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Obama: el sueño cumplido y el zamarrón para despertarse

El electorado estadounidense fue el protagonista este año, más aun que el elegido para ocupar la Casa Blanca. Con Obama como presidente, el pueblo de ese país dejó a trás una larga lista de prejuicios y estereotipos. El desafío del sueño cumplido es que ahora hay que despertarse y gobernar en medio de una de las peores crisis de la historia.
Obama, el hombre del año. Foto: MDZ/archivo
Obama, el hombre del año. Foto: MDZ/archivo

El 4 de noviembre de 2008 los electores norteamericanos decidieron ponerle una bisagra a su historia política: eligieron a Barack Obama como presidente.

Para ello, tuvo que destronar al establishement de su propio partido, el Demócrata y derribar uno a uno los prejuicios de una sociedad norteamericana que, desde hace décadas, se había vuelto conservadora. Es negro, es joven y su experiencia política más relevante se reduce al cargo de senador cuyo mandato ni siquiera completará.

Su campaña también marcó un cambio de época. No sólo hizo un uso novedoso de las nuevas tecnologías, sino que recurrió a grupos locales de activismo quienes, con técnicas más cercanas a la formación de cuadros de los movimientos sociales contestatarios que al marketing tradicional estadounidense, lograron movilizar a sectores relegados, discriminados y oprimidos.

Más allá de haberse constituido en el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos, Obama carga sobre sus espaldas la tremenda responsabilidad de conducir a su país hacia un nuevo lugar de liderazgo, pero que el mundo reclama como diferente al ejercido hasta hoy.

Obama asumirá la primera magistratura de un país que cada mes suma 500 mil nuevos desocupados en cuyo nervio central, las finanzas, han sido atacadas por un virus incurable: la descontrolada especulación.

En el contexto de un país que ha hecho de la beligerancia su principal industria, Obama habló de paz e hizo recordar a millones de norteamericanos a Martin Luther King.

Pero además, su juventud e inexperiencia política fueron la principal promesa de cambio rotundo en una sociedad que pasó a ser protagonista de esta elección, más que el elegido para ocupar la Casa Blanca.

Ahora, cuando se acerca el momento de la asunción, comienza a despertarse de un sueño maravilloso. Muchos temen que empiece la pesadilla de querer y no poder.

Su gabinete ya quitó algunas esperanzas de cambio rotundo. Sin embargo, su primer gesto ha sido el de abrir el diálogo con el mundo, cuando hasta ayer nomás la actitud de su propio país era otra: abrir fuego.

 

¿Podrá Obama cumplir con las expectativas generadas en la campaña?