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¿Por qué somos celosos?

Los celos están relacionados culturalmente con el amor, sin embargo, estudios científicos dan otra perspectiva de este sentimiento universal

Los celos  han sido ampliamente estudiados en diferentes contextos, ya sean en relaciones de pareja como también en el ámbito familiar y laboral. Los celos son un sentimiento complejo que surge de inseguridades y la necesidad de cuidar nuestros vínculos afectivos poniéndonos en alerta ante la posibilidad de perder a una persona que es importante para nosotros.

Si bien los celos están relacionados culturalmente con el amor, según los estudios surgen de una profunda inseguridad personal y el temor de perder alguien importante, así como también de experiencias de apego de la infancia. Una investigación realizada por la Universidad de Nueva York en 1990, reveló que personas con baja autoestima y experiencias de apego no seguras del pasado suelen experimentar celos de manera intensa siendo difíciles de controlar esta emoción.  

Los celos surgen de inseguridades personales. Foto: Shutterstock

Según el estudio, si en los primeros años de vida la persona no tuvo un vínculo seguro con sus afectos, aumenta la posibilidad de desarrollar celos enfermizos y comportamientos posesivos en la edad adulta.  

Por otra parte, un estudio publicado en “Developmental Psychology ” señala que ha aumentado los comportamientos controladores y los celos en los adolescentes. “Estos comportamientos suelen estar asociados con actitudes agresivas y de dominación hacia la pareja”, indican.

Los celos pueden ser enfermizos, al punto de llevar a comportamientos posesivos. Foto: Shutterstock

Por su lado, estudios realizados por el Instituto de Psicoterapias Avanzadas de Madrid, han identificado que “los celos activan las mismas áreas cerebrales relacionadas con el dolor físico y la recompensa”.

“Cuando alguien percibe una amenaza de exclusión, el cerebro responde de manera similar a un daño físico, lo que explica la intensidad de esta emoción. Las regiones involucradas incluyen la corteza cingulada y la amígdala, áreas vinculadas al procesamiento de emociones y al sistema de recompensa. Esta activación no solo genera angustia, sino que también refuerza la necesidad de recuperar la atención o el afecto de la persona deseada, un ciclo que puede derivar en comportamientos obsesivos o controladores”, concluye el este estudio.