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Notas

Carbónico Ediciones: la eternidad es simple

MDZ decidió torcer su habitual mapa de navegación y sentarse a charlar con Claudio Rosales, responsable de la editorial independiente Carbónico Ediciones. Leé la nota completa y mirá las fotos y el video de la entrevista.

Un correo electrónico me avisa que esa noche se presentaba en un bar de la Cuarta Sección, sobre la vieja Alameda, un libro con poesías de un joven escritor inédito.

 

La editorial responsable de perpetrar tamaño crimen cultural era Carbónico Ediciones, el emprendimiento independiente y guerrillero que lleva adelante el Sr. Claudio Rosales.

 

Durante muchos años supuse que la Cuarta Sección de la Ciudad de Mendoza era un sitio que alternaba sus calles con las de una historia lejana, un nudo temporal puesto ahí, al alcance de nuestro pies, una realidad paralela que convivía con nosotros dispuesta a abrir sus puertas para que la conozcamos. Desde hace ya un tiempo, esta sensación parece haberse expandido y son varios los que decidieron ampliarla y hacerla más vistosa abriendo una gran cantidad de bares en la zona, todos sabemos que la noche con su sabia manera de darle la espalda al día, que las circunferencias perfectas de los vasos y los precipicios de las mesas, entre otras cosas, son buenos detonantes para acrecentar nuestra conciencia.

 

En uno de estos surrealistas puertos que ofrecen espacio para anclar nuestras copas se desarrolló una extraña conversación con Rosales. Una mesa redonda y pequeña nos concentraba y como en una sesión de espiritismo iniciamos la conversación. Sobre una de las paredes de “La Casa Usher – Bar y Cultura”, tal el nombre del sitio que nos guardaba del afuera oscuro y caluroso, descansaba vigilante un cuadro del endiablado Edgar Allan Poe, quien ofició de estático observador durante toda la noche.

 

Desenfundamos nuestro tabaco y lo dejamos descansar sobre la mesa, los vasos estaban bien y se dejaban beber entre los espacios vacíos de una frase y otra.

 

Rosales enciende su primer tabaco, lo imito y decido darle play al diálogo. Intento que me cuente un poco el porqué de una editorial independiente y cuáles son sus objetivos, si es que tal cosa existe para alguien que lleva adelante un proyecto solo por la fuerza de un impulso creativo y vital.

 

“Carbónico nace en el año 2004, si tuviera algún sentido definir conceptos u objetivos te diría que la editorial intenta rescatar el valor testimonial de las publicaciones, construir una actitud definida por la simpleza, en todos sus procesos, desde la selección del material hasta el armado de los libros” Rosales insiste en llamarlos Cuadernillos, dice que libros es demasiado ampuloso. “Mantenernos fuera de los circuitos convencionales, quizá no por decisión nuestra sino por la imposibilidad que existe en estos mercados de hacer ingresar un producto de estas características. En este tipo de emprendimientos se pelea desde lo independiente, no trabajamos con derechos de autor y por supuesto no tenemos un perfil comercial, pero sabemos que cumplimos un rol importante, no por calidad o cantidad, ambas cosas pueden ser criticables, sino por el simple hecho de abrir un espacio que no existía para cubrir una demanda que poseen hoy los jóvenes escritores emergentes. Nuestra principal motivación pasa por el hecho de reunir artistas y rescatar el movimiento independiente, seguir escribiendo a pesar de las contingencias y hacerlo de alguna manera a través del filtro de la ingenuidad.” 

 

Le pregunto si algo o alguien sirvió de inspiración para comenzar con esto y entornando los ojos Rosales deja caer sobre la mesa y entre las cenizas los nombres de Washington Cucurto y Eloisa Cartonera. Un escritor emergente publicado hoy por Interzona y una editorial independiente que trabaja con cartón de reciclaje y que son los responsables de crear un modelo de distribución cultural único en el mundo. Ellos compran el cartón que los mismos cartoneros les venden, lo hacen a un precio superior al que el mercado oferte en ese momento y luego son los mismos chicos de la calle los que se encargan de encuadernar los libros hechos con ese cartón. Suficiente. La maquinaria anti-mainstream ha comienzado a funcionar.

 

A simple vista, para quienes hemos tenido en nuestras manos los libros de Eloisa, los de Carbónico tienen una gran similitud, tapas de cartón, títulos e ilustraciones hechas bajo el sistema callejero del stencil, papel fotocopia y un nombre que define un poco la esencia del proyecto. Al preguntarle el porqué del nombre, Rosales mira asombrado, se lleva el cigarrillo a la boca y nombra a uno de los grandes escritores norteamericanos que alimentaron un gran monstruo llamado generación beat. El genial William Seward Burroughs (Saint Louis, 5 de febrero de 1914 - Kansas, 2 de agosto de 1997). Para aquellos que no lo conocen Burroughs es autor de libros como “El Almuerzo Desnudo” (1959), “Yonqui” (1953), “El lugar de los caminos muertos” (1984), y “Expresso Nova” (1963), entre otros, libro del cuál, según nos desasna Rosales, nace el nombre de su editorial.

