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Notas
Terminaron las clases y los premiaron por tener ortogafía perfecta
Tienen entre 6 y 13 años, van a la primaria en una escuela urbano-rural y no tienen errores de ortografía. Otra de las alumnas de la misma escuela padece Síndrome de Down y a pesar de esta discapacidad logró terminar sus estudios y es hoy el orgullo de sus padres y docentes.
María tiene 11 años y va a sexto grado, tiene una malformación en una de sus manos y padece serios problemas de visión; sin embargo esto no ha sido un impedimento en su vida y este año fue el segundo promedio más alto de toda la escuela. Gastón, también está en sexto, de mañana trabaja en la cosecha y también es uno de los mejores alumnos. Ezequiel tiene 13 y va a quinto, debería estar en noveno pero trabajó desde muy chico para ayudar en su casa.
Estas son tres pequeñas historias de esfuerzo y dedicación. Los tres comparten una alegría común este año: su ortografía es "perfecta". Por lo menos así lo demostraron en el reciente concurso de ortografía realizado en su escuela en Corralitos en donde obtuvieron un puntaje del 100%.
Que los chicos quiera estudiar es toda una hazaña, que tengan buena ortografía desde chiquititos es algo difícil pero no imposible. Es evidente que no lo es para los alumnos de la escuela Pedro Nolasco Ortiz de Corralitos.
Hace dos años, los docentes de la escuela comenzaron a buscar la manera de hacer que los chicos se sintieran motivados en el estudio. Mejorar la ortografía e incentivar la lectura fueron dos de las metas que se plantearon. Fue entonces que uno de ellos sugirió hacer de esto una sana competencia.
El concurso de ortografía fue y es el que más seguidores tuvo y tiene. Todos los chicos de la escuela (525), año tras año, se inscriben en el certamen.
"El objetivo del concurso es facilitar a los alumnos el aprendizaje de la escritura correcta -dice Silvia Francois docente de sexto grado-. Además buscamos que los chicos logren un vínculo con las palabras que usan en las materias correspondientes a cada año y de uso frecuente".
Los chicos se entusiasman con los concursos, se hacen tres durante el año y se elabora un resultado final en diciembre.
Para María, una niña de 11 años que vive en la zona, estos concursos son una parte fundamental del desarrollo de su vida. Ella es hija única, sólo tiene a su mamá que nunca pudo ir a la escuela a estudiar y apuesta todo a su hija.
María también tiene algunos impedimentos físicos que la obligan a exigirse más, aún cuando tiene que estudiar. Padece una malformación en su mano derecha (nació sin dedos) y, además, serios problemas de visión la obligan a usar lentes de importante aumento para poder ver bien. Pero nada de eso, en su corta vida, ha sido un impedimento para alcanzar desde hace años el segundo promedio en su escuela. Además, en este concurso de ortografía, fue uno de los 53 alumnos que obtuvieron el 100% en el puntaje final.
Gastón estudia mucho pero también trabaja mucho para ayudar a sus padres y sus cuatro hermanos. Su familia es muy humilde, llegar a fin de mes con lo que gana su papá es casi imposible, por eso él tiene que ayudar con el trabajo.
Todos los días, inclusive el sábado, se levanta a las 6 de la mañana, sale con su padre y le ayuda en las distintas cosechas de cada estación. "A veces nos trae cilantro de regalo -cuenta una de sus maestras-, otras veces nos trae fruta o verdura, depende de la época del año y de la cosecha que esté realizando. Eso es muy común en esta zona, porque la verdad es que la mayoría de los chicos trabaja en la finca".
Pero hubo un día muy especial este 2008 para Gastón. Entró corriendo a la escuela con una sonrisa casi de oreja a oreja. A la primera maestra que encontró le contó su alegría, había logrado comprarse una pelota con los ahorros de todo un año de trabajo.
Gastón es excelente alumno como sus hermanas mayores, "lamentablemente las dos chicas tuvieron que dejar la escuela para empezar a trabajar", afirmó una docente. A él también le fue bien con el concurso de ortografía, a pesar de que a veces su rendimiento escolar baja por el cansancio físico de toda una semana de trabajo fuera de la escuela.
