Pacto de La Meca: la alianza entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán que pone en jaque a Israel
El pacto replica el artículo 5 de la OTAN, pero el texto completo todavía no se publicó. Qué significa para un Israel aislado y para el repliegue de Washington.
Acuerdo de La Meca entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán.
XA 6 meses del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, las piezas en el tablero de Medio Oriente siguen en movimiento. El 7 de agosto, en La Meca, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron un acuerdo de defensa conjunta que replica el artículo 5 de la OTAN, es decir que un ataque contra uno será considerado un ataque contra los tres.
El texto completo todavía no se publicó, pero MDZ conversó con María Constanza Costa, periodista, investigadora y docente del seminario "Islamismo, Nacionalismo y Movilización Popular en Medio Oriente" de la UBA, para analizar el posible impacto del acuerdo en la región.
Para la especialista se trata mas bien de posicionamiento político con destinatario claro, y de un esquema de complementariedad donde cada socio aporta lo que a los otros les falta: dinero saudí, industria de defensa turca, disuasión nuclear paquistaní.
En esta entrevista con MDZ, María Constanza Costa explica por qué Turquía se volvió la pieza clave del tablero, por qué Israel está aislado en la región, y qué proyecto político sostiene Erdogan puertas adentro.
La triple alianza entre Arabia Saudita, Pakistán y Turquía
— Uno ve los tres países: Arabia Saudita, Pakistán y Turquía. ¿Cuál es el interés común? ¿Qué es lo que lleva a estos tres países a firmar un acuerdo de este estilo?
Lo que buscan estos países, primero, es un pacto de defensa flexible. Es un pacto que a largo plazo se centra más en la cooperación en materia de defensa que en el combate. Tiene una cláusula parecida a la cláusula 5 de la OTAN, y de ahí la comparación. Pero en términos concretos, creer que alguno de los tres países va a salir en defensa del otro ante un ataque directo es muy difícil. De hecho, los hutíes están atacando Arabia Saudita y ni Pakistán ni Turquía están atacando a los hutíes.
Me parece que es más un posicionamiento político para demostrar que el sistema de defensa de la región está en crisis. Está en crisis básicamente por lo que sucedió después de la guerra en Irán y por el rol más debilitado de Estados Unidos en ese esquema de seguridad.
Es un posicionamiento político, incluso, para decir que Estados Unidos ya no puede garantizar la defensa en la región. Y es la propia Arabia Saudita la que tiene esa percepción, porque tener bases estadounidenses en territorio saudí no garantizó la seguridad de ninguno de los países del Golfo en el contexto de la guerra con Irán.
También hay que entender que es un acuerdo complementario: cada uno aporta algo de lo que al otro le falta. Arabia Saudita tiene recursos financieros y una estabilidad económica producto de la riqueza petrolera, pero no tiene tanta tecnología de defensa militar; es una tecnología limitada y dependiente de Estados Unidos.
Turquía, en ese sentido, tiene tecnología militar avanzada y algo muy importante: capacidad industrial de defensa. Turquía tiene drones, tiene capacidad de producción, y necesita mercados e inversión para esa industria.
Y Pakistán tiene, básicamente, poder de disuasión nuclear, que no es menor, pero también necesita financiación y desarrollar capacidad industrial. Me parece que es un esquema de complementariedad. De ahí a decir que Turquía se va a alejar de la OTAN por esto, eso no tiene ningún sentido. Yo te diría que es, más que nada, un pacto de disuasión y de cooperación en defensa.
La reacción de Estados Unidos e Israel
— Mientras te escuchaba se me hacía imposible no pensar en cómo esto puede afectar a Israel o a Estados Unidos. Cuando uno mira a los tres actores, Erdogan tiene una postura de confrontación con Netanyahu, Pakistán no reconoce el Estado de Israel y Arabia Saudita exige una normalización de las relaciones entre Israel y Palestina. ¿Cómo puede tomar Israel el pacto y qué reacción podemos esperar?
