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Notas

¿Qué esconden Cobos y Jaque?

Todos quieren saber qué hay detrás de. Detrás de todo. La parte oscura que sólo algunos conocen. La cocina, como le llaman. Se sospecha que siempre hay algo oculto. Una trama que para la mayoría de los mortales será imposible descifrar porque fue tejida entre quienes manejan la marioneta universal. Y no importa de qué materia se trate. Política, Seguridad, Deportes. Es más de lo mismo. Conocer los detalles de una reunión de ministros, de presidentes; las precisiones de una charla en un vestuario, o la verdadera historia de un hecho policial, parece una misión inalcanzable.

 

El periodista y escritor de Andrés Oppenheimer suele referirse a la teoría de la conspiración para explicar estos casos. Dice que los pueblos subdesarrollados, del Tercer Mundo, y con un bajo nivel cultural están abonados a este pensamiento. El descreimiento hacia las instituciones es tan grande, que se descree de la posibilidad de que alguien arme un plan de gobierno para lograr el bien común. De algún modo, los intereses personales siempre estarán presentes.

 

A la gente le molestan los misterios y los acertijos; sobre todo cuando son los representantes del pueblo y elegidos por el pueblo quienes lo plantean. Son palabras que por definición indican que algo no está a la vista y que para resolverlos hay que apelar a alguna artimaña. No hay transparencia. E invita a pensar mal. Da pie para que las hipótesis sobre hechos de corrupción o manejos espurios ganen espacio.

 

Cristina Fernández de Kirchner dio a conocer los nombres de su primer gabinete y generó las polémicas lógicas de un anuncio de esa magnitud. Pero, fundamentalmente, terminó con las especulaciones. O creyó poner un punto final. Porque la noticia sólo logró abrir una nueva dimensión de reflexiones, que no siempre siguen el camino de la lógica. Entonces las preguntas fueron: ¿y la gente de Julio Cobos? ¿y los radicales K? ¿y la Concertación? Todas  apuntaron a lo mismo: saber qué pasó detrás de la decisión de la futura presidenta y cómo es realmente la relación entre ella y su vicepresidente.

 

Tanto Cobos como Celso Jaque juegan a lo mismo. Esconden. Qué esconden. Se sienten los dueños de la filmadora que registra un backstage. Sólo se verá lo que ellos quieren y permiten que se vea. El resto se mantendrá oculto; lejos de la simpleza que la gente espera de su clase política

 

El pensamiento colectivo actúa en consecuencia. Esa falta de definición para decir quién o quiénes lo acompañarán en su gestión provoca desconfianza. Si lo saben y no lo dicen es porque tienen algo que esconder; porque de algún modo sienten vergüenza o pudor por hacerlo público. Y si acaso no lo saben, pues convirtieron a la gente en víctima de un plan sistemático de improvisación: primero gano y después veo.

 

“Estoy definiendo aspectos de la estructura”, avisa Jaque cuando se le consulta por sus futuros ministros. ¿Acaso no la tenía definida antes?

 

“De a poco voy a dar a conocer la lista de personas que me acompañarán”, explica Cobos sobre quiénes irán con él a Buenos Aires. ¿Acaso no tenía previsto cuál sería su equipo de trabajo? Y en todo caso, ¿cuál es el misterio?

 

Por supuesto, el periodismo juega su papel. Es parte combustible para el juego de especulaciones. Es posible que para un mismo cargo se mencionen cuatro, cinco o seis nombres diferentes. Y sí: seguramente, con alguno se acertará. Y se convertirá en una primicia que al día siguiente será vieja.

 

Es parte de la trastienda del poder. Estar ahí suele ser una tentación. Porque será un privilegio que se convertirá en un caudal información exclusivo. Y esa información es una herramienta básica para construir ese poder.