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Integrarse, ¿para qué? Lo económico vs lo político

Para qué creen los latinoamericanos que sirve la integración y para qué no sirvió. Un informe del Intal BID que dio a conocer Gustavo Béliz en Mendoza.
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Casi un tercio de la población de América Latina se opone a la integración política en un bloque de naciones. Sin embargo, la resistencia es menor cuando se habla de integración económica: solo ponen un freno quienes integran un 16% de la población. De todos modos, visto desde la aprobación, la una y la otra reciben respaldo social: el 60% está a favor de la integración política y el 77%, de la económica.

Los datos surgen de un estudio realizado por el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe, Intal, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y fueron expuestos días atrás por su director, Gustavo Béliz, durante su conferencia propiciada por el Foro Diplomático en Mendoza y MDZ.

De qué hablamos cuando hablamos de integración

Al ser encuestados, los latinoamericanos (a nivel general) creen mayoritariamente que cuando se habla de "integración" se está haciendo referencia al libre comercio entre los países (56%). Sin embargo, algo más etéreo pero importante para la estabilidad institucional, ocupa el segundo lugar en la escala: el diálogo político (41%).

Además:

- 34% cree que sirve para facilitar la movilidad de personas y trabajadores de un país a otro.

- 32%, para la promoción de inversiones nacionales y extranjeras.

- 30%, para el intercambio científico o académico.

- 21%, para la unidad política latinoamericana frente a las potencias mundiales.

De esa información del Intal BID surge que la Argentina se ubica en quinto lugar entre los países que apoyan la integración económica, con un enorme 80% de apoyo, que menos que el 89% que respalda desde Paraguay, a la cabeza de la lista. Guatemala está al final con 59% pero lo que extraña (y más que eso: importa) es que Brasil sea el penúltimo de la lista y tenga uno de los índices más bajos de acompañamiento a la integración económica: 66%.

En cuanto a lo político, allí radican las mayores dudas de un continente que viene con profundos cambios en la materia, tanto y tan radicalizados, que hay turbulencia hacia adentro de muchas naciones que terminan repercutiendo en la integración de los bloques regionales, como ocurre hoy, en Mendoza (que es epicentro del Mercosur) y en la que la agenda se pone caliente al hablar de Venezuela y la situación del gobierno de Nicolás Maduro.

La encuesta del Intal BID dio que Venezuela (76% de apoyo) es el país más proclive a la realización de un acuerdo político, pero secundado por Argentina (72%). México es el menos proclive y tiene un 46% de respaldo, por lo que el asunto le preocupa a menos de la mitad de su población. El promedio latinoamericano es de 60% y Chile, nuestro vecino, está por debajo de ese promedio, con 52%. Un dato extra: un quinto de la población cree que el bloque debe servir para luchar contra las grandes potencias, lo que puede ser una herencia plausible del paso del chavismo por nuestros países con su prédica en tal sentido.

¿Sirvió la integración?

Los latinoamericanos creen que integrarse sirvió mayormente para cuatro cosas que tienen más o menos el mismo nivel de aceptación, pero que ninguna llega al 50% de las respuestas:

- La inversión extranjera en su país (43%).

- Mayores fuentes de trabajo y empleo (40%).

- Las exportaciones de su país en el exterior (40%).

- El acceso de su país a la tecnología (37%)

Para qué no sirvió

Dato crucial: las sociedades latinoamericanas piensan que no sirve para mejorar la seguridad. De hecho, piensan que estar integrados abre brechas y posibilidades de que empeore este ítem.

Y tampoco consideran que los benefició en forma personal. Integrarse, piensan, es algo ajeno y lejano. Allí radica otro de los desafíos.

En definitiva, estos datos sirven para saber algunas cosas cruciales:

- Hay respaldo (con altibajos) a la integración, ya sea que se trate de la política o de la económica, y eso es un buen caldo de cultivo, probablemente, para plantear los desafíos pendientes, como el del empleo que viene, la innovación y la tecnología, que afectará notoriamente a una zona del planeta de producción primaria y que tiene al trabajo como eje de la vida de sus naciones.

- Debe revisarse los por qué de la merma a la vocación integradora de los pueblos de las dos superpotencias de este continente latinoparlante: México y Brasil son cruciales y son ellos no vamos a ninguna parte.

- La dispersión de objetivos de la integración es un tema por aclarar para poder pujar juntos hacia un futuro homogéneamente mejor.