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Notas

Hay que vaciar de armas los sindicatos

El gobierno debe avanzar sobre sus socios sindicales para esclarecer de dónde sacan y con qué licencias utilizan la cantidad de armas que sus hombres están usando para matar en el país.

“Toda la gente está armada, no sólo los sindicalistas. Es por la inseguridad, ¿vió?”.

Así, suelto de cuerpo y de ideas, respondió a la pregunta sobre los reiterados tiroteos que se producen en disputas gremiales el máximo dirigente de la CGT, Hugo Moyano al periodista Reynaldo Sietecase, en Radio del Plata.

Para el principal aliado que le queda a un matrimonio presidencial que abandona rápidamente la transversalidad, no es nada grave que los sindicalistas anden armados.

Moyano está convencido de que está bien. Y algo más: que todo el mundo lo hace y, si no lo hace, debería hacerlo.

Las afirmaciones del líder sindical merecerían, al menos, una réplica, una desmentida o, tal vez –si es que el rumbo del gobierno está definitivamente perdido- una confirmación de parte del ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández.

Bajo su órbita se encuentra la seguridad de la población que según Moyano, no existe, y por eso la gente tiene que defenderse a tiros por sí misma.

Y también de él depende el Registro Nacional de Armas, organismo al frente del cual colocó a una persona de su máxima confianza y que, por lo que se sabe (o, mejor dicho, por lo que éste dice públicamente) no está pasando en la Argentina lo que el principal aliado del gobierno dice que ocurre.

Peligrosamente, las instituciones gremiales creadas para defender los derechos de los trabajadores y que, como tales, deberían gozar del respeto de la sociedad, se están transformando en generadoras de noticias policiales.

El diario La Nación informó –en una nota editorial- que “en los últimos 22 años, según un estudio del Centro de Estudios Nueva Mayoría, los sindicatos han sido el principal protagonista de la violencia política”.

Tuvo que pasar lo de “Madonna” Quirós, el gremialista mendocino que la emprendió a tiros en San Vicente, durante el homenaje a Juan Domingo Perón; la no resuelta muerte del dirigente de la UOCRA Mendoza Ariel Quiroga, en La Pampa y, recientemente, el enfrentamiento entre la CTA y la CGT en Rosario para tomar conciencia del poder de fuego de un sindicalismo anestesiado en lo gremial, pero muy activo y ofensivo cuando de acallar a tiros a quien piensa diferente se trata.

Aquel editorial indicó, además, que se registra un incremento notable de este tipo de actos violentos. “Sólo este año –indicó- 471 de los 704 casos registrados de violencia política” tuvieron origen sindical.

Así como las autoridades atinaron a poner en marcha un plan que busca sacar de circulación a las armas que la gente no quiere tener, debe avanzar, rápidamente, en vaciar de armas a los sindicatos y a los sindicalistas.

Sería muy sano contar con un panorama real de quiénes tienen qué tipo de armas en estas asociaciones, si están inscriptas o no, de dónde las sacaron y en dónde las guardan cuando las andan exhibiendo en público.

Le otorgaría una necesaria pincelada de transparencia al gobierno que éste avance rápidamente sobre sus socios sindicales para proponer, en principio, un desarme de “los gordos” y, al menos, un armisticio, que permita quitar del plano de la crónica roja lo que debiera ocupar un espacio de debate de ideas y contrapuntos.