Top 5: ¿Cuáles son las esculturas más destacadas del Parque General San Martín?
El Parque General San Martín está colmado de esculturas interesantes, y representa un paseo imperdible tanto para turistas como para locales, que siempre están invitados a redescubrirlo.
La licenciada en Historia del Arte Patricia Favre, quien también se desempeña en el Equipo Técnico de la Dirección de Patrimonio Cultural y Museos, se tomó la tarea de censar y clasificar estas esculturas para dar forma al libro “Escenarios del Poder. La escultura en el Parque General San Martín”. El libro recorre la historia de un amplio repertorio de creaciones -estatuaria, monumentos, grupos escultóricos, portones, rejas, bancos, fuentes, farolas y pabellones- a lo largo de un siglo, brindando un estudio sistemático y completo de este acervo.
Favre va desentrañando “los mecanismos de producción, circulación y consumo tanto a nivel local como nacional e internacional que se pusieron en juego, los significados simbólicos y estéticos de las obras y las representaciones políticas y sociales que tuvieron cabida".
Ella cuenta en su investigación exactamente 58 obras de arte y monumentos desperdigados a lo largo y ancho del territorio; aunque la página oficial del Parque, por otro lado, habla de 25 esculturas destacadas en el predio, y son cinco de ellas las que poseen explicación propia y se las toma como las más llamativas:
1) Los Portones del Parque: fue el deseo de dar un acceso apropiado a la magnitud del parque, siguiendo la costumbre de jardines y parques europeos, lo que llevó al gobierno provincial a incorporar estos monumentales portones. Fueron adquiridos durante el gobierno de Emilio Civit a la fundición de “Walter Macfarlaine & C°”, Saracen, Glasgow, de Escocia. Con esta obra el parque quedó desde sus inicios configurado por un espléndido ingreso.
Según consta en registros de gobierno ya en noviembre de 1908 los portones se encontraban colocados. Cuando fueron colocados se incorporó en la crestería de cada portón el escudo de la provincia, y en el principal la figura de un cóndor con sus alas desplegadas, otorgando así un simbolismo altamente representativo de Mendoza.
Originalmente los portones se encontraban pintados en negro y dorado, pues así lo testimonió el viajero francés Jules Huret, que visitó la provincia en 1909. Sin embargo durante mucho tiempo estuvieron pintados de verde, hasta que en la restauración llevada a cabo a mediados de 1990 el arq. Ricardo Ponte optó por volver a los colores originales. Desde entonces podemos apreciar ampliamente los detalles decorativos de este magnífico conjunto.
2) El monumento al Ejército de los Andes: Su autor fue el escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari (1874-1916), quien había elaborado dos maquetas. Para la propuesta final recogió los aspectos más importantes de ambas, bajo los consejos del perito Francisco Moreno, integrante de la comisión nacional.
Ferrari visitó la provincia para elegir el lugar en el cual sería emplazado el monumento. Con el asesoramiento del Dr. Dionisio Gutiérrez del Castillo recorrió las zonas aledañas del Parque y luego de estudiar detenidamente el Cerro del Pilar exclamó: "Este es mi montículo, ni mandado hacer". El 19 de enero de 1912, aniversario de la partida del ejército de los Andes, se realizó el acto de colocación de la piedra fundamental en la cima del cerro. El 30 de enero de 1913, por decreto del poder ejecutivo se cambió su denominación por “Cerro de la Gloria”.
La temática es histórica y con sentido conmemorativo: la exaltación de la Gesta Libertadora. A través de un vasto conjunto escultórico de estatuas y relieves se han relatado los principales momentos de la epopeya, sobre un basamento que simboliza la cordillera de los Andes. El monumento alcanza en su punto más alto 16 metros de altura.
En su frente aparece la estatua ecuestre del General San Martín, acompañado a sus lados por dos grupos de Granaderos a Caballo (de cinco figuras cada uno). Rodeando el basamento en los costados este, sur y oeste, se encuentran tres frisos que narran los hechos más notables en la formación del ejército. En el ubicado al este están representadas las actividades de la maestranza a cargo de fray Luis Beltrán, en el del sur se destacan los donativos de las damas y del pueblo, y en el oeste se aprecia la partida del ejército hacia Chile.
En la parte superior se encuentra representada la caballería en posición de ataque, al toque del clarín. Sobre ésta, se eleva la figura alegórica de la Libertad envuelta en la bandera de la Patria y mostrando las cadenas rotas que simbolizan la Independencia, mientras que a un costado se alza el símbolo de los Andes: un cóndor que alza vuelo. En el basamento están colocados los escudos de Argentina, Chile y Perú.
3) La Fuente de los Continentes: De acuerdo a la documentación histórica encontrada, en 1910 el gobierno ya había adquirido esta fuente ornamental. La obra, proveniente de la fundición francesa “Val d’Osne” fue comprada en la casa importadora A. Moteau de Buenos Aires, que poseían la representación de la firma francesa.
El tema principal es la representación de los continentes: América, Asia, Europa y África. Deja de lado Oceanía que hasta poco tiempo atrás estaba considerado parte del continente asiático. Sigue los motivos característicos de las fuentes ornamentales europeas de los siglos XVIII y XIX.
En la parte inferior se ubica un espejo de agua, conformado por una pileta de forma circular de 19,5 m. de diámetro. Sobre el agua se encuentran distribuidas cuatro figuras de sirenas que sostienen caracolas.
En la fuente se destaca la forma hercúlea de los atlantes, que se encuentran majestuosamente sentados. Poseen una gracia y plasticidad exquisita. Levantan sus brazos para sostener el plato, mientras los amorcillos juegan a sus lados. Las figuras están resueltas dentro de un clasicismo académico de notable fuerza expresiva, con gran refinamiento en las fisonomías, notable tratamiento anatómico y en el movimiento de los paños que las envuelven. El plato posee en su parte inferior un elaborado trabajo de relieves de motivos florales.
4) La copia de "Los caballos de Marly". Los originales habían sido realizados por Guillermo Coustou para adornar los jardines del palacio de Marly y fueron colocados en 1745. Los mendocinos fueron ejecutados por el artista Berthier.
Cada grupo está conformado por dos figuras: un caballo y un domador. Aunque es el mismo tema se diferencian las posiciones y formas, tanto del caballo como del domador, otorgando así variedad al mismo tiempo que unidad al conjunto.
Las formas han sido tratadas con verismo en cuanto a anatomía, pero tanto las figuras humanas como los caballos han sido idealizados de acuerdo a conceptos de belleza clásica y de expresión barroca, en que movimiento y tensión otorgan una expresión dramática, resaltando de esta forma el tema.
5) Diana y Endimión. Data de 1910, fundición gris, Duval D’Osne de París, escultor Ernesto Dame.
El argumento proviene de la mitología griega, según la leyenda, Zeus castigó a Endimión con sueño eterno, según otra versión, él mismo pide dormir eternamente, convencido que era la vida más agradable. Endimión simboliza entonces la imagen del sueño. Diana, diosa de los bosques y de la caza, lo encuentra y se enamora de su belleza. Secretamente, por las noches descendía a la cueva donde estaba su amado durmiente y lo contemplaba.
La obra se instaló sobre una base de material, en el centro de la rotonda que inicia el paseo del Rosedal. Endimión duerme sobre una nube, representado con un rostro de lánguido gesto. La figura de Diana, en vuelo diagonal y ascendente, extiende sus brazos y sostiene un velo inflado por el viento. El rostro de la diosa se vuelve hacia atrás para observar a su amado.