La tercera historia tiene un nombre. Se llama Ezequiel, tiene 13 años está en quinto grado, aunque debería estar en noveno, debido a que empezó a estudiar tarde. También, como Gastón, Ezequiel tiene que trabajar, porque su familia es numerosa y la plata no alcanza.
Eze, como le dicen sus compañeritos, trabaja por las mañanas abriendo surcos y limpiando acequias. A veces el trabajo es tanto que no tiene tiempo de cambiarse de ropa y llega a la escuela con barro "podrido" en los pantalones. Las maestras lo saben y respetan el esfuerzo del niño, porque en definitiva todavía es eso, un niño.
Es habitual que la mayoría de estos chicos trabajen con sus padres en las chacras y en las fincas, los docentes son conscientes de esta situación y en cierta medida lo "aceptan". Sin embargo ha habido casos en que los chicos trabajan demasiado y dejan los estudios o comienzan a bajar en su rendimiento escolar. En esos casos las maestras dan intervención a los asistentes sociales para que intercedan con los padres de los menores.
Facundo Arana quiere conocer a Daniela
Feliz es una palabra muy chiquita para expresar lo que Daniela siente en estos últimos días de clases. Por un lado, logró terminar la escuela primaria y, por el otro, su deseo de conocer a Facundo Arana, es casi un hecho.
Ella padece el síndrome de Down, sin embargo, a través de los programas integradores de la Dirección General de Escuelas, comenzó la primaria en un colegio común. Tras años de duro trabajo en el estudio, Daniela completó su educación primaria el miércoles pasado. Ese mismo día su madre recibió una llamada telefónica en su casa. Se trataba del representante artístico de Facundo Arana, quien tenía como objetivo hacer que Daniela y Facundo se conocieran.
Daniela esta semana estuvo muy solicitada por los medios periodísticos por sus logros en la escuela. Fue así que en una de las notas publicadas, ella dijo que admiraba al actor argentino.
La noticia viajó rápido y finalmente llegó a los oídos de Facundo, quien inmediatamente le pidió a sus colaboradores que buscaran a Daniela y arreglaran un encuentro.
Toda la escuela se revolucionó cuando supo la noticia. Facundo viajará a Chile en abril, pero tiene pensado pasar por Mendoza para conocer especialmente a Daniela. "Y si esto no puede ser así -dijo el representante de Arana- mandaremos a buscar a la niña para que viaje a encontrarse con Facundo".
Desde ese día en la escuela sólo se habló de Daniela y su sueño casi cumplido.
Durante el acto de fin de curso, Daniela leyó frente a todos un emotivo discurso y nadie pudo contener sus lágrimas. Y es que ella, también emocionada y feliz, les agradeció a todos, compañeros, maestros, directivos y celadores, por ayudarla y según sus propias palabras: "Gracias no es una palaba que digo, la grito, gracias por permitirme demostrar que todos somos iguales con las mismas posibilidades y oportunidades".
Los grandes ganadores de la tercera etapa del concurso de ortografía
Primer año
Nahir Vargas, Micaela Cutifani, Catherine Cruz, Santiago Moscoso, Renata Manuchi, Gonzalo Castillo, Maxi Araujo, Gonzalo Cano, Yésica Soto, Lautaro Mazzieri, Ignacio Chaira, Julieta Ortiz, Juan Agustín Espejo, Ailen Quiroz y Paula Camaya.
Segundo año
Mili Ross, Matías Fernández, Brisa Vidolín, Ailén González, Marianela Zamora, Agostina, Mori, Cecilia Pérez Guerrero, Habacuc Quinteros, Oriana Mariani, Brisa Cavalotti y Lucas Leoforte.
Tercer año
Brenda Galdeano, Nicolás Silvestrini, Brian Alvarado, Jorgelina Cuello, Micaela Flores, Luciana Torres, Gianfranco Rodrigo Nievas, Abril alsamora, Camila Pose, Daniela Guerra y Agustín Merlo.
