Notas
Genoud: el suicidio que sacudió a la clase política mendocina
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José Genoud se pegó dos tiros en el pecho en la noche del 25 de setiembre, en su casa de la Quinta Sección. Fue un broche dramático para una vida plagada de contrastes y claroscuros: alcanzó la gloria y se transformó en un símbolo de la vuelta de la democracia en 1983, al ser el primer vicegobernador mendocino de la vuelta de la democracia; pero también quedó casi como un ícono de la corrupción en el triste gobierno de Fernando De La Rúa, al quedar envuelto en la grave causa de las coimas en el Senado de la Nación.
Momento en que retiran el cadáver de Genoud de su casa.
Curiosamente, se fue cuando su estrella parecía, de alguna manera, revivir. Quienes lo conocían bien, sostienen que el Pepe estaba de vuelta y muy activo en materia de política. Los aires de reconstrucción de la UCR que corren por estos días lo tenían entre sus arquitectos. De hecho, uno de sus hombres, el escribano Carlos Le Donne, es el interventor actual del radicalismo mendocino desde hace bastante tiempo.
Genoud trabajaba por la reunificación partidaria y se contaba entre quienes aceptan la vuelta de Cobos al partido. Su palabra conservaba peso en el partido, más allá de que los fantasmas del pasado lo acosaran y le recordaran constantemente que la mancha de la causa de las coimas no lo abandonaría jamás.
Pero los fantasmas que lo acechaban no se originaban sólo en el latente juicio oral de las coimas, sujeto a los impredecibles tiempos de la justicia argentina, sino también en los vaivenes de su salud. Genoud luchaba desde hacía años contra dos cánceres. Parecía haber ganado la batalla, a fuerza de duros tratamientos que cumplió al pie de la letra y más, aunque algunos dicen que esa persistente enfermedad lo acosaba con la posibilidad de una metástasis.
Socialmente condenado por una denuncia gravísima y asediado por una enfermedad terminal. Pero activo en política, al punto de mantener frecuentes reuniones con personajes como Roberto Iglesias, Ernesto Sanz y Víctor Fayad, en las que militaba la reunificación de la UCR. Esa era la vida agridulce de Genoud en 2008.
Sin embargo, apenas se produjo su deceso, sus allegados empezaron a hablar de un elemento que volcó la balanza definitivamente hacia el lado de la tragedia en setiembre. Una insoportable desilusión familiar, un golpe más duro que todos los que había sufrido antes y los que todavía tenía que enfrentar.
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Una realidad intolerable, que la mayoría prefiere mantener en secreto, habría confirmado el viejo caudillo radical durante la cena a solas que mantuvo con su esposa, Rosa Latino, en la noche del 25 de setiembre. Su amigo y secretario personal, Nelson Reynoso, lo confesó a este diario poco después de la muerte de Genoud. Reynoso fue la última persona que habló con él por teléfono. “Jamás se había deprimido por el cáncer que sufría ni por la causa judicial, e inclusive durante todo el día había estado bien. Me contó lo que le pasaba, con lujo de detalles, pero era un tema muy personal”, dijo Reynoso.
Aquello que escuchó en la cena con su mujer lo quebró espiritualmente como nada hasta entonces. Y no tuvo retorno.
El señor de los caballos. Quienes todavía hoy siguen delineando el perfil de Genoud, cuentan algunas anécdotas quizás poco conocidas para el común de las personas. Por ejemplo, su debilidad por los caballos y la vida de campo. Genoud poseía un campo en San Luis, cerca de Villa Mercedes. En sus escapadas, se compenetraba tanto con esa vida silvestre que hasta hacía las tareas de labranza. Y aseguran que poseía plantaciones de maíz y soja, ese producto que provocó la peor crisis institucional del país este año.
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Eran tiempos de desconcierto en el partido de Alem. Leopoldo Moreau, el malogrado candidato radical a presidente tras la caída de De La Rúa, era el postulante oficial. Pero en la provincia, prácticamente había libertad de acción, y el radical que entonces tenía las riendas del partido, Roberto Iglesias, apenas ocultaba su inclinación por el extrapartidario Ricardo López Murphy.
