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¿Sabías el origen de esta famosa superstición?

Existen creencias que llevamos a la práctica en nuestra vida cotidiana aunque no conocemos como se originaron

De acuerdo a la Real Academia Española, las supersticiones son “creencias extrañas a la fe religiosa y contrarias a la razón". Todos hemos oído hablar de estos dogmas, al punto de seguir al pie de la letra estas afirmaciones, sin saber quizás el origen de ellas.

Entre las supersticiones más populares está la acción de no pasar el salero de mano en mano, sino apoyándolo primero en la mesa. El origen de esto se da porque en la antigüedad la sal no solo se usaba para cocinar, sino que también se le atribuían poderes religiosos, malignos y hasta incluso fue moneda de cambio y salario. 

El salero no debe pasarse de mano en mano para evitar una tragedia inminente. Foto: Shutterstock

Así la superstición de no pasarse la sal de mano en mano data de la época del Imperio Romano, que según los historiadores contemporáneos, los soldados que defendían la llamada Vía Salaria recibían parte de su recompensa en sal, y si es que se caía durante el intercambio, significaba una tragedia o desgracia inminente. 

Es por ello que, de acuerdo con esta creencia, el salero jamás se pasa directamente a la mano, sino que hay que apoyarlo sobre la mesa u otra superficie estable para evitar que se caiga y así llamar a la mala suerte o romper un lazo de amistad.  

Si cae la sal en la mesa hay que tirar un puñado sobre el hombro para ahuyentar la mala suerte. Foto: Shutterstock

Asimismo, otra creencia señalaba que la sal estaba vinculaba a prácticas "satánicas", ya que derramarla intencionalmente se consideraba una forma de convocar al diablo.

Esa idea cobró fuerza cuando Leonardo Da Vinci pintó su famoso cuadro La Última Cena, en el que retrató a Judas derramando su salero sobre la mesa. En caso de que por accidente se derrame la sal, la perdona que tuvo el accidente debe tomar un puñado de la sal caída y arrojarla sobre su hombro para protegerse del mal invocado.