#NiUnaMenos: las palabras de MDZ Femme
Bailar no es sólo para nenas. Jugar al fútbol no te hace machona. Llorar no te hace puto, y no se te va a caer el calzoncillo por lavar los platos. Tener hijos es una elección, no un mandato biológico, y nadie es más idóneo evolutivamente para quedarse en la casa limpiando. No hay carreras más aptas para hombres y carreras más aptas para mujeres, y quién gana más o quién mantiene a quién no debería siquiera ser un asunto. El pibe que cae a tu casa aunque lo hayas rechazado en múltiples ocasiones no es un romántico empedernido; que te hayan invitado a salir y te hayan pagado todo no significa que tenés que devolver el "favor" con sexo, y pagar la mitad de la cuenta -o invitar ocasionalmente- no es nada más que justo. El short cortito no es invitación a nada y el que le presta atención a su aspecto físico no es maricón. O tal vez sí. ¿A quién le importa, en realidad? Tu jefa no es "mandona", su trabajo es dar las órdenes, y tu colega no tiene por qué irte a preparar el café. Resaltar las cualidades físicas de alguien con quien no sos íntimo no es un piropo, es acoso, y enojarte porque la minita no agarró viaje cuando la tironeaste de la mano en el boliche no es un derecho, es una imbecilidad. Gritar barbaridades en la calle no hace que nadie crea que la tenés más grande, y mandar a una mujer a la cocina ciertamente no te hace más macho.
Los tres femicidios que nos sacudieron esta semana (y los miles que nos vienen desgarrando hace demasiado) no fueron casos aislados. Sus victimarios, también víctimas en cierto punto de la sociedad patriarcal que les enseña que una mujer que no se puede controlar es una amenaza, no se levantaron un día y decidieron salir a matar. Empezaron de a poco. Con manipulaciones, revisiones de celular y poder de veto sobre la ropa de sus parejas. Con padres y madres que les enseñaron que el macho manda y la mujer se tiene que someter, porque si no se somete, en algo estás fallando como hombre. Y son estas pequeñas cosas, estos "detalles", los que sientan las bases para el extremo más visible de la violencia de género: el femicidio. Y no hay estado ni organización lo suficientemente poderosa para cambiar esto si no empezamos por nosotros mismos. Enseñemos con el ejemplo. Seamos más amorosos, más tolerantes, más respetuosos. Atrevámonos a repensar lo que considerábamos fijo y establecido. Y sobre todo, querámonos un poco más.
Ludmila Llaver
¿Por qué nos matan?
Los tres femicidios que ocurrieron esta semana y las formas de hacernos oír nos dejaron en la ruina. Una ruina que es un regalo, un camino a la trasformación, porque en las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte.
Y nos siguen matando. Nuestros padres, nuestros novios, nuestros tíos, nuestros primos, mientras que el grito de #NiUnaMenos se hace oír cada vez más fuerte. Parece que la fuerza que nos impulsa a luchar, exaspera a estas bestias que se alimentan de la debilidad ajena.
¿Por qué nos matan? Quizás porque ya no cumplimos con sus expectativas. De pronto somos mujeres con fuerza, nos hacemos oír, dedicamos gran parte de nuestro día a hacer lo que nos hace felices, dividimos nuestro tiempo en trabajo, amigos, familia y quehaceres domésticos y aún somos capaces de más. Somos lindas, libres y con hambre de superarnos día a día. ¿Esto será muy distinto a lo que algunos quieren?
Verdaderamente los géneros estamos chocando en modelos, en estructuras, en aspiraciones... Pero como decía Chareles Chaplin: "No tengamos miedo:...los planetas también chocan, y del caos, nacen las estrellas."
Sepamos que la violencia es la reacción a esta amenaza, la manera que tiene una persona de responder cuando se siente intimidada. Si queremos terminar con la violencia no permitamos que nadie, ni nada nos haga sentir intimadas. Reconozcamos que hay crisis, y a que a pesar de que se consciente del peligro, puede reconocer la oportunidad.
Hay miles de maneras de prevenir la violencia, empecemos por nuestro templo, nuestra casa, nuestro cuerpo.
Enamorarnos de nosotras mismas es el primer paso.
Muriel del Barco
No está mal ser mi dueña otra vez
Cuando se instala la violencia en las relaciones humanas nos deterioramos enormemente. Nuestro desarrollo como personas depende de las relaciones que tenemos: vínculos sanos son los que posibilitan que podamos transformarnos en nuestra mejor versión y lograr nuestro mayor potencial como individuos.Las relaciones de pareja son fundamentales, son la semilla de la familia, que es el seno en el que crecemos y aprendemos nuestras habilidades para socializar .
La violencia evidencia el desamor y es sostenida por el miedo; viene de relaciones establecidas en base al control, la manipulación, el sometimiento, intentamos poseer a la otra persona, que se quede a nuestro lado como sea con tal que siga dándonos esa sensación de seguridad que ilusoriamente depositamos en el otro.
No es una cuestión de maldad en sí misma , de víctimas y victimarios; se trata de una pauta, de una manera de relacionarnos.
Surge cuando comenzamos a deshabitarnos, cedemos mas allá de nuestros propios limites, los que ya no podemos siquiera reconocer. Nuestra autoestima se debilita, cada vez nos sentimos mas condicionados y atrapados en esa situación; la violencia va aumentando, una cosa necesariamente lleva a la otra y se instala un circulo vicioso.
No podemos reconocer la salida, el nivel de confianza en nosotros mismos se va reduciendo cada vez mas, aparece la tristeza, la desolación, el dolor y el abandono; nos resignamos, negamos, justificamos, nos engañamos. Cada vez se torna mas difícil salir de este lugar.
Del otro lado pasa parecido, es la otra cara del miedo. El intento de sometimiento viene de la mano de la necesidad de que te quedes ahí; el aislamiento, los condicionamientos, negar recursos económicos, la descalificación, hacerte creer que vos nos podes, la humillación, son "estrategias", mas o menos conscientes, dirigidas a poseer y manipular, alimentadas de la misma sensación de inseguridad, de abandono de mi mismo, de desvalorización personal, aun cuando no nos demos cuenta de eso.
Así, construimos vínculos de dependencia. A veces confundimos todo esto con amor y ahí se enreda todo cada vez mas.
A su vez, a cultura, los paradigmas, ciertos patrones sociales, los mandatos familiares y creencias nos llevan a seguir sosteniendo estas relaciones porque naturalizamos estas cosas y ni siquiera las cuestionamos, las consideramos verdades inmutables: " hay que soportar, vos tenés que bancar , lo tenés que hacer por la familia" ; "los hombres no lloran"; "si me cela me ama" ; "tus amigas no son una buena compañía para vos"; y así podríamos hacer una lista infinita.
De esta pauta solo podemos liberarnos con el antídoto de la violencia que es el AMOR, tenemos que aprender a amarnos, primero a nosotros mismos para luego poder hacerlos con los demás. Esto implica volver a habitarnos, reconocernos, ser conscientes de quien soy, cuales son mis límites; aprender a cuidarnos, valorarnos, priorizarnos, confiar en nosotros mismos, reconocernos merecedoras de recibir el reconocimiento y amor de los demás.
De los callejones "sin salida" salimos por el mismo camino que por el que entramos, recorriéndolo en sentido inverso, se trata de empezar por un gran paso tan simple como cambiar esa creencia que te sostiene quieta en ese lugar, es que te dice "yo no puedo hacer nada" por otra que te diga "aunque no sepa aún cómo hacerlo, voy a salir".
"El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de la que dispone el mundo". ( by Mahatma Gandhi)
Paola Arcaná