Cuarto año
Delfina Nievas, Andrea Celeste González, Ariadna Maure, Eliana Antonaya y Agustina Brunet.
Quinto año
Esteban Miranda.
Sexto año
Natalia Fernández, Daniela Cutifani, Marianella Gili, Carolina Negapara, Sabrina Busti y Sabrina Madina.
Estas son tres pequeñas historias de esfuerzo y dedicación. Los tres comparten una alegría común este año: su ortografía es "perfecta". Por lo menos así lo demostraron en el reciente concurso de ortografía realizado en su escuela en Corralitos en donde obtuvieron un puntaje del 100%.
Que los chicos quiera estudiar es toda una hazaña, que tengan buena ortografía desde chiquititos es algo difícil pero no imposible. Es evidente que no lo es para los alumnos de la escuela Pedro Nolasco Ortiz de Corralitos.
Hace dos años, los docentes de la escuela comenzaron a buscar la manera de hacer que los chicos se sintieran motivados en el estudio. Mejorar la ortografía e incentivar la lectura fueron dos de las metas que se plantearon. Fue entonces que uno de ellos sugirió hacer de esto una sana competencia.
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El concurso de ortografía fue y es el que más seguidores tuvo y tiene. Todos los chicos de la escuela (525), año tras año, se inscriben en el certamen.
"El objetivo del concurso es facilitar a los alumnos el aprendizaje de la escritura correcta -dice Silvia Francois docente de sexto grado-. Además buscamos que los chicos logren un vínculo con las palabras que usan en las materias correspondientes a cada año y de uso frecuente".
Los chicos se entusiasman con los concursos, se hacen tres durante el año y se elabora un resultado final en diciembre.
Para María, una niña de 11 años que vive en la zona, estos concursos son una parte fundamental del desarrollo de su vida. Ella es hija única, sólo tiene a su mamá que nunca pudo ir a la escuela a estudiar y apuesta todo a su hija.
María también tiene algunos impedimentos físicos que la obligan a exigirse más, aún cuando tiene que estudiar. Padece una malformación en su mano derecha (nació sin dedos) y, además, serios problemas de visión la obligan a usar lentes de importante aumento para poder ver bien. Pero nada de eso, en su corta vida, ha sido un impedimento para alcanzar desde hace años el segundo promedio en su escuela. Además, en este concurso de ortografía, fue uno de los 53 alumnos que obtuvieron el 100% en el puntaje final.
Gastón estudia mucho pero también trabaja mucho para ayudar a sus padres y sus cuatro hermanos. Su familia es muy humilde, llegar a fin de mes con lo que gana su papá es casi imposible, por eso él tiene que ayudar con el trabajo.
Todos los días, inclusive el sábado, se levanta a las 6 de la mañana, sale con su padre y le ayuda en las distintas cosechas de cada estación. "A veces nos trae cilantro de regalo -cuenta una de sus maestras-, otras veces nos trae fruta o verdura, depende de la época del año y de la cosecha que esté realizando. Eso es muy común en esta zona, porque la verdad es que la mayoría de los chicos trabaja en la finca".
Pero hubo un día muy especial este 2008 para Gastón. Entró corriendo a la escuela con una sonrisa casi de oreja a oreja. A la primera maestra que encontró le contó su alegría, había logrado comprarse una pelota con los ahorros de todo un año de trabajo.
Gastón es excelente alumno como sus hermanas mayores, "lamentablemente las dos chicas tuvieron que dejar la escuela para empezar a trabajar", afirmó una docente. A él también le fue bien con el concurso de ortografía, a pesar de que a veces su rendimiento escolar baja por el cansancio físico de toda una semana de trabajo fuera de la escuela.
La tercera historia tiene un nombre. Se llama Ezequiel, tiene 13 años está en quinto grado, aunque debería estar en noveno, debido a que empezó a estudiar tarde. También, como Gastón, Ezequiel tiene que trabajar, porque su familia es numerosa y la plata no alcanza.
