Notas
El Estado no cumple con la ley que ampara a los hipoacúsicos
Ileana Velázquez (36), Manuel Alberto González (24), Mariana Martínez (35) y Luis Velázquez (16), los cuatro tienen un denominador común, son hipoacúsicos (sordos) casi de nacimiento y han padecido la difícil tarea de vivir en una provincia que no escucha sus necesidades.
Desde el Estado dicen que están tratando de priorizar los temas
Alejandro Ontiveros, titular de la Dirección de Discapacidad de Mendoza desde hace 11 meses, dijo que está tratando de priorizar los temas de su área, “no por ser menos importante no hemos aplicado la ley de hipoacúsicos, estamos tratando de trabajar para poner un intérprete, pero estamos formando gente, y no he podido hacer todo lo que he querido en todo el año. La descentralización del certificado de discapacidad me llevó casi todo el año. Estoy tratando de “emprolijar” distintos temas”.
El funcionario también dijo que al asumir encontró una base de datos de discapacitados (sordos, ciegos, motrices etc.) de 35.000 personas en toda la provincia, estos tienen un certificado que acredita su condición y otorga beneficios en el trasporte público de pasajeros entre otras cosas. Luego de un estudio desde la Dirección, la cantidad de personas con este benefició descendió a 32.000.
Sin embargo, desde las instituciones que atienden a personas hipoacúsicos cuestionaron la metodología para realizar este análisis, ya que hay chicos menores que contaban con un certificado de discapacidad para poder acceder al transporte público de pasajeros, sin embargo les fue retirado, tras un simple cuestionario de preguntas (¿cómo te llamás?, ¿cuántos años tenés?, ¿a qué escuela vas?). “Los chicos son sordos, no tontos, explicó muy molesta una maestra integradora que trabaja muy de cerca con estos menores.
Por su parte Ontiveros admitió que a veces es probable que los exámenes para verificar la discapacidad de las personas no se haya hecho por el tribunal necesario (un médico, un psicólogo y un trabajador social), sin embargo “la persona evaluada puede pedir una revisión”.
Según el Instituto Nacional de Sordera, existen en Argentina por cada mil personas 3 hipoacúsicos, y en Europa 5 por cada mil. En Mendoza ese número es inferior pero no por ello menos importante. La audición, es la vía habitual de comunicacióm entre las personas. Es uno de los atributos del ser humano, junto con el habla.
El lenguaje permite a los seres humanos la comunicación a distancia, a través del tiempo, y ha tenido una participación decisiva en el desarrollo de la sociedad y sus numerosas culturas. El lenguaje es la principal vía por la que los niños aprenden lo que no es inmediatamente evidente, y desempeña un papel central en el pensamiento y el conocimiento.
Sin embargo, los oyentes, no suelen prestar atención a las necesidades inmediatas de la gente que padece hipoacusia, en cualquiera de sus facetas. La sociedad no se adapta o no quiere hacerlo.
Hay casos que se han presentado en nuestra provincia, en donde los docentes no aceptan la presencia de alumnos con este tipo de dificultades, porque "en una clase con más de 30 alumnos, no se puede retrasar el ritmo por uno-sostienen algunos maestros". Esto es lo que ha tenido que padecer en algunas ocasiones Luis, uno de nuestros entrevistados, que asiste a una escuela para chicos oyentes, y en donde muchas veces se retrasa en sus tareas porque, por razones obvias, no puede seguir la rapidez y exigencia durante un dictado.
Queda entonces en manos del propio Estado, la responsabilidad para hacer cumplir esta legislación que busca nada más ni nada menos que integrar a los hipoacúsicos en la sociedad. Pero no sólo ellos, también los discapacitados motrices, quienes no cuentan con los servicios adecuados para facilitar su desplazamiento en los edificios, o en la propia calle. Tampoco los ciegos tienen comodidades para circular, muchas veces deben hacer malabares para cruzar una calle sin perder la vida en ello, aún llevando un bastón blanco.
Esta es una cuenta pendiente de este y muchos gobiernos en Mendoza, pero también es una cuenta pendiente de la propia sociedad.