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La situación de los viñateros y bodegueros, en datos

Radiografía del sector vitivinícola de Mendoza y el país, sobre todo de los pequeños y medianos productores. Cuánto ganan los trabajadores. Cronología interactiva de los últimos 12 años. Lo que hoy piden para superar la crisis del sector.
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 Inflación y presión impositiva en cuentagotas, durante una década. Aguantó hasta el round 11, dijo "basta" y tiró la toalla hace unos meses. Hoy por primera vez no irá al Frank Romero Day. Ama a la Fiesta, aunque esta noche ya no podrá -como los integrantes del Corso Triste de la calle Caracas, que describe Alejandro Dolina en sus Crónicas del Ángel Gris-  disimular la tristeza disfrazándose de persona alegre porque la que era su bodega, en Bermejo, Guaymallén, integra la lista los ocho establecimientos vitivinícolas que por año, desde 2006, han ido desapareciendo en la provincia y el país. No es una cuestión de números. En esa pequeña bodega que forjaron sus padres enólogos pasó cada Navidad y Año Nuevo. El caso de esta ex bodeguera (Alejandra), como el de muchos otros, que aún siguen aguantando los golpes en el ring, lleva a la siguiente pregunta: ¿hasta cuándo? 

Pasó el 2016 y el mercado interno no reacciona. Los costos y las tarifas aumentan y afectan día a día al pequeño y mediano productor. El sector externo está complicado. La devaluación no alcanzó. Sin políticas que faciliten los créditos con un plazo mayor a los siete años y además, una tasa baja para inversión de capitales que permita mejorar la tecnología, el sector vitivinícola de Mendoza no tiene futuro. Estas definiciones, de Carlos Iannizzotto, presidente de Conninagro y dirigente de Acovi y Fecovita, describe lo que hoy es la industria del vino en un país en el que desaparecieron al menos 74 bodegas  entre 2006 y 2015, En ese lapso, Mendoza -que concentra el 76% de los viñedos de todo el país- , perdió entre un 6 y un 7 por ciento de sus pequeños productores. Por otro lado, si bien cada vez son menos los que toman vino, en el último año, por el impacto de la inflación en los precios y la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores, 1 de cada 10 dejó de tomar vino y la caída de consumo de vino tinto cuadriplicó a la de la cerveza. En síntesis, desde el 2005 hasta la actualidad: el promedio de casi 30 litros que se estimaba bebía una persona por año descendió a poco más de 20 litros. 

Algo que también afectó sobre todo a los pequeños productores fue la presión impositiva: concretamente el 50% de los costos se van a los impuestos. Sólo entre un 30 y 40 por ciento se destina a la mano de obra. Es decir, el productor destina más dinero al pago de impuestos que al pago de trabajadores. Y un tema recurrente: el precio del vino y la caída constante del consumo.


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