El pacto para Israel va a representar una amenaza, o por lo menos desde la retórica israelí va a representar una amenaza a su seguridad, porque esa también es la retórica que viene teniendo con Turquía en el último tiempo. Y en el marco de estas alianzas ese discurso sobre la seguridad se vuelve mucho más intenso. Este pacto, además, lo que trata es de evitar la hegemonía regional tanto de Israel como de Irán: que ninguno de los dos polos, si querés llamarlos de alguna manera, tenga hegemonía total sobre la región.
Israel, por supuesto, va a boicotear este pacto, aunque no creo que con acciones concretas. En la última semana sucedió lo de Siria, el ataque a una base militar, y muchos pensaron que eso podía estar relacionado con el anuncio del pacto. Para mí no es así.
Aparte, Israel viene conquistando territorio sirio desde la caída de Bashar al Assad. No tiene mucho sentido pensar que es una reacción directa a la aparición de este pacto que, por otro lado, hasta ahora es un pacto defensivo pero nadie está defendiendo a nadie.
Claramente esto es una amenaza a la hegemonía de Israel en la región. Y más que en Israel, yo pensaría en qué es lo que va a hacer Estados Unidos, en la reacción que va a tener.
Por lo pronto, Trump no le dio mucha relevancia a este pacto. Además, Trump tiene una muy buena relación con Erdogan, pero creo que es porque en el fondo sabe que es un pacto flexible y de objetivos limitados por el momento.
— Esa era justamente la otra pregunta, por el otro actor. ¿No le conviene a Estados Unidos en este contexto, dado lo costoso que fue la guerra para Trump, no solo en términos económicos sino ahora también electorales? Por analistas y encuestas entiendo que Israel ya no le rinde ni siquiera ante la base republicana. ¿No le conviene que otros actores tomen más protagonismo, mantengan la zona calma y le permitan replegarse un poco?
Sí, es lo que viene buscando hace bastante Estados Unidos. O por lo menos era un poco más esa la idea de Obama: que los actores regionales sean los que empiecen a tener el protagonismo. Yo creo que en este contexto a Trump le sirve, porque viene manifestando bastante descontento con las últimas acciones de Netanyahu. Es el mismo Estados Unidos el que le está pidiendo a Israel que modere las ofensivas, sobre todo en Líbano, y ahora también con lo que sucedió en Siria.
Creo que le conviene también porque sabe que este polo de defensa no representa una amenaza real. Además, lo que busca Turquía es tener un mayor protagonismo en la OTAN, un poco de la mano de que Estados Unidos se quiere retirar de ese esquema de defensa con Europa. Ahí Turquía ve una forma de tener mayor incidencia.
Pero a priori pareciera que para Trump no es una preocupación este pacto, ni que estos tres actores empiecen a querer tener un mayor protagonismo en defensa, teniendo en cuenta que además es muy incipiente. Si después eso va contra los intereses de Estados Unidos en la región en materia de defensa o de suministro militar hacia los países del Golfo, quizás esa perspectiva cambie. Pero en este primer momento Estados Unidos no parece preocupado por este nuevo eje que se está armando.
Israel y su aislamiento en Medio Oriente
— Te quería consultar por Israel. Da la sensación de que Israel, o particularmente Netanyahu, se radicalizó de más en la guerra, y de que no previeron que Irán iba a aguantar tanto. ¿Eso no obliga al resto de los países de Medio Oriente a replantearse estas alianzas? ¿No puede quedar aislado Israel? ¿No le puede jugar en contra esta radicalización de Netanyahu, sobre todo con las elecciones de octubre?
Israel ya está aislado. Lo que sigue sosteniendo a Israel es el apoyo de Estados Unidos, pero después es un país aislado. Nadie en este momento se está planteando avanzar con los Acuerdos de Abraham. De alguna manera, Israel quedó aislado.
Yo no creo que sea un error de cálculo de Netanyahu. Creo que la estrategia de esta guerra continua, o guerra permanente, es una estrategia que tiene Israel: es una estrategia militar y política. Israel tiene una ventaja militar, podría estar traduciéndola en acuerdos diplomáticos y sin embargo no tiene voluntad política de hacerlo, porque la estrategia de Netanyahu es guerrerista, básicamente.
