Los mejores looks de Richard Gere según pasan los años
Richard Gere tiene 72 años y su imagen es el retrato de una estrella de Hollywood clásica. Canas naturales, sonrisa apacible, la misma mirada de cuando irrumpió en escena en la década de 1980.
Desde entonces, Richard Gere supo interpretar a los personajes más disímiles, y que en cada uno siempre estuviera él, un actor cuya imagen vale más que todos los personajes que encarnó.
A principios de la década de 1980, su papel en la audaz “American Gigolo” -en toda la película vestido por Giorgio Armani… y también desvestido- y en la romántica “An Officer and a Gentleman” (Reto al destino) fueron el despertar de un fenómeno único.
Pocos actores en la historia del cine mundial provocaron el enamoramiento inmediato que generó Richard Gere a través de esos personajes.
Y la combinación de su mirada perfecta con la sonrisa seductora, más un físico impecable y el porte de caballero (millonario) sensible en “Mujer bonita” -una década después- convirtieron a Richard Gere en uno de los galanes top de todos los tiempos.
En aquella comedia romántica junto con Julia Roberts, Richard Gere usó sus mejores trajes de etiqueta para convertirse en “el novio de Hollywood”.
El actor nacido en Filadelfia, Estados Unidos, bajo el nombre de Richard Tiffany Gere, hizo del esmoquin su marca registrada en galas en las que fue el rey.
Y cuando estaba en la cumbre de su carrera, incluyendo un romance de película y de época con la top model Cindy Crawford, Richard Gere cambió de hábitos. Literalmente.
Su devoción por el budismo no era nueva (en 1977 vivió en Nepal, entre monjes tibetanos). Pero se puso de manifiesto de manera pública cuando el actor ya se había convertido en una estrella universal en un momento en que las celebridades se construían en cada función de cine y lanzamiento en VHS.
Fue un joven sex symbol, proclamado “el hombre más sexy del mundo”. El más dulce y adorable. Y casi sin darnos cuenta, y tras un período de cierta reclusión y silencio de pantalla, Richard Gere se convirtió en un galán maduro con encantamiento garantizado.