En aquella disputa, hubo una módica victoria para Genoud: Rodríguez Saá fue el presidenciable más votado en Mendoza en las elecciones de 2003.
Pero lo que vino después fue la dispersión absoluta de Causa Nacional, el movimiento que lideró siempre Genoud y que competía con la Convergencia de Roberto Iglesias. Cerca de las elecciones de 2007, la ida del por entonces mayor referente público de Causa, Juan Carlos Jaliff, a las filas de la concertación kirchnerista, de la mano de Julio Cobos, fue un golpe letal y dividió de manera profunda al sector.
Aunque en 2008 los tiempos han cambiado otra vez para la UCR mendocino, y se respiran aires de acercamiento, Genoud dio término a su vida sin que antes apareciera un heredero para su liderazgo en la línea Causa.
Los que todavía militan allí se resisten a hablar de este tema. “José es una figura irremplazable. Ahora las decisiones se toman en conjunto”, aseguró ante la consulta, un fiel militante de esta línea.
Lo que no significa que hayan figuras a las que muchos dirigentes comienzan a aferrarse, en un intento de dar vuelta la página de la historia.
Sanz y Baglini. Jaliff se llevó una porción de dirigentes al cobismo y no tiene oportunidades de volver al sector como líder, pero otros grupos de Causa buscan por estos días referentes en quienes anclarse, tras la dolorosa partida del jefe.
Suenan dos nombres y las aguas están divididas. Algunos apoyan a Ernesto Sanz, el radical ortodoxo más famoso en la actualidad. Otros se inclinan por Raúl Baglini, un hombre de la casa, ya que durante muchos años militó en Causa.
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Además, dicen en la UCR que la relación entre Sanz y Roberto Iglesias, principal rival de Causa, se ha roto definitivamente, a partir de las maniobras del sanrafaelino para que Julio Cobos vuelva al partido.
Por otro lado, Sanz, casualmente o no, es hoy, como en su momento lo fue Genoud, el hombre fuerte del radicalismo en el Senado Nacional, donde Genoud mantuvo una banca durante nada menos que 15 años.
Sin embargo, el apoyo de Causa a la candidatura de Sanz, nuevamente como senador nacional, parece más bien un acuerdo de intereses que una entrega del sillón que dejó Genoud. En otras palabras, condicionan el acuerdo a que Sanz lo retribuya con cargos para los dirigentes que la línea conserva –dicen- en todos los departamentos y que continúan dándole poderío territorial a la línea interna.
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La imagen que tienen de Baglini los dirigentes de Causa es muy buena, a pesar del alejamiento que el hombre en cuestión ha tenido en los últimos tiempos. Pero no necesariamente contraponen su figura a la de Sanz: algunos dicen que no habrá disputa de candidaturas y más bien lo ven al "Gordo" como un buen presidente del partido en el futuro.
Lo cierto es que unos y otros buscan un referente que les permita incidir como sector en el futuro de la UCR y en medio de los constantes amagues de reunificación.
El elegido tendrá el desafío de remplazar a un líder radical que empezó a morirse con el ocaso del gobierno de Fernando De La Rúa. Y que cayó sin escalas desde la presidencia del Senado Nacional a la nada.
Pero también deberá hacerse cargo el nuevo jefe de suplir a un hombre que aun hoy, hasta los que no compartieron su misma senda en la última etapa, lo reconocen como un militante incansable, sin límites de horarios y tiempos para el ejercicio de la política.
Ese líder que toda la clase política mendocina (desde la izquierda hasta la derecha, desde los que abrazaron las causas éticas hasta los que siempre se refugiaron en las paredes del comité) decidió ir a despedir en la Legislatura o el cementerio a fines de setiembre, en una suerte de absolución definitiva para los errores de su vida.




