Metas para el año nuevo: ¿Estás lista para cumplirlas?
Cada año que empieza parece venir con la promesa –y presión- de cambios y logros. ¿Pero hasta qué punto está bueno ponernos objetivos? ¿Imponernos metas nos incentiva o puede terminar siendo motivo de decepción? MDZ Femme consultó a la Lic. en Psicología Ana Paula López D’Ambola sobre cómo tomar resoluciones para el año nuevo y poder mantenerlas de forma sana.
Para empezar, es importante tener en cuenta que plantarse objetivos para el año no es en sí bueno ni malo, ya que esto depende de cada persona, de cómo se lo utilice y cómo se inscribe ese propósito en la vida de cada uno.

Lo primero a tener en cuenta es que las metas que te propongas tienen que ser realizables, concretas y medibles: si nunca has salido a correr, pretender terminar el año como maratonista probablemente sea demasiado. Ponernos objetivos más “realistas” y a corto plazo puede terminar siendo mejor a la larga: en lugar de una maratón, probá proponerte correr 2 km. dos días a la semana, y a medida que vayas avanzando, podés ir reajustando la meta final.
En general, el problema principal es la motivación -o falta de. Para esto, una buena opción es compartir tus metas con alguien, de modo que se acompañen y se alienten mutuamente cuando alguien “afloja”. Explicar a parientes o amigos el objetivo también ayuda, ya que esto supone una cierta presión social que contribuye a que nos controlemos mejor.
Muchas veces, por más buenas intenciones que tengamos, estas no terminan traduciéndose en conductas positivas. Para lograr esto, es crucial que estemos verdaderamente comprometidos con nuestros objetivos, y que estos estén planteados de manera realista y alcanzable. Siempre es mejor establecer propósitos en términos de “aprender a hacer algo” más que en términos de resultados y tratar de “conseguir algo” en lugar de evitar o prevenir.
Lo esencial del propósito es lograr que este se convierta en un hábito, para que con el tiempo no se diluya. Cambiar los hábitos es completamente posible, pero no va a pasar de un día al otro. Sin embargo, tampoco hay que tenerle miedo al fracaso: las “recaídas” también son un aprendizaje, y sirven para redirigir nuestros esfuerzos hacia algo más asumible y para aprender más sobre qué funciona y qué no para cada uno.
Algunas preguntas importantes a plantearte a la hora de hacer tus resoluciones son las siguientes:
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¿Qué quiero lograr o cambiar?
¿Qué voy a hacer, específicamente, para lograrlo?
¿Cómo lo voy a hacer?
¿Qué se ha hecho ya que funcione?
¿Qué es lo que no ha funcionado?
¿Qué diferencias advertirán los demás cuando esté cambiando?
¿Cómo voy a llevar a cabo las conductas necesarias para lograr mi objetivo?
Tener una respuesta a estas cuestiones desde el principio va a facilitar toda la tarea, ya que no vas a tener el estrés de tener que plantearte cómo actuar cada vez que aparezca un obstáculo.
Ahora sí, ¡MDZ Femme te desea que empieces este 2015 cargado de energía!