Eze, como le dicen sus compañeritos, trabaja por las mañanas abriendo surcos y limpiando acequias. A veces el trabajo es tanto que no tiene tiempo de cambiarse de ropa y llega a la escuela con barro "podrido" en los pantalones. Las maestras lo saben y respetan el esfuerzo del niño, porque en definitiva todavía es eso, un niño.
Es habitual que la mayoría de estos chicos trabajen con sus padres en las chacras y en las fincas, los docentes son conscientes de esta situación y en cierta medida lo "aceptan". Sin embargo ha habido casos en que los chicos trabajan demasiado y dejan los estudios o comienzan a bajar en su rendimiento escolar. En esos casos las maestras dan intervención a los asistentes sociales para que intercedan con los padres de los menores.
Facundo Arana quiere conocer a Daniela
Feliz es una palabra muy chiquita para expresar lo que Daniela siente en estos últimos días de clases. Por un lado, logró terminar la escuela primaria y, por el otro, su deseo de conocer a Facundo Arana, es casi un hecho.
Ella padece el síndrome de Down, sin embargo, a través de los programas integradores de la Dirección General de Escuelas, comenzó la primaria en un colegio común. Tras años de duro trabajo en el estudio, Daniela completó su educación primaria el miércoles pasado. Ese mismo día su madre recibió una llamada telefónica en su casa. Se trataba del representante artístico de Facundo Arana, quien tenía como objetivo hacer que Daniela y Facundo se conocieran.
Daniela esta semana estuvo muy solicitada por los medios periodísticos por sus logros en la escuela. Fue así que en una de las notas publicadas, ella dijo que admiraba al actor argentino.
La noticia viajó rápido y finalmente llegó a los oídos de Facundo, quien inmediatamente le pidió a sus colaboradores que buscaran a Daniela y arreglaran un encuentro.
Toda la escuela se revolucionó cuando supo la noticia. Facundo viajará a Chile en abril, pero tiene pensado pasar por Mendoza para conocer especialmente a Daniela. "Y si esto no puede ser así -dijo el representante de Arana- mandaremos a buscar a la niña para que viaje a encontrarse con Facundo".
Desde ese día en la escuela sólo se habló de Daniela y su sueño casi cumplido.
Durante el acto de fin de curso, Daniela leyó frente a todos un emotivo discurso y nadie pudo contener sus lágrimas. Y es que ella, también emocionada y feliz, les agradeció a todos, compañeros, maestros, directivos y celadores, por ayudarla y según sus propias palabras: "Gracias no es una palaba que digo, la grito, gracias por permitirme demostrar que todos somos iguales con las mismas posibilidades y oportunidades".
Los grandes ganadores de la tercera etapa del concurso de ortografía
Primer año
Nahir Vargas, Micaela Cutifani, Catherine Cruz, Santiago Moscoso, Renata Manuchi, Gonzalo Castillo, Maxi Araujo, Gonzalo Cano, Yésica Soto, Lautaro Mazzieri, Ignacio Chaira, Julieta Ortiz, Juan Agustín Espejo, Ailen Quiroz y Paula Camaya.
Segundo año
Mili Ross, Matías Fernández, Brisa Vidolín, Ailén González, Marianela Zamora, Agostina, Mori, Cecilia Pérez Guerrero, Habacuc Quinteros, Oriana Mariani, Brisa Cavalotti y Lucas Leoforte.
Tercer año
Brenda Galdeano, Nicolás Silvestrini, Brian Alvarado, Jorgelina Cuello, Micaela Flores, Luciana Torres, Gianfranco Rodrigo Nievas, Abril alsamora, Camila Pose, Daniela Guerra y Agustín Merlo.
Cuarto año
Delfina Nievas, Andrea Celeste González, Ariadna Maure, Eliana Antonaya y Agustina Brunet.
Quinto año
Esteban Miranda.
Sexto año
Natalia Fernández, Daniela Cutifani, Marianella Gili, Carolina Negapara, Sabrina Busti y Sabrina Madina.