Notas
Cien mil armas menos: buen principio, pero falta mucho
La Argentina ha sacado de circulación 100 mil armas de fuego. Esto es producto del programa nacional que permite que la gente, voluntariamente, se saque de encima armas que no sabe o no quiere usar y que, definitivamente, no quiere tener en el seno de su hogar.
Es un buen comienzo. En el país hay cientos de miles de armas. Podríamos caer en el facilismo de decir que muchas están en "manos equivocadas". Sin embargo, cuando vemos que todos los días alguien muere como producto de un suicidio, de una discusión estúpida o del gatillo fácil, no nos queda muy claro cuáles serían, por oposición a aquellas, las "manos acertadas".
Hace ocho años iniciamos en Mendoza un trabajo que no debe agotarse en la importante tarea de achicar la cantidad de armas disponibles. Eso, evita muertes.
Pero es sólo, como dijimos antes, un buen comienzo: una oportunidad de manifestar la confianza mutua entre Estado y sociedad, una chance de debatir las causas más profundas de la violencia que sufrimos a diario y de descubrir cómo las soluciones lineales e instantáneas en realidad no solucionan nada, sino que prorrogan la vigencia del problema.
Es necesario acompañar al desarme voluntario de la población con medidas tendientes a desarticular las bandas que alquilan y venden clandestinamente armas y munciones. No hace falta ninguna nueva ley ni manos más duras, ni blandas, ni firmes: sólo decisión política y acompañamiento judicial.
Es fundamental discutir abiertamente si la Argentina quiere que tener un arma sea un derecho para todos, que será interrumpido luego de que alguien cometa alguna desgracia con ella, o bien un privilegio, por el que antes de otorgar el derecho, se investigue si el solicitante de un arma es un loco, un golpeador, un estafador, un ladrón, un fabulador.
Estos ocho años de trabajado que iniciamos humildemente en Mendoza con el apoyo de organizaciones ruralistas y comerciales, centros culturales y clubes deportivos, uniones vecinales y policías han servido para comprender la real dimensión del problema de la violencia.
Estábamos en lo cierto: sacando armas de la circulación se salvan vidas y es imposible calcular cuándo daño podrían haber causado todas estas armas y las más de 700 mil balas que ahora serán destruidas por el Estado nacional.
Esperemos que, siguiendo en el camino de los aciertos, también se apueste a la continuidad permanente del plan y a medidas que busquen el encuentro de la población, su integración y no su segmentación sectaria y la exclusión.
Si se retorna a las políticas de los años 90, nuevamente se salvará, solamente, quien pueda. Y cuando hablamos de esto y lo vinculamos a vivir tranquilos y seguros, corremos el riesgo de volver a creer que nuestra paz la garantizará la guerra contra el potencial enemigo, el diferente.
(*) El autor es fundador de la Red Argentina para el Desarme y de la organización CLAVE (Coalición latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada). Es miembro de la IANSA, International Action Network on Small Arms). Impulsó y ejecutó el primer plan de canje de armas de Argentina en la provincia de Mendoza, entre 2000 y 2002.
Es fundamental discutir abiertamente si la Argentina quiere que tener un arma sea un derecho para todos, que será interrumpido luego de que alguien cometa alguna desgracia con ella, o bien un privilegio, por el que antes de otorgar el derecho, se investigue si el solicitante de un arma es un loco, un golpeador, un estafador, un ladrón, un fabulador.
Estos ocho años de trabajado que iniciamos humildemente en Mendoza con el apoyo de organizaciones ruralistas y comerciales, centros culturales y clubes deportivos, uniones vecinales y policías han servido para comprender la real dimensión del problema de la violencia.
Estábamos en lo cierto: sacando armas de la circulación se salvan vidas y es imposible calcular cuándo daño podrían haber causado todas estas armas y las más de 700 mil balas que ahora serán destruidas por el Estado nacional.
Esperemos que, siguiendo en el camino de los aciertos, también se apueste a la continuidad permanente del plan y a medidas que busquen el encuentro de la población, su integración y no su segmentación sectaria y la exclusión.
Si se retorna a las políticas de los años 90, nuevamente se salvará, solamente, quien pueda. Y cuando hablamos de esto y lo vinculamos a vivir tranquilos y seguros, corremos el riesgo de volver a creer que nuestra paz la garantizará la guerra contra el potencial enemigo, el diferente.
(*) El autor es fundador de la Red Argentina para el Desarme y de la organización CLAVE (Coalición latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada). Es miembro de la IANSA, International Action Network on Small Arms). Impulsó y ejecutó el primer plan de canje de armas de Argentina en la provincia de Mendoza, entre 2000 y 2002.