Es verdad que la resiliencia que tuvo Irán, esta capacidad de resistencia, puede haberlos sorprendido. Pero hay que entender que es un régimen hecho para resistir, un régimen hecho para sobrevivir.
Era un poco naif pensar que no iban a oponer ninguna resistencia. Y no solo resistió: el régimen de alguna manera salió un poco más fortalecido, porque ahora tiene la herramienta del Estrecho de Ormuz, que antes de la guerra no tenía. Eso quizás sí se puede haber salido del cálculo. Pero la estrategia de Netanyahu siempre fue expandir el conflicto por la región lo más posible. Eso es así, lo ves en las acciones que están llevando adelante todo el tiempo en Líbano, en esa desestabilización del Líbano, que yo creo que hoy es una de las cuestiones más preocupantes de la región.
Estuvo hace poquito el presidente libanés en Turquía, creo que es la primera vez en veinte años que viaja. Y eso da cuenta de cómo Líbano vuelve a ser un problema para la agenda de seguridad de toda la región, sobre todo teniendo en cuenta los intereses de Turquía en Siria.
— ¿Y por qué Estados Unidos sigue sosteniendo a Netanyahu? ¿No hay un límite?
Es un aliado estratégico. Va más allá de lo que coyunturalmente Netanyahu pueda hacer o no: es un Estado aliado estratégico. Pensar que Estados Unidos le va a quitar el apoyo a Israel es casi imposible. Por supuesto que tienen estas diferencias con la política de Netanyahu, pero incluso si los demócratas ganaran ahora las elecciones de medio término, quizás abrirían un tono más crítico hacia Israel, pero quitarle el apoyo económico y militar no me parece un escenario real posible, por lo menos no en este contexto.
— Quería llevarte a Turquía. ¿Por qué es una pieza clave para mirar el tablero internacional? Uno piensa en Rusia, en Estados Unidos, en China, en Francia, en Alemania. ¿Por qué mirar a Turquía?
Primero, por la ubicación geográfica que tiene Turquía. Segundo, porque Erdogan viene hace bastante queriendo tener mayor protagonismo, no solo en el marco de la OTAN, sino en los conflictos internacionales.
Pensá que en un primer momento se ofreció como mediador de la guerra entre Rusia y Ucrania, algo que en cierta manera fue bastante efectivo: las primeras reuniones de las negociaciones se hicieron en Estambul. Después, como mediador del conflicto en Gaza, en la última reunión de la OTAN que se hizo en Ankara.
Él quiere darle a Turquía una mayor relevancia en todos los desafíos que tienen que ver con el Mar Negro, con todos los conflictos que afectan a esa zona, a Medio Oriente y también al sur de Europa.
Tiene la idea de reactivar la Iniciativa de Cooperación de Estambul, un mecanismo de 2004 que refuerza la cooperación con los países del Golfo: Qatar, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. Hay ahí una pregunta que aparece en muchos comentarios de analistas: ¿Turquía puede ser el nuevo Irán? Yo escribí una nota para Panamá que hablaba de la media luna chií a la luna llena turca, por toda la influencia de Turquía.
Lo que quiero decir es que no hay que pensar que Turquía va a influir como Irán, o que puede ocupar el rol de Irán, por ejemplo, en Líbano. Pero sí un rol cada vez más creciente en una región donde los dos grandes actores están debilitados, porque tanto Israel como Irán salen debilitados de esta contienda, independientemente de que entre los dos Irán salga un poquito más fortalecido.
Entonces, Turquía quiere consolidarse como una potencia militar, como un mediador regional y, sobre todo, como un socio indispensable dentro de la OTAN. Por eso es tan importante mirarla, y por esto que te señalaba al principio: la capacidad de industria militar que tiene Turquía es algo muy importante.
