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El Kallo: buscando el equilibrio entre lo comercial y la cultura africana

En una llamativa casa en la calle Juan B. Justo, se vive y se siente la movida del continente negro. Conocé a la gente detrás de este instituto de investigación y celebración de la riqueza y la vida afro.
Gregory y David ensayan para el mes África tu tierra. Foto: Mdz
Gregory y David ensayan para el mes África tu tierra. Foto: Mdz

Poca gente conoce de “cultura afro”. Pocos mendocinos saben que aquí existe un instituto de cultura africana. Pocos saben, que a eso se dedica El Kallo.

Por definición, El Kallo es “un centro de investigación y desarrollo de la cultura africana en Mendoza”. Suena bastante complicado, pero en realidad, no lo es. En el Kallo no sólo se investiga. Incluso, se podría decir, que quienes lo integran, no se parecen en nada a un grupo de investigadores.

Los casi 15 miembros del staff de El Kallo, entre bailarines y músicos, son un grupo de personas que tienen en común su amor por la tradición afro. Una cultura donde la música, los tambores y la danza desenfrenada y afrodisíaca son tan naturales como para nosotros el tango o el vino.

David Harder, director del centro, asegura que la idea surgió hace cinco años, pero costó materializarla. “Siempre estuve esperando que las otras personas se decidieran, y nunca se podía armar bien la idea, hasta que viaje a Brasil y vi una movida cultural muy fuerte y traté de traer lo más que pude a Mendoza”, comenta. Y es así, que en 2004 surge este proyecto.

El grupo creció por la gente que se fue sumando; “los que creían en el proyecto se unían”, asegura Harder. Hoy, son cerca de 15 o 20 personas. “Para trabajos más específicos hay gente que se agrega, pero depende del evento. Somos como una gran familia”.

El Instituto

Ya al doblar por la calle Juan B. Justo, a una cuadra de distancia del instituto, se pueden escuchar los ritmos africanos, formados por tambores impertinentes y golpes excitados de música. No es raro asomarse a la ventana y ver mujeres danzando cual miembros de tribus, escenificando rituales. Y es entonces, que queda claro, que aquí no se actúa ni se baila, aquí se disfruta.

“La mejor terapia que alguien que tiene estrés puede hacer es venir a bailar danzas africanas, es un éxtasis que te libera el cuerpo”, asegura Gabriela Bustos de 30 años, profesora de danza de El Kallo.

Porque además de investigar, en este poco convencional taller, se puede aprender. Con una propuesta de cursos en los que puede uno aproximarse a lo que es percutir, danzar y hablar el africano. Dentro de poco, se iniciará un curso de lenguas africanas oficiado por Muhamed Fal, un oriundo del continente radicado en Mendoza.

“Lo bueno es que en la primera clase ya estás tocando, no hace falta prepararse ni aprender un montón de teoría. Venís y tocas”, asegura David Harder, al tiempo que Rodolfo Aveiro masajea los pies de Lina Gonzáles, una escultural colombiana de 31 años.



Lina está en el grupo como parte de un intercambio cultural. “Yo hago danza contemporánea, pero siempre he tenido una deuda con el afro y la percusión, además, hay una tendencia en el baile moderno llamada afro-contemporáneo, en la que ambas se unen”.

Actualmente, el grupo está formado por Lina Gonzáles (31 años), David Harder (29), Gabriela Bustos (30), Rodolfo Aveiro (16), Analía Castro (33), Ana Paula Gonzáles (30), Karina Escobar (30), Mariana Gómez (29) y Gregory Novella de 36 años, un francés que también realiza un intercambio cultural.

Y esa terminología, la del intercambio, precisamente cultural no hace más que definir lo que en esa casa se da: una fusión de colores, sonidos, personalidades y etnias. Todas, al ritmo del tambor.

Cual Academia

“Desde que se inició el curso de danzas, ya tenemos 20 personas aprendiendo”. Y sumado al curso de percusión, hablamos de 40 mendocinos que actualmente se ponen al son de los ritmos del continente negro.

El grupo también realiza presentaciones en vivo, incluso, realizaron un show semanal en Tajamar, que todos consideraron muy agotante. “Y es que cuando hay dinero de por medio, todo se torna muy frío”, dice Rodolfo Aveiro, uno de los integrantes más jóvenes del elenco.

“Por eso preferimos no tocar música afro por plata, porque con ella el compromiso es más fuerte. Estamos muy burgueses ahora y no es la idea”, asegura Harder, a lo que Lina Gonzáles agrega: “no nos gusta, porque se toma como entretenimiento puro, no como transmisión de cultura afro, que es lo que buscamos”.

Y es precisamente por eso que, muchas veces, los miembros sienten que ellos no viven de El Kallo, sino que a la inversa, El Kallo vive de ellos. Algo, que más que preocuparlos, les da orgullo.