial resucitó su Frankestein. En el marco de la campaña “Mendoza en marcha”, invadió los medios de comunicación con una publicidad en la que contaba cómo habían bajado los índices del delito en un barrio de Luján. En los spots, vecinos y policías aparecían trabajando juntos y satisfechos por conseguir ese objetivo. El problema era el remate: la inseguridad bajó en esta barriada el 60 por ciento, decían los mensajes televisivos y gráficos.
Volver a conjugar cifras y delitos, después de las experiencias vividas, no parece atinado. La triste historia reciente indica que el gobernador Celso Jaque prometió en campaña una reducción del 30 por ciento en seis meses. La promesa lo condujo hacia el sillón de San Martín cuando nadie lo esperaba. Pero lo obligó, exactamente seis meses después, a pedir disculpas públicas por no haber podido cumplir esa meta.
La difusión del caso del barrio Los Olivos (el barrio lujanino donde impera la paz y el orden) puede ser, no obstante, la muestra de que Jaque insistirá en esa misma línea, en un año electoral donde deberá remontar una tendencia bastante negativa.
Algunas pruebas e indicios parecen demostrar que el gobernador va a intentar este año llegar al pueblo mendocino de manera directa, por medio de la publicidad oficial, y a contramano de la opinión pública que generan los grandes medios. Incluso a contramano del propio sentido común, si tomamos como ejemplo las recientes noticias oficiales sobre la seguridad.
Hay una explicación para esta conducta. Jaque es un convencido de que su gobierno ha hecho más cosas que las que se conocieron a través de los medios. Lo afirmó en el mensaje de fin de año y lo había sugerido antes, en cuanto contacto con periodistas tuvo.
Por eso el fin de año vino alumbró la campaña “Mendoza en marcha”, un paquete que no sólo contempló la sorprendente reducción del delito en el barrio Los Olivos, sino también una supuesta mejora en el plan de viviendas oficial, entre otras “buenas noticias”.
El aluvión de publicidades sorprendió a más de uno. Generalmente, los gobiernos guardan esa artillería propagandística para los meses previos a las elecciones. Jaque, en cambio, arrancó mucho antes.
La inversión realizada en los medios sobre el fin de año para tratar de remontar la imagen de Jaque hace prever que, este año, el gasto publicitario del Poder Ejecutivo será millonario. Y como siempre, discrecional, porque no está sometido a controles. Ese gasto será, quizás, la carta del oficialismo para que el Gobierno pueda llegar a todos los mendocinos sin el "ruido" de los intermediarios irritantes o críticos. O sea, sin el periodismo. El método servirá, también, si tenemos en cuenta algunos antecedentes, para suavizar las líneas editoriales de varios medios masivos locales.
Pero el riesgo para Jaque radica en la posibilidad de que “los públicos” esta vez no crean lo que la publicidad oficial muestra. El barrio Los Olivos de Luján, según quienes lo conocen, es un ejemplo valioso respecto de la organización comunitaria contra el delito, pero es casi una excepción a la regla en un 2009 que, a pesar de que recién comienza, ya ha golpeado duro en otros núcleos urbanos de la provincia. Los estrategas del marketing y los mass media del justicialismo deberán ser esta vez mucho más cuidadosos que en 2007, cuando una promesa guionada para la tele alcanzó para que el justicialista ganara una elección.
La microrrealidad del barrio lujanino muestra un lugar donde los vecinos, gracias a algunos activos dirigentes, interactúan con las fuerzas policiales y hasta se comprometen con el arreglo de los móviles policiales, según el mensaje de “Mendoza en marcha”. Desde la época en que Leopoldo Orquín era el ministro de Seguridad, se lo recuerda al barrio como un ejemplo en este sentido.
Hay también otros barrios donde la vieja y olvidada experiencia de las alarmas comunitarias todavía rinde efecto, por los valores de organización preventiva y solidaridad entre vecinos que ha fundado.
Pero el contraste cruel a estos buenos indicios es, por ejemplo, la anciana de 88 años que fue baleada en la cabeza en la noche del viernes en las puertas de su casa, por unos delincuentes que se asustaron cuando sonó la alarma de su vivienda. Ocurrió en el barrio Bancario, un populoso conjunto de Godoy Cruz. Un sitio de clase media donde el delito y la violencia hace tiempo modificaron costumbres y sembraron miedos.
Mendoza sigue siendo una ciudad insegura y eso no se puede cambiar con un spot publicitario. Por lo menos con aquellos que se hacen para resaltar logros que apenas sirven de consuelo para el Gobierno, si se toma en cuenta la situación general.
Los frecuentes asaltos y ataques a los turistas en el centro gatillan cada tanto disparos letales sobre la tranquilidad ciudadana. Y ese efecto es difícil también de contrarrestar con mensajes optimistas, de un mundo feliz que en la realidad no existe.
La alarma debería sonar a tiempo en los estudios de los creativos del oficialismo, a quienes por estos días les sobra el trabajo. No será posible vender en las elecciones legislativas (y plebiscitarias de la gestión de Jaque) un producto vacío o una promesa bien declamada e iluminada. Tampoco una experiencia aislada o excepcional, por más que suene como música en los oídos del gobernador.
