Un amor que no entra en palabras: el conmovedor relato de una madre primeriza
Aunque siempre lo soñé jamás me imaginé sentir lo que siento en este día. Muchas veces acompañé o ayudé a otras. Vi crecer hijos de amigos. Conocí historias detrás de muchas panzas. Algunas de cuentos hermosos y otras con dolorosos tropiezos. Con realidades fuertes. Lloré viendo videos de nacimientos y me acaricié la panza con dolor cuando sufrí las pérdidas cercanas. Me sentí feliz. Me sentí sola aun acompañada. Me sentí enojada. Me sentí otra persona. Desconocí mi cuerpo. Extrañé a mis amistades y las necesité más que nunca.
Tuve miedo. Recé más rápido de lo que podía pensar en Dios antes de su llegada. Temía por su crecimiento que se había detenido adentro mío. Miedo. Me sentía preparada para el momento pero ¿por qué así? ¿por qué Dios quiso que sucediera en un suspiro? Las emociones que experimenta una mamá primeriza son miles. Seguramente muchas se identifiquen. Sentimos todo. Y todo lo sentimos con más intensidad. Las alegrías, las tristezas, los miedos, las lágrimas de emoción.
Para las que creemos en Dios, la fe se intensifica en un nivel humanamente difícil de entender. Llega un momento, ese momento, en el que estamos totalmente entregadas. Y sucede. Ese instante parece irreal. El mundo se detiene. Solo hay lágrimas de felicidad y una necesidad extrema de poder abrazar y besar a nuestro bebé. No podemos mirar nada más. De reojo, al papá que llorando nos alcanza al bebé. Todas las emociones anteriores son insignificantes. Irrelevantes. Solo una cosa importa: nuestro bebé.
El 8 de julio a las 12:52 sentí plenitud. Después de 9 meses: lo logramos. Y cualquier otra meta, cualquier otro logro se hace chiquito, diminuto, porque me pasó lo mejor que me podía haber pasado en la vida. Repito, este es un relato personal. Una lágrima se me cae porque miro de reojo y ahí está Catalina, la reina de mi vida, mi mayor tesoro, mi mejor gracia, mi compañera, mi pedazo de cielo en esta tierra. Me dio esa palabra que es la que más repetimos, esa que aun cuando falta la seguimos llamando porque es así de natural y sobrenatural al mismo tiempo, me hizo mamá y hoy celebramos juntas este primer día.
Deseo con más fervor que antes que ninguna mamá este sola y que ninguna mamá se pierda de este milagro por miedo o por el resultado de una sociedad que fracasa y no puede dejarla vivir este amor que no entra en palabras. A las que son, a las que hoy dudan o tienen miedo, a las que anhelan serlo, a las que tienen santos en el cielo, a las que esperan, ¡Feliz día de la madre! y a la mía: ahora si entiendo este amor que no entra en las mejores plumas, porque sencillamente, no entra en palabras.
* Ana Mármora, Abogada y mamá de Catalina.

