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Holanda: turismo radiactivo

Abrieron al público un basurero radioactivo, con el fin de sensibilizar a la población sobre los residuos nucleares.


 La Organización Central para la Basura Radiactiva, mejor conocida como COVRA; decidió abrir las puertas de sus instalaciones a todos los interesados en visitar este atractivo lugar. Tanto para turistas, grupos escolares, miembros de clubes deportivos, empresariales o simplemente un conjunto de amigos puede acceder a este inusual museo.

La propuesta se basa en la intención de la empresa, para establecer una buena relación con los habitantes del pueblo portuario Vlissingen, bridándoles información necesaria sobre la compañía, el modo de operar y también poder romper con ciertos mitos que se generan frente a estos asuntos. Y ¿Qué mejor hacerlo sino abriendo las puertas de la central de residuos radioactivos hacia el público en general?

Los visitantes tienen la posibilidad de pasearse entre tanques radioactivos blindados con plomo y cilindros de alta tecnología, además pueden presenciar eventos educativos y artísticos. Las visitas, comienzan el recorrido con una introducción acerca de la radioactividad, para conocer mejor la temática y familiarizarse al respecto. Otro tema central es el trabajo que realiza COVRA, desde su creación en 1982.

A través de maquetas, películas y demás formas interactivas, la empresa trata de mostrar el fenómeno de la radioactividad, siendo la principal encargada de almacenar casi todos los residuos de Holanda, ya sean producidos por hospitales, laboratorios, fábricas, entre otros. Es muy importante el tratamiento de esos residuos de forma adecuada para no perjudicar a la población; el objetivo de la gestión de este tipo de residuos es su inmovilización y aislamiento del medio ambiente, garantizando que no exista riesgo radiológico para las personas ni el entorno y minimizar las cargas para las generaciones futuras.

Se trata de un gigantesco búnker de 46 metros de ancho, 91 metros de largo y 20 metros de alto, construido con muros de concreto de 1.70 metros de grosor, tecnología de punta y compuertas del acero del más resistente. Esta instalación está diseñada para resistir cualquier tipo de catástrofe natural, terremotos, inundaciones y también cualquier ataque aéreo o terrestre. Para asegurarse de que esos materiales no podrán ser derramados, bajo ninguna circunstancia.

Dentro de las bodegas, se almacenan desechos radiactivos que pueden contenerse dentro de botes de acero llenos de plomo y concreto, entre ellos se pueden encontrar guantes, telas y plásticos de hospitales. La última etapa es la zona de alta radiactividad, donde se muestran los contenedores blindados que en caso de abrirse podrían resultar sumamente peligrosos para la salud humana.

La fachada del lugar se destaca ante todas las edificaciones de los alrededores, por contener un color naranja muy amigable y en letras verdes las ecuaciones físicas de los científicos Albert Einstein y Max Planck.


Según el concepto artístico, la fachada de la compañía irá cambiando cada 20 años su color, aplicando tonos más claros hasta llegar al blanco en el año 2103; fecha en la que se cumplirá el tiempo necesario para que la basura radioactiva que contiene, deje de ser perjudicial para la salud. 

Sin duda, éste puede resultar un muy buen destino para los amantes de las actividades poco comunes, siempre está bueno conocer cosas nuevas y encontrar las curiosidades que el mundo tiene para mostrarnos.