En cambio, la poderosa publicidad oficial haría bien en ir pensando cómo acompañará los logros más legítimos y amplios del gobierno. Y el gobierno, en cómo producir esos logros. Por ejemplo, reactivando y convirtiendo en medidas concretas a las premisas del ambicioso Pacto Social por la seguridad, para que el objetivo de unir a todos los sectores en la lucha contra el delito rinda efecto de verdad.
De lo contrario, la suerte en las urnas de Jaque quedará atada al impacto que puedan tener los crímenes de 2009 en la sociedad mendocina, entre otras variables.
O a la impericia y desorden de la oposición política, que en 2008 jugó un rol más que deslucido en el seguimiento y el control legislativo de la gestión en seguridad del Gobierno.
Por eso el fin de año vino alumbró la campaña “Mendoza en marcha”, un paquete que no sólo contempló la sorprendente reducción del delito en el barrio Los Olivos, sino también una supuesta mejora en el plan de viviendas oficial, entre otras “buenas noticias”.
El aluvión de publicidades sorprendió a más de uno. Generalmente, los gobiernos guardan esa artillería propagandística para los meses previos a las elecciones. Jaque, en cambio, arrancó mucho antes.
La inversión realizada en los medios sobre el fin de año para tratar de remontar la imagen de Jaque hace prever que, este año, el gasto publicitario del Poder Ejecutivo será millonario. Y como siempre, discrecional, porque no está sometido a controles. Ese gasto será, quizás, la carta del oficialismo para que el Gobierno pueda llegar a todos los mendocinos sin el "ruido" de los intermediarios irritantes o críticos. O sea, sin el periodismo. El método servirá, también, si tenemos en cuenta algunos antecedentes, para suavizar las líneas editoriales de varios medios masivos locales.
Pero el riesgo para Jaque radica en la posibilidad de que “los públicos” esta vez no crean lo que la publicidad oficial muestra. El barrio Los Olivos de Luján, según quienes lo conocen, es un ejemplo valioso respecto de la organización comunitaria contra el delito, pero es casi una excepción a la regla en un 2009 que, a pesar de que recién comienza, ya ha golpeado duro en otros núcleos urbanos de la provincia. Los estrategas del marketing y los mass media del justicialismo deberán ser esta vez mucho más cuidadosos que en 2007, cuando una promesa guionada para la tele alcanzó para que el justicialista ganara una elección.
La microrrealidad del barrio lujanino muestra un lugar donde los vecinos, gracias a algunos activos dirigentes, interactúan con las fuerzas policiales y hasta se comprometen con el arreglo de los móviles policiales, según el mensaje de “Mendoza en marcha”. Desde la época en que Leopoldo Orquín era el ministro de Seguridad, se lo recuerda al barrio como un ejemplo en este sentido.
Hay también otros barrios donde la vieja y olvidada experiencia de las alarmas comunitarias todavía rinde efecto, por los valores de organización preventiva y solidaridad entre vecinos que ha fundado.
Pero el contraste cruel a estos buenos indicios es, por ejemplo, la anciana de 88 años que fue baleada en la cabeza en la noche del viernes en las puertas de su casa, por unos delincuentes que se asustaron cuando sonó la alarma de su vivienda. Ocurrió en el barrio Bancario, un populoso conjunto de Godoy Cruz. Un sitio de clase media donde el delito y la violencia hace tiempo modificaron costumbres y sembraron miedos.
Mendoza sigue siendo una ciudad insegura y eso no se puede cambiar con un spot publicitario. Por lo menos con aquellos que se hacen para resaltar logros que apenas sirven de consuelo para el Gobierno, si se toma en cuenta la situación general.
Los frecuentes asaltos y ataques a los turistas en el centro gatillan cada tanto disparos letales sobre la tranquilidad ciudadana. Y ese efecto es difícil también de contrarrestar con mensajes optimistas, de un mundo feliz que en la realidad no existe.
La alarma debería sonar a tiempo en los estudios de los creativos del oficialismo, a quienes por estos días les sobra el trabajo. No será posible vender en las elecciones legislativas (y plebiscitarias de la gestión de Jaque) un producto vacío o una promesa bien declamada e iluminada. Tampoco una experiencia aislada o excepcional, por más que suene como música en los oídos del gobernador.
En cambio, la poderosa publicidad oficial haría bien en ir pensando cómo acompañará los logros más legítimos y amplios del gobierno. Y el gobierno, en cómo producir esos logros. Por ejemplo, reactivando y convirtiendo en medidas concretas a las premisas del ambicioso Pacto Social por la seguridad, para que el objetivo de unir a todos los sectores en la lucha contra el delito rinda efecto de verdad.
De lo contrario, la suerte en las urnas de Jaque quedará atada al impacto que puedan tener los crímenes de 2009 en la sociedad mendocina, entre otras variables.
O a la impericia y desorden de la oposición política, que en 2008 jugó un rol más que deslucido en el seguimiento y el control legislativo de la gestión en seguridad del Gobierno.