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Notas

Pina Bausch: el espíritu vivo de la danza-teatro

Es parte de la historia mundial del arte. Prefirió  movimientos a palabras. A los 63 años, es considerada la mejor coreógrafa del siglo 20. "No me interesa el movimiento, me interesa lo que mueve a las personas. Mis obras crecen desde adentro hacia afuera"

Desde 1973 Bausch dirige su propia compañía, “Tanztheater Wuppertal”, que se convirtió en sinónimo de excelencia para el teatro-danza en el mundo.

Sus obras no siguen una estructura narrativa ni una progresión lineal, se construyen a partir de una serie de episodios. Múltiples acciones escénicas simultáneas, imágenes impactantes de actividades cotidianas, de textos dirigidos a menudo al público y de una gran variedad de músicas en la banda sonora, elementos que llevan el sello reconocible de Bausch.

Sus trabajos siempre versan sobre los sentimientos que experimentan las personas, preguntándose de dónde provienen y por qué surgen en un determinado momento, el vehículo es un humor agridulce habitado por contradicciones ambiguas y sutiles críticas, una constante alusión al eterno retorno causa la sensación de que sus piezas  podrían continuarse bailando sin parar durante horas, ya que la repetición va a convertirse en un elemento de tensión imprescindible.

Los bailarines de la compañía son a la vez consumados actores, no guardan relación con el ideal de belleza de cuerpos o vestuarios; y su estilo de «collage» recuerda más bien al cine o a las bellas artes que a la danza. Generalmente los intérpretes actúan sobre superficies cubiertas de agua hasta los tobillos, lodo o entre un mar de claveles de plástico.

Todas sus piezas tratan sobre cuestiones fundamentales de la condición humana y obligan al público a confrontarse con estos problemas: la femineidad, el amor y la angustia, la nostalgia y la alegría, la soledad, el terror, la infancia y la vejez, la explotación del hombre por el hombre, la memoria y el olvido.

Desde mediados de los años 80 la coreógrafa ha creado una serie de coproducciones con distintas ciudades del mundo, donde la compañía reside y trabaja durante tres semanas, empapándose del ambiente local, su gente, su música, su luz y sus imágenes.

Vale la pena recordar las dos oportunidades en que Pina Bausch y sus bailarines estuvieron en Buenos Aires (en 1980 y en 1994; ambas presentaciones fueron en el Teatro San Martín), resultaron un enorme éxito.

Hoy se encuentra retirada de la danza activa, salvo excepciones como su participación con el cineasta almodóvar en la película “Hablé con ella” y con Federico Fellini “E la nave va”.
 
Imágenes a destacar: una montaña de siete metros de flores rojas de seda en una esquina del escenario o el limpia cristales suspendido en el aire con su cubo frente a la tarea imposible de mantener impecable las superficies de vidrio de los grandes rascacielos de la ciudad.

Mirá las fotos y el video y transportate al mundo del movimiento.