Mezclar sandía y vino... ¿es una combinación mortal?

Mezclar sandía y vino... ¿es una combinación mortal?

Pablo Ponce, enólogo y columnista de MDZ Divinos, nos cuenta de dónde viene esta temible aseveración que el boca a boca se encargó de hacer rodar cual leyenda urbana. ¿Hace mal? ¿Nos puede pasar algo? ¿Podemos llegar incluso a morir si los mezclamos? En la nota, la respuesta.

MDZ Divinos

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En algunos países se afirma popularmente que la combinación de sandía y vino te puede llevar a la muerte. ¿Pero esto puede ser así? Científicamente está comprobado que… NO.

La leyenda viene del XIX, concretamente desde un pueblo que se asentaba alrededor de un monasterio. En cierto momento comenzaron a darse una serie de violaciones. Con el tiempo estos terribles actos se sucedían cada vez más seguido sin poder descifrar por qué habían aumentado justo en esa época del año. Sin poder encontrar ninguna pista, se les pidió ayuda a los monjes
del monasterio, quienes decidieron estudiar los hábitos alimenticios de los habitantes.

Transcurrido un período, detectaron que había una particularidad en esa región: se cultivaban uvas y sandías. Con las primeras se hacía vino, y las segundas las utilizaban como postre, consumiendo ambos productos a la vez. Esto generaba que la lívido de las personas creciera de manera exponencial.

La solución que encontraron los monjes fue que para ponerle fin a tanta lujuria (sin entender bien porqué sucedía) había que transmitirle a la gente que quienes comieran sandía y bebieran vino se morirían e irían al infierno.

Ahora, todo esto tiene una base y fundamento, aunque resulte difícil de creer. La sandía posee un aminoácido que luego de ser metabolizado se transforma en un compuesto llamado óxido nítrico, un vaso dilatador natural. Además, el vino posee polifenoles, los cuales potencian la formación de este compuesto.

¿Qué tiene que ver el óxido nítrico en todo esto? Este potente vaso dilatador es uno de los principales componentes del citrato de sidenafilo, más conocido como “viagra”.

Pero no todo termina ahí. El alcohol etílico que posee el vino, bebido de manera moderada, produce una elevación de los niveles de serotonina, un neurotransmisor que se encarga (entre otras cosas) de regular el deseo sexual.

¡Al final, podemos concluir entonces que los monjes de aquel entonces no estaban tan errados respecto al porqué era conveniente separar el consumo de la sandía y el vino juntos!

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