 

La noche continúa su viaje hacia la nada y sobre la mesa los vasos vuelven a llenarse de palabras. Me dan ganas que ese amigo que siempre escribió y lo hizo bien tenga su propio libro y entonces decido preguntarle, como quien no quiere la cosa, cómo maneja los criterios de selección de los autores publicados.

 

“La selección es con un criterio muy personal, se recibe el material, se lee y se trabaja en conjunto con el autor para ciertas modificaciones si es necesario, se le aconsejan posibles mejoras y así se establece una cercanía, un puente emocional con la persona que se encuentra detrás o dentro de esas páginas. Mi mujer es una gran ayuda al momento de recibir el material. Ella lee y opina desde su propio mundo. Su mirada me asiste al momento de tomar decisiones”. Recuerdo que en casa descansan cómodamente sobre mi biblioteca varios libros de Carbónico Ediciones pero no todos, le pregunto entonces cómo hacer para conseguirlos.

 

“El mercado de Mendoza es muy cerrado para este tipo de emprendimientos independientes que salen de lo común o de lo puramente comercial. En el circuito de las principales librerías hay solo una, García Santos, que se maneja con un criterio abierto a propuestas de este tipo, allí recibieron el material para ponerlo a la venta. De todas maneras este es el problema que enfrentan todas las editoriales independientes. Yo lo sigo haciendo porque tengo los medios y por que mi objetivo nunca fue comercial. El rédito es el hecho mismo de la publicación, como un objeto que perdurará en el tiempo y por supuesto, la literatura en si misma”. El cuadro de Poe continúa su inquietante y estática vigilancia, afuera las mesas comienzan a poblarse de personas que quieren escuchar poesía. Intuyo que nuestra charla está llegando a su fin, el cenicero no perdona el tiempo consumido y los vasos comienzan a marearse. Recuerdo los años 80 y 90 en Mendoza como una época de grandes movimientos, quizá tan solo porque yo pertenecí en forma activa a alguno de ellos, quizá porque ahora ya estoy viejo y desconectado de la marea de creadores que avanza por las calles, decido no quedarme con la duda y le pregunto a Rosales si él cree que existe una movimiento literario en esta Ciudad. Vuelve a sonreír.

 

“En Mendoza hay voluntades, hoy se lee más que antes, con los avances tecnológicos tenemos todo el acceso a crear, todos podemos ser artistas, con pocas herramientas y de forma prácticamente gratuita podemos expresarnos. Por supuesto que con el tiempo se produce una decantación, un tamiz natural que solo deja perdurar aquellas obras que por su calidad o fuerza trascienden y se destacan entre tantísimo material que hoy existe. Hay escritores locales que son un claro ejemplo de esto y que hoy sigo leyendo por su fuerza, su calidad y su sinceridad, Pablo Aravena, Ramiro Tapiz, Abelardo Vázquez y Patricia Rodón son algunos de los que te puedo nombrar ahora.

 

De todas formas estos mecanismos de producción debían llegar a Mendoza tarde o temprano. En otros países como Italia o España el reciclaje no existe, los libros no se fabrican de esta manera, todo esta estructurado y sometido a los sistemas de publicación tradicional”.

 

Conocí a Claudio Rosales y a sus palabras por medio de una revista de anárquica continuidad llamada “Bicho Bolita”. Se lo digo y el, por tercera vez en la noche, vuelve a reír.

 

“Bicho Bolita se sigue editando, es algo así como un espacio hacia adentro, muy personal e introspectivo. Tiene otro concepto, quizá sea porque los que escribimos en ella ya somos un montón de viejos-adultos”.

 

Afuera el sonidista, vestido de negro para confundirse con las sombras, gira las últimas perillas de su consola de sonido mientras el poeta Gabriel Martín se prepara para presentar su libro “Fragmentos de pura inocencia”. Las mesas desbordan de hombres y mujeres que salieron a enfrentar la noche solo para recibir como recompensa un par de poesías. Aplastamos nuestro último tabaco sobre el sucio metal del cenicero. Edgar Allan Poe sigue ahí, sospechosamente tranquilo, quizá no estuvo bien haber bebido sin ofrecerle un trago. Le doy la mano a Claudio Rosales y le agradezco su tiempo y sus palabras. Afuera alguien le pega con el dedo índice a un micrófono y pregunta ¿Se escucha? ¿Se escucha bien? Y yo pienso que si, que mientras las cosas nazcan desde un impulso vital de creación, y se mantengan así, reales entre tanta brillantina y tanto humo perfumado que intentan vendernos, que mientras las cosas se construyan con el corazón y no con la billetera, siempre se van a escuchar bien.

 

Podés conseguir los libros de Carbónico Ediciones escribiendo a: carbonico11_mza&yahoo.com.ar

 

 

Mirá el video con fragmentos de la entrevista y la presentación.