El cuento erótico que desató un feroz debate entre hombres y mujeres

El cuento erótico que desató un feroz debate entre hombres y mujeres

En el aire de MDZ Radio presenciamos un increíble debate que te va a sorprender desde todo punto de vista.

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Hoy en Uno Nunca Sabe, Viviana Muñoz nos trajo otro relato que no sólo impactó desde su contenido, sino que desató una grieta en el aire, donde nuestras y nuestros oyentes expusieron puntos de vista para no perderse.

Más abajo compartimos unos fragmentos del cuento, pero te invitamos a escucharlo acá:

 

 

Salió del baño envuelta en su bata de toalla. Evitó mirarse en el espejo, el pelo mojado remarcaba las entradas que escondía bajo el brushing diario.  Aplicó el serum para puntas y secó su pelo ocultando rápido ese marco inhóspito de su cara. El pelo: casi lo más importante para ella, se había llevado cada viernes de los últimos 3 años con mesoterapia, plasma y aplicaciones de pantenol. Venía peleando de igual a igual esa batalla eh..? aunque sólo fuera una de las tantas en su guerra personal contra el paso del tiempo. Se jactaba de haber ganado otras; las lolas por ejemplo.

Había burlado ese aspecto mustio heredado de su madre dándose el gusto de montarse un contorno de 98 que desafiaba toda fuerza de gravedad, aún, yaciendo boca arriba. Había ganado también la de los flotadores de atrás, esos que sobresalen por arriba del pantalón y que desaniman a cualquier vestido ajustado. Ja, en ésa ni siquiera había tenido que entrar a un quirófano. Punto para ella.

Masajeó con suavidad sus lolas con  mucha Vitamina A previniendo las posibles estrías. Sentía que con los meses, la piel de esa zona no sostenía tan bien esas prótesis. Comenzó a quitar los rastros de maquillaje en su rostro con la leche de limpieza antioxidante, luego aplicaría el hidratante anti age con relleno instantáneo de arrugas.

Se miró al espejo y se acercó para verse en detalle. Pediría turno para la próxima aplicación de botox. Ya había pasado por varias cirugías, tantas que inconscientemente sólo contaba las que implican anestesia total, negando la cantidad real como hacen los adictos. Pero la verdad es que siempre surgía un detalle que valía la pena retocar. De alguna manera, la angustia de descubrirse un defecto y la decisión de mejorarlo le provocaban un entusiasmo incomparable a cualquier otro, como una inyección de adrenalina, como esa ilusión que surge cuando se tiene un proyecto.

Ella realmente sentía que con ese retoque en los pómulos todo sería diferente: volvería a tener la vida social de los treinta, finalmente ofrecería las fiestas para las que su casa había sido diseñada, viajaría por lo menos tres veces al año y nunca más tendría que negarse a una foto espontánea para redes. Le diría que sí a esos hombres que había rechazado. Sería feliz...

 

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