Notas
Una indagación sobre las dimensiones ocultas del tiempo
Todo aquello que no puede ser medido en minutos y horas es el tema central de un ensayo, de Stefan Klein, que profundiza cómo experimentamos el tiempo y cómo podemos aprender a manejarlo.
¿Por qué siempre los momentos de amor y felicidad parecen tan breves y volátiles? ¿Y por qué el tiempo, cuando esperamos impacientes, parece que no quiere avanzar? ¿Cómo podemos administrar nuestro tiempo de manera más consciente en nuestro ajetreado día a día?
El libro, "El Tiempo", recién publicado por Ediciones Urano, da respuestas a estas incógnitas desde la peculiar perspectiva del autor que aborda esta problemática.
Klein subraya que para la mayoría de las personas el tiempo fluye hacia algún lugar fuera de ellas e invita al lector a buscar otras posibilidades: "lo que experimentamos como tiempo no es sólo un fenómeno del mundo exterior, sino simultáneamente de nuestra conciencia. Depende mucho de nosotros la forma en que percibimos el tiempo".
La sensación del tiempo requiere de casi todas las funciones del cerebro: la sensación corporal y la percepción sensorial; la memoria y la capacidad de hacer planes; las emociones y la conciencia de uno mismo, afirma el autor, licenciado en biofísica.
Todas las funciones interactúan entre sí, y basta que una se averíe para que la vivencia del tiempo se desfigure o incluso desaparezca por completo, explica Klein.
"La exploración del tiempo aborda también la interacción entre educación, entorno y genética, que conforman la personalidad -apunta el escritor-.
La forma en que concebimos el tiempo influye en nuestra forma de percibirlo". La primera parte del libro aborda el nacimiento del tiempo interior y explora los procesos responsables de la sensación temporal en el cerebro para que el lector pueda darse cuenta cómo vive el tiempo, pero también lo que puede hacer para influir en esta vivencia, a través de algunos experimentos sugeridos por el autor.
¿Cómo reaccionamos al ritmo temporal de nuestro entorno? Esta pregunta da encarnadura a la segunda parte del libro: "Su trasfondo es la vida en un mundo cada vez más rápido", menciona Klein.
¿Vale la pena hacer varias cosas a la vez? ¿Poco tiempo es necesariamente sinónimo de estrés? Y si no es así, ¿cómo puede conservarse la tranquilidad incluso con plazos muy ajustados?, son interrogantes que el investigador contesta a lo largo del libro.
La tercera parte está dedicada a la dimensión cósmica del tiempo: "Al experimentar el tiempo sentimos directamente cómo cada uno de nosotros forma parte de la evolución del cosmos. Quizás en ello radique la mayor maravilla de nuestra sensación del tiempo", escribe Klein.
En estos días, reflexiona el biofísico, "nuestra sociedad está obsesionada con la idea de utilizar todas y cada una de las horas. De esta manera, el ritmo de nuestras vidas se acelera continuamente, a menudo hasta franquear los límites de nuestra capacidad de resistencia.
Todos nosotros formamos parte de un gran experimento en lo relativo al tratamiento del tiempo".
Para Klein, "es apremiante identificar en que medida el tiempo sentido está adherido a nuestra personalidad. En cierto modo, estar calmado o alterado, mirar atrás hacia años de plenitud o hacia el vacío, es precisamente consecuencia de las circunstancias en las que vivimos.
La película de nuestra vida se rueda en la cabeza".
El intelecto, sostiene el autor, "está programado de manera fija por la naturaleza únicamente para que sintamos el paso de los minutos y las horas. Pero cómo lo hacemos, lo determinamos nosotros mismos.
Entrenando nuestra propia percepción y atención también transformamos la sensación de tiempo". "Podemos dejar atrás el miedo a ahogarnos en el remolino temporal. De nosotros depende aprender a nadar y dejarnos llevar por la corriente del tiempo", concluye.
"La exploración del tiempo aborda también la interacción entre educación, entorno y genética, que conforman la personalidad -apunta el escritor-.
La forma en que concebimos el tiempo influye en nuestra forma de percibirlo". La primera parte del libro aborda el nacimiento del tiempo interior y explora los procesos responsables de la sensación temporal en el cerebro para que el lector pueda darse cuenta cómo vive el tiempo, pero también lo que puede hacer para influir en esta vivencia, a través de algunos experimentos sugeridos por el autor.
¿Cómo reaccionamos al ritmo temporal de nuestro entorno? Esta pregunta da encarnadura a la segunda parte del libro: "Su trasfondo es la vida en un mundo cada vez más rápido", menciona Klein.
¿Vale la pena hacer varias cosas a la vez? ¿Poco tiempo es necesariamente sinónimo de estrés? Y si no es así, ¿cómo puede conservarse la tranquilidad incluso con plazos muy ajustados?, son interrogantes que el investigador contesta a lo largo del libro.
La tercera parte está dedicada a la dimensión cósmica del tiempo: "Al experimentar el tiempo sentimos directamente cómo cada uno de nosotros forma parte de la evolución del cosmos. Quizás en ello radique la mayor maravilla de nuestra sensación del tiempo", escribe Klein.
En estos días, reflexiona el biofísico, "nuestra sociedad está obsesionada con la idea de utilizar todas y cada una de las horas. De esta manera, el ritmo de nuestras vidas se acelera continuamente, a menudo hasta franquear los límites de nuestra capacidad de resistencia.
Todos nosotros formamos parte de un gran experimento en lo relativo al tratamiento del tiempo".
Para Klein, "es apremiante identificar en que medida el tiempo sentido está adherido a nuestra personalidad. En cierto modo, estar calmado o alterado, mirar atrás hacia años de plenitud o hacia el vacío, es precisamente consecuencia de las circunstancias en las que vivimos.
La película de nuestra vida se rueda en la cabeza".
El intelecto, sostiene el autor, "está programado de manera fija por la naturaleza únicamente para que sintamos el paso de los minutos y las horas. Pero cómo lo hacemos, lo determinamos nosotros mismos.
Entrenando nuestra propia percepción y atención también transformamos la sensación de tiempo". "Podemos dejar atrás el miedo a ahogarnos en el remolino temporal. De nosotros depende aprender a nadar y dejarnos llevar por la corriente del tiempo", concluye.
Fuente: Télam.