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Qué hacer para reducir el riesgo de demencia

Adopta estas prácticas que benefician a tu cerebro y tu calidad de vida.

Para prevenir la demencia no existe una fórmula mágica, pero sí hay estrategias que reducen su riesgo. Pon en marcha estas prácticas que mejorarán tu calidad de vida. El contacto social es un combustible. La interacción humana y las conexiones emocionales juegan un gran protagonismo en mantener nuestro cerebro activo y saludable.

No se trata solo de mantener largas conversaciones o reuniones frecuentes; incluso los breves momentos de interacción con amigos, familiares, colegas o vecinos pueden hacer una gran diferencia. La soledad y el aislamiento social son factores de riesgo importantes para el desarrollo de demencia, por lo que cultivar relaciones y participar en actividades comunitarias es fundamental. Un simple saludo, una charla rápida en el supermercado o una llamada telefónica son beneficiosas.

Conversa con los amigos o vecinos.

Los juegos mentales son otra excelente manera de mantener el cerebro en forma. Juegos como el ajedrez, los crucigramas, los rompecabezas y los juegos de cartas pueden ayudar a ejercitar diferentes partes del cerebro, mejorando la memoria, la concentración y las habilidades de resolución de problemas. 

Dormir lo suficiente es esencial para la salud cerebral. El sueño permite que el cuerpo descanse. Y además, el cerebro procesa información, consolida recuerdos y elimina desechos. La falta de sueño acarrea problemas de memoria y concentración y aumenta el riesgo de demencia. Establecer una rutina de sueño regular y asegurarse de tener un ambiente propicio para el descanso puede tener un impacto profundo en la salud cognitiva a largo plazo.

Aprende a tocar un instrumento.

Aprender a tocar un instrumento es una forma maravillosa de mantener el cerebro joven. La música activa múltiples áreas del cerebro y aprender a tocar un instrumento implica coordinación, memoria y concentración. Ya sea el piano, la guitarra o cualquier otro instrumento, dedicarse a la música puede ser tanto una fuente de placer como una potente herramienta para estimular la mente.

Dar un paseo al aire libre combina los beneficios del ejercicio físico con el contacto con la naturaleza, ambos fundamentales para la salud cerebral. Caminar al aire libre no solo mejora la circulación sanguínea, lo que es vital para el cerebro, sino que también reduce el estrés y la ansiedad, factores que pueden afectar negativamente la función cognitiva. La exposición a la luz solar también ayuda a regular el ritmo circadiano, mejorando el sueño.