Éxodo en la CIA: más de mil agentes se fueron y crece la alarma por los secretos de Estados Unidos
Los recortes del gobierno de Donald Trump dejaron a exagentes esperando hasta nueve meses el cobro de sus pensiones. La CIA reconoció la saturación del sistema.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ante una posible amenaza producto del recorte presupuestario. Foto Efe
EFELa Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos atraviesa una fuga de personal que sus propios cuadros describen como inédita en décadas, con un efecto colateral que ya se volvió público: cientos de exagentes esperan meses el pago de las pensiones que les corresponden.
Los números exactos permanecen bajo secreto, pero funcionarios en actividad y retirados coinciden en la magnitud. La agencia tenía cerca de 22.000 empleados a comienzos de 2025 y desde entonces se habrían ido varios cientos, con estimaciones que ubican la cifra por encima del millar, según reveló The Washington Post. De confirmarse, sería el recorte más profundo desde el que siguió a la disolución de la Unión Soviética.
Cómo se llegó al éxodo
La contracción no fue del todo imprevista. En mayo de 2025, la administración de Donald Trump le había anticipado al Congreso su intención de achicar la planta en unos 1200 puestos a lo largo de varios años, apoyándose en retiros voluntarios y en una política de contratación más restrictiva.
Sobre ese plan se montó luego el programa de renuncia diferida que el Ejecutivo aplicó al conjunto de la administración federal, que aceleró las salidas más allá de lo previsto.
A eso se sumaron dos factores administrativos: la disolución del Departamento de Eficiencia Gubernamental, conducido durante un tramo por Elon Musk, y la poda en la Oficina de Administración de Personal (OPM), el área que gestiona los recursos humanos del Estado federal.
Meses de espera y un sistema atascado
Agentes que hasta hace poco reclutaban informantes, redactaban informes clasificados sobre crisis internacionales o desarrollaban herramientas de espionaje quedaron sin ingresos durante períodos prolongados.
La propia agencia admitió el atasco en un mensaje a sus exintegrantes, donde reconoció un volumen de casos sin antecedentes y habilitó dos líneas gratuitas para quienes llevaran más de medio año sin cobrar.
El riesgo de contrainteligencia
La congestión no es exclusiva del espionaje —el año pasado más de 330.000 personas dejaron el gobierno federal, en su mayoría por decisión propia—, pero acá adquiere una dimensión distinta. La preocupación central que expresan los exfuncionarios es la existencia de un grupo numeroso de personas con acceso a los secretos más sensibles del Estado y, a la vez, con motivos de resentimiento hacia la administración que las dejó sin cobrar.
Uno de ellos, que se retiró el año pasado, lo definió como la creación de un riesgo de contrainteligencia enorme. A eso se suma que los retirados quedan sujetos a restricciones laborales: no pueden hacer lobby sobre los temas que manejaron ni trabajar para gobiernos extranjeros.
Un vocero de la agencia salió a respaldar la conducción de John Ratcliffe y sostuvo que el foco está puesto en recuperar la misión histórica del organismo, el reclutamiento de espías, con el argumento de que acaba de incorporarse la camada de oficiales de operaciones más numerosa en veinte años.