Todos quieren ser alta gama
Al fin y al cabo, en el mundo del vino como en cualquier otro “se trata de oferta y demanda” y por esa razón se ponen los precios que ves por ahí, tanto en vinos como en turismo. La cuestión es cuando te quedás sin demanda y los precios tampoco bajan.
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Si, ahí te queda el vino y probablemente con el alojamiento vacío. La idea mágica de la cascada que los lugares más solicitados van a derramar hacia otros no parece tener caída en la provincia. Esta semana pudimos hablar con algunos emprendedores turísticos y reconocen que enero viene siendo duro.
Claro que tendrán sus razones para seguir manteniendo esas tarifas, pero lo cierto es que a muchos mendocinos les atrae más las 7 horas de cola a 3.500 metros de altura y llevarse los fideos desde acá, que animarse a las posadas del vino o en la montaña.
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¿Me traes vinos de la Costa?
Un hecho que se repite, año tras año, es que es mucho más conveniente comprar vinos fuera de Mendoza. Históricamente, en Buenos Aires los precios de nuestras etiquetas siempre han tenido ciertas diferencias.
Si, si. La oferta y la demanda. Explicalo como quieras. Pero pasa.
Y en esta semana incluso me enviaron un carta de vinos de un restaurante de la costa argentina con los precios de los mismos (dejo la imagen para que lo vean). En algunos casos, están más baratos que en las bodegas.
¿Hay otras razones? Seguro que si. Pero no vivimos de razones, sino de emociones. Y esto resta en vez de sumar.
Un destino de elite
Voy a contar una anécdota. Y les juro que no es para presumir. Hace un par de años, paseando por Montecarlo (Costa Azul - Francia), claramente no era un visitante que pudiera comer en sus lujosos restaurantes. Entonces, opté por una hamburguesa, en la peatonal, muy cerca de Santa Devota (famosa iglesia por estar en la curva número 1 del conocido circuito de Fórmula 1).
Y la verdad esque no gasté mucho y habían varias opciones para contemplar la Costa Azul, entre los yates de gente multimillonaria que aparca en ese exclusivo principado. Y tampoco me sentí fuera de Mónaco, para nada. Estaba feliz de estar ahí.
Lo que quiero decir, es que para ser un destino de elite no alcanza con parecer, tenés que ser.
La elite se ve en todas las partes de la pirámide. En los que cobran precios elevados; y en donde sus productos y servicios tienen que responder a esa tarifa; y también en los sectores más moderados, que ofrecen grandes opciones y que resultan clave para la instalación del destino.
Así que lejos de ser un destino exclusivo, somos un destino con algunas burbujas que andan en su mundo y que, en contadas ocasiones, tienen un impacto real en el sector complejo del entramado turístico.
Es un enorme desafío. Pero sino tenemos desafíos ¿para qué estamos?