— Puertas adentro de Turquía, ¿cuál es el proyecto político de Erdogan?
Quedarse. Puertas adentro está claro que la oposición denuncia que hay un giro autoritario del gobierno de Erdogan. El punto de quiebre fue el encarcelamiento de Ekrem Imamoglu, el alcalde de Estambul, que todavía sigue preso. Y la justicia fue persiguiendo a los líderes opositores que tenían alguna posibilidad de rivalizar con Erdogan. Me parece que al interior de Turquía es una situación compleja.
Él no podría presentarse a una nueva reelección, salvo que el mandato que está cursando ahora termine antes. De esa manera sí podría presentarse nuevamente. Yo creo que es lo que va a terminar sucediendo. No lo podemos asegurar, pero creo que todo el tablero está dispuesto para que Erdogan busque un nuevo mandato.
El giro autoritario hacia el interior de Turquía es evidente, no es algo que se pueda negar. No podemos hablar de proscripción de la oposición, porque la oposición puede presentarse y hay muchos partidos políticos en Turquía, pero los candidatos con mayor expectativa de ganar no pueden presentarse. Eso hace que las elecciones no sean competitivas. Ese es un poco el panorama al interior de Turquía. Por eso también esta necesidad tan grande de mostrar una Turquía muy fuerte hacia afuera.
— Y supongamos que Erdogan finalmente no puede presentarse, ¿hay plan B?
Yo creo que hoy en el AKP no hay plan B. No hay un candidato que hoy esté como sucesor, pero lo puede armar: tranquilamente se puede construir ese plan B. Hoy no se ve un sucesor de Erdogan, no hay ninguna figura dentro del gobierno. Si bien hay figuras que tienen más relevancia, como por ejemplo el ministro de Relaciones Exteriores, Hakan Fidan, es un nombre un poco opaco porque también fue jefe de la inteligencia durante muchos años. Pero no hay una figura de la que vos digas "este es el heredero" o "a este lo está preparando". Por eso te digo que hay muchas posibilidades de que sea él.
Ahora, el AKP es un partido de aparato, si vos querés. Es un partido que moviliza mucho, que tiene mucha base, es un partido muy grande y por supuesto va a tener capacidad de poner un candidato. Al igual que en América Latina, en Turquía el tema de la sucesión es un tema muy complejo: no es tan fácil como decir "ahora mi candidato es este" y que gane, como también lo vemos en América Latina. Pero el AKP tiene capacidad de construir una candidatura, sí.
— La primera vez que hablamos surgía esta cuestión sobre Irán respecto de la distancia entre la sociedad y el sistema político, o los puntos de contacto. En el caso de Turquía, ¿hay puntos de contacto? ¿Hay una disidencia más notoria? ¿Cómo es la dinámica entre la dirigencia política y ciertas bases sociales?
El AKP tiene una base de apoyo que todavía sigue siendo fuerte, que es la base islamista, la base del islam moderado. Hay un clivaje entre los sectores seculares y los sectores más islámicos, y está claro que el AKP, no exclusivamente, ha tenido apoyo sobre esos sectores islámicos. Sigue siendo un partido que tiene gran popularidad y gran apoyo.
Las críticas hacia el AKP desde su propia base no tienen que ver con el giro autoritario ni con este giro en la política, sino con la cuestión económica. La gente del AKP está enojada con el AKP por la economía, no por aquello de lo que la oposición lo acusa. Igualmente han ido perdiendo caudal de votos. Por eso también la necesidad de reforzar con alianzas: el AKP es el partido mayoritario, pero gobierna en alianza con otros partidos que incluso están más a su derecha.
Pero base social existe, la base social del AKP sigue existiendo, y pueden enojarse con Erdogan como pasó en las elecciones de 2023 y después igual ir y votarlo, pensando en que es la única figura que los representa. Es una sociedad que se representa con el liderazgo de Erdogan y con los valores del AKP, un sector de la sociedad. Por supuesto que el otro sector, más secular, laico, kemalista, claramente no. Pero esa base social existe y es